España

Alta, e inmerecida, fidelidad

Groucho Marx aseguraba que bebía para hacer interesantes a las demás personas. El esfuerzo se antoja innecesario de codearse con gente como Obama, Rajoy, Zapatero o Ibarretxe, a cual más poliédrico y con sendos rostros de proporciones adecuadas a las múltiples caras de un gran líder. Siempre bajo la premisa de que las apariencias engañan -aunque algunas sean irrefutables- y al cabo de que personas o acontecimientos de impecable factura moral a veces albergan catacumbas emocionales inconfesables sin más.

Primer ejemplo: divisa la eternidad ante la posibilidad de convertirse en el primer hombre de color en alcanzar la presidencia de EEUU. Se ha hecho a sí mismo, pero resulta complicado imaginar ataques de solidaridad aguda con la clase media en un hombre que veranea en playas privadas y gana varios millones de dólares, amén de la larga lactancia vital de consejeros espirituales algo extremistas. No se sabe si Obama tiene más de Martin Luther King que de Malcolnm X.

Necesidad y virtud se confunden detrás del noble propósito de Zapatero de comparecer en el Congreso para explayarse a propósito de esa crisis que machaca el andamiaje de los estrategas socialistas, sabedores de que las hipotecas crecen de forma inversamente proporcional al crédito del Gobierno. El presidente dará la cara aunque hace una semana se atrincheraba y se negaba en redondo al trance al que ahora abre la puerta. ¿Zapatero quiere hablar claro o sólo trata de forjarse un aura de comandante en jefe, como prueba su capón a Solbes a propósito de la negociación de la financiación catalana?

Enfrente, un líder de la oposición que ha cambiado el fusil por la margarita después de salir airoso de una batalla casera por el poder que ha dejado rescoldos que sólo necesitan alguna pequeña mecha (un tropezón electoral en Galicia o en el País Vasco) para que los tiernos estertores vuelvan a convertirse en feroces brasas. Sin embargo, queda la duda de si el nuevo y contenido Rajoy es el verdadero o si sólo se está proyectando un trampantojo en espera de tiempos mejores. Las suspicacias no son gratuitas y se nutren en buena medida del contraste entre el Aznar negociador con los nacionalismos del 96 con el inflexible centrípeto de 2000, aquejado de un irremediable subidón de mayoría absoluta.

¿Y qué decir de las alarmas lingüísticas? Oyendo a un padre -como muchos hacen- incitar a sus hijos a utilizar la lengua autonómica (fue en Valencia) mientras ellos (los adultos) empleaban en su conversación la que tanto repudian porque es la única que manejan decentemente, eso de que el castellano corre peligro suena a chiste o a pura apariencia. Engañosa, claro.

¿Y nuestro querido martillo pilón de la txapela? Pues a lo suyo, tensando la cuerda contra el resto del Estado español a propósito de esa consulta que pretende celebrar a despecho de las bombas y amenazas etarras. Ibarretxe, pese a su equidistancia entre víctimas y verdugos, se acomoda entre los que gastan apariencias irrefutables. Es tan terco como parece.

Y entre lo artificioso y lo evidente, la tierra de nadie del que no se hace preguntas. Fue inédito: ni un español. Saltaron al terreno de juego argentinos, portugueses, franceses, un griego, un uruguayo, un holandés, un checo... Coronaron la mejor semana en años del Atlético ¿de Madrid?

Tanta fidelidad como se reparten los Obama, Zapatero, Rajoy, Ibarretxe o el Atleti merece más.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios