Francisco Ferrer Lerín | Escritor y artista casual "A mí me ha plagiado Góngora"

Francisco Ferrer Lerín. Francisco Ferrer Lerín.

Francisco Ferrer Lerín. / juan carlos vázquez

Casi coetáneo del grupo de los Novísimos, Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) desapareció del ambiente literario barcelonés para dedicarse a mil oficios: jugador de póquer, empresario "ruinoso", espía, prospector y, sobre todo, ornitólogo de campo. Alimentar a los buitres en el Prepirineo aragonés le proporciona una "sensación sexual". Tras un largo silencio, es ahora un autor prolífico. Su última publicación es Arte Casual (Athenaica).

-Su nombre no figura por poco en el grupo de los Novísimos. Cuando aparecen, usted se ha marchado de Barcelona.

-Publico antes pues soy más viejo. Leopoldo María Panero era del 47 o 48, Félix de Azúa es del 44, Pedro Gimferrer, del 44. Lo que hay es un fenómeno de convergencia. Había entonces un hastío por la poesía social, que era un rollo, y hubo una vuelta casi al modernismo. Es lo que motivó los Novísimos. Pero no considero una injusticia no figurar en el grupo.

"El ecologismo es difícil y no genera dinero; el animalismo, en cambio, está fomentado por el capital"

-Estuvo 33 años sin escribir, dedicado a miles de asuntos.

-Escribía porque tenía un ruido en la cabeza que empezó a surgir en la infancia y que impregna todo lo que escribo. La biblioteca de mi padre y de mi abuelo y mi amor por la naturaleza configuran mi condición de escritor. Lo dejé en 1971.

-Y lo retomó en 2005 y no ha parado. Ahora incluso publica más que aquellos Novísimos.

-Sí, además se van muriendo. Como llego ahora diez años tarde, todo irá bien.

-¿Qué es al arte casual?

-Un género artístico que defino en un periodo en que atravieso una efervescencia artística. Mi dedicación a la ornitología de campo me permite pasear por ejidos, huertos y vertederos donde descubro estructuras hechas por el hombre sin intención artística. El arte casual son las pacas de paja de los campos que provocan un placer estético. El hecho artístico se produce en la retina del observador.

-¿El artista crea o recrea?

-Es un creador. En el momento del descubrimiento de una manifestación de arte casual, por ejemplo, uno es artista. Y quienes aprecian esa manifestación luego son también artistas. El arte casual es un arte democrático. Y la democracia es algo que le gusta mucho a todo el mundo.

-Cada vez menos...

-La democracia va a desaparecer dentro de muy poco. Esto no se puede sustentar.

-Usted reivindica el plagio.

-Si uno escribe un libro o un poema inmejorable, se debe recuperar. No se trata de que alguien escriba un verso y yo lo pueda tergiversar, no; se coge tal cual y se traslada. Yo introduzco en mi escrituras textos de otras personas.

-Lo reconoce.

-Sí. Y también está el plagio inverso. A mí me copian desde hace siglos. Góngora, por ejemplo, me ha plagiado. Es evidente. Y yo no he copiado a Góngora, porque cuando empecé con esto no leía a Góngora.

-El mundo del sueño es una materia prima con la que trabaja últimamente.

-Es fundamental. Con los años se duerme poco y de modo interrumpido. Uno se levanta para hacer pipí. Y, como de los sueños siempre se recuerda lo último, si durante la noche uno interrumpe el sueño cinco veces hay más para recordar. He intentado reflejar con exactitud la atmósfera del sueño en mis relatos.

-¿Por qué le interesan los diccionarios, las enciclopedias y los periódicos?

-Son fuentes que originariamente no han sido tratadas como literatura. Una información periodística no está hecha para cautivar estéticamente. Ahora bien, para transmitir la información, el periodista usa herramientas que me interesan, herramientas no literarias susceptibles de convertirse en literatura. Pasa lo mismo en un diccionario. De golpe sale una construcción sintáctica o un sintagma de una potencia inaudita. Pero el periodista o el académico no han pretendido hacer literatura.

-Los periódicos, los diccionarios y las enciclopedias son empresas humanas que de algún modo pretenden ordenar el mundo.

-Siempre se ha dicho que el orden es la pasión de los mediocres. Yo tengo una mentalidad científica del mundo, casi filatélica. El campo y la naturaleza no me inspiran, no me interesan el crepúsculo y las florecitas, pero sí desde el punto de vista del que cataloga, el que clasifica, el que ordena el aparente caos de la naturaleza.

-¿Los seres humanos vivimos una vida única e irrepetible o revivimos las vidas vividas por todos desde el comienzo de los tiempos?

-Hay personas que tienen más capacidad que otras. Luego está el ser monolítico, que hace lo mismo desde que nace. Hay oficios que van a desaparecer, como la agricultura y la ganadería, pero la gente del campo se siente incapaz para readaptarse. Eso de la carne cultivada... ¿Lo conoce usted?

-No.

-Es muy interesante. En el futuro habrá naves inmensas de gelatina que se irán cortando y creciendo solas. Eso ya sale en la literatura del Siglo de Oro, el famoso episodio de un jamón que el mesero sirve a la gente, que guarda durante la noche en una bodega y al día siguiente está entero.

-¿Si Napoleón no hubiera nacido, Europa sería igual?

-La humanidad está en permanente ebullición. Algunas veces hay un personaje que emerge, pero sale de una masa. Si no hubiera salido Napoleón habría salido otro en algunos años.

-¿Es la ebriedad el elemento más refinado de nuestra condición animal?

-Habría que ver si no hay animales que ingieren sustancias alcohólicas. El alcohol está hasta en las patatas. Hay elementos euforizantes que nosotros no conocemos y el animal sí, cosas que les dan un tono.

-¿Es el animalismo la versión posmoderna del ecologismo?

-Es su versión pequeño burguesa. Salir al campo y ver las aves volar tiene sus problemas: uno tiene que trasladarse, necesita un equipo, tiene que llevar manual de reconocimiento...

-... Y están las moscas y los mosquitos.

-El ecologismo es complicado. No genera dinero y no interesa al capital. El animalismo, en cambio, mueve millones. Hoy hay clínicas para mascotas que usan rayos láser. Los supermercados tienen sus departamentos para mascotas. Esto está fomentado por el gran capital.

-Es otra época.

-Yo odio el animalismo, lo siento si usted tiene un animal en casa. Es que mi relación con los perros es otra. Cuando empecé a alimentar a los buitres, no podíamos ir a los cementerios a robar cadáveres, porque está mal visto, y sacrificábamos perros y gatos. Para un animalista eso es sacrílego.

-¿Le duele Cataluña?

-Lo que ha pasado desde la Transición es calamitoso. La inmersión lingüística es un drama. Antes convivían las dos lenguas. Esto ahora es...

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