Kathleen Newland | Cofundadora y miembro senior de The Migration Policy Institute "Es un escándalo que en el siglo XXI haya campos de refugiados en Europa"

Kathleen Newland. Kathleen Newland.

Kathleen Newland. / Manuel Aranda

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Kathleen Newland es cofundadora de The Migration Policy Institute, un think tank con sede en Washington que analiza los movimientos migratorios en todo el mundo, con el foco puesto especialmente en EEUU y Europa. Graduada en Harvard, fue profesora residente en la London School of Economics y asesora de organismos internacionales como Acnur, el Banco Mundial, y la Secretaría General de la ONU durante el mandato de Kofi Annan. Su especialidad es la relación entre inmigración y desarrollo. Newland participó como ponente en el Foro España-USA celebrado el pasado 9 de noviembre en Jerez.

-Uno de sus últimos trabajos versa sobre los desafíos que plantea la inmigración marítima. ¿En qué ha fallado la UE para que el Mediterráneo se haya convertido en una fosa común?

-Ha habido esfuerzos exitosos en materia de rescates tanto por los países de la UE como por operadores privados como las ONG. Desgraciadamente, aunque la cifra de fallecidos en el Mediterráneo ha descendido, aún es muy alta. En proporción, hay más muertos por travesía que en 2015. El fallo más importante de la UE es la falta de cooperación entre los gobiernos, que lleva a que un país asuma por su cuenta toda la responsabilidad. Primero fue Grecia, luego Italia y ahora es España. Los países que están en el foco están sometidos a una tremenda presión política. Todavía hay campos de refugiados en Grecia en unas condiciones mucho peores a las que encontramos en Turquía, o incluso en Jordania. Son terribles, y allí se quedan hacinados. Es un escándalo que eso ocurra en Europa en el siglo XXI.

-¿La UE se ha centrado en el rescate y no en las raíces de la inmigración?

-Ha habido intentos, pero hay dos problemas. El primero es que las verdaderas causas son muy difíciles de encarar porque son de una enorme entidad y están relacionadas con aspectos como el desarrollo económico, el buen gobierno, la seguridad o la violencia política. Y el otro problema es que los programas de desarrollo europeos tienden cada vez más a frenar o incluso paralizar la inmigración. No es el objetivo a largo plazo que deberían tener para atender las verdaderas causas de la inmigración. La Comisión Europea ha planteado a los países emisores que si no cooperan para frenar la inmigración recibirán menos ayuda, y en cambio si cooperan, tendrán más recursos. No es para nada efectivo.

-Las políticas migratorias de la UE y de EEUU son muy diferentes. ¿Qué pueden aprender el uno del otro?

-Es una interesante pregunta. Yo diría que la UE ha tendido a proteger el mercado laboral y abrir su sistema sanitario. No se dan permisos de trabajo, por lo que dependen de los recursos públicos. En cambio, en EEUU se tiende a proteger su sistema de prestaciones sociales y abrir el mercado laboral. En mi opinión, a corto y medio plazo ésta es una vía más efectiva porque lleva a la integración. Ayuda a asumir la ciudadanía y a aprender el idioma y la cultura. La otra vía les deja fuera del mercado laboral y les aísla en alojamientos públicos.

-Trump ha adoptado una posición más dura que la de sus predecesores.

-Mucho más dura. Es un giro de 180 grados. Es contraproducente a largo plazo. La inmigración ha sido una fuente de la competitividad de la economía estadounidense. EEUU ha sido mucho tiempo el destino número uno de la inmigración mundial, principalmente porque su mercado laboral y su sistema educativo han sido muy abiertos. Ese dinamismo atrae más talento que cualquier otro país, no sólo científicos o premios Nobel, sino trabajadores que aspiran a formar parte de la clase media. A los inmigrantes les ha ido muy bien en EEUU.

-Forma parte del núcleo de la historia de EEUU.

-Y de la cultura. Ése es el significado de la Estatua de la Libertad. La Administración Trump ha adoptado un enfoque diametralmente opuesto, no sólo en la mano dura contra la inmigración ilegal, para la que hay que tener una respuesta proporcional. Y no parece que lo sea enviar al Ejército a la frontera mexicana.

-Precisamente le quería preguntar por esa medida.

-Volveré a eso más tarde. La Administración Trump está intentando ahora deshacerse de la inmigración legal de profesionales que quieren trabajar en EEUU y eso muy lesivo para nuestros intereses. Tres cuartas partes de nuestra inmigración legal vienen de la reunificación de las familias de inmigrantes con permiso de trabajar. La gente tiene derecho a traer a sus parientes más cercanos, está en nuestras leyes. En cuanto al despliegue de soldados en la frontera, es un puro gesto político sin relación alguna con la dimensión de la amenaza. Es gente corriente que busca una vida mejor en nuestro país. Puede que no los podamos acoger a todos, pero sí tenemos una obligación para aquellos que huyen de un peligro. EEUU recibe en torno a un millón de inmigrantes al año. 3.000 no van a quebrar el sistema.

-¿Cree que esta política se mantendrá a largo plazo?

-Es una cuestión de liderazgo. Las encuestas muestran en EEUU que la mayor parte de la opinión pública apoya la inmigración legal que se integra en sus comunidades. Alguien debe dar voz a esa posición de una manera más efectiva. Hemos visto en Europa que la inmigración ha alimentado a los demagogos. Todos los datos muestran que la inmigración es casi siempre beneficiosa para los inmigrantes mismos y para las comunidades que los acogen si la integración se hace bien. Hay que trabajar duro y, desgraciadamente, muchos países no lo están haciendo bien.

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