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España

El año del combate Rajoy vs. Mas

  • El calendario de 2014 ha estado marcado por el desafío soberanista catalán y su consulta del 9-N

La consulta del 9-N ha marcado el año en Cataluña, un pulso al Estado que acabó en querella por parte de la Fiscalía y que tiene su prolongación en un posible adelanto electoral en clave de plebiscito sobre la independencia que negocian, no sin dificultades, Artur Mas (CiU) y Oriol Junqueras (ERC).

Mas inició el 2014 con el agradable sabor de la foto de la unidad de las fuerzas proconsulta (CiU, ERC, ICV-EUiA y CUP) entorno a la pregunta de la consulta y a la fecha de su celebración, el 9 de noviembre, mientras en la Moncloa, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le reprochaba sus decisiones "unilaterales". Conscientes de que había que intentar una consulta acordada con el Estado pero también de cuál iba a ser la respuesta, los portavoces soberanistas del Parlament tomaron el AVE el 8 de abril, sin el president Mas a bordo, para reclamar al Congreso la transferencia de las competencias para organizar el referendo.

Sin sorpresas, trajeron de vuelta en Barcelona un saco repleto de calabazas: casi el 90 % del Congreso rechazó la propuesta que se había aprobado unas semanas antes en el Parlament con el voto en contra de PP, PSC y Ciutadans. El PSOE propuso que la solución para el encaje de Cataluña pasaba por una reforma federal de la Constitución, mientras que el PP, reacio a reformas en plena crisis, apeló al presidente catalán a escuchar la voz de la mayoría del Congreso y le instó a abandonar la consulta soberanista para evitar el choque de trenes.

Pero Mas siguió por su raíl hacia la siguiente estación, la ley catalana de consultas, en la que confiaba cobijar el referendo. A medio camino hizo una parada en Madrid, a finales de julio, para verse con Rajoy, al que pidió que no se entrometiera en la ley de consultas, pero la respuesta del presidente del Gobierno volvió a ser la misma: Ni podía ni quería jugar con la soberanía nacional.

Así que, sin apoyos en Madrid, Mas tensó la cuerda. Primero tomó el pulso de la calle en otra Diada de movilizaciones independentistas masivas, con la "V" de Barcelona, aunque aquel día también alzaron su voz por primera vez los contrarios a la secesión, cada vez más movilizados, con una manifestación en Tarragona. El Parlament aprobó la ley de consultas y, en cuestión de días, el presidente catalán firmó con toda solemnidad y con las cámaras de TV3 en directo el decreto de convocatoria de la consulta en su despacho del Palau de la Generalitat, acompañado de los miembros del Govern y representantes de CiU, ERC y CUP. ICV declinó asistir. Tras rubricar la firma aquel sábado 27 de septiembre, todos los presentes en la sala aplaudieron y algunos consellers incluso se fotografiaron con el decreto con sus teléfonos móviles. Era un momento "histórico" porque nunca antes un presidente catalán había convocado una consulta independentista, pero la alegría duró poco.

Rajoy reaccionó con una velocidad vertiginosa y convocó un Consejo de Ministros extraordinario el lunes para impugnar la ley de consultas y el decreto, lo que propició que el Constitucional suspendiera la consulta al día siguiente al admitir a trámite el recurso del Gobierno. La Generalitat dio marcha atrás en un principio y suspendió algunos elementos oficiales del 9N, lo que levantó ampollas en ERC, ICV-EUiA y CUP.

Hubo tensión en la cumbres soberanistas para dar con la fórmula para celebrar la consulta salvando el escollo de la suspensión del TC, y al final Mas retiró el decreto y la frágil unidad del bloque soberanista se resquebrajó, sin romperse del todo. Mas compareció el 14 de octubre para anunciar que sustituía la consulta por un "proceso participativo" organizado por 20.000 voluntarios, advirtiendo de que, en todo caso, no sería la "consulta definitiva", la cual se debería hacer con unas plebiscitarias.

Fue el tramo más tortuoso del trayecto de Mas: las discrepancias se acentuaban en el bloque soberanista, Unió se oponía al adelanto electoral y el Gobierno desprestigiaba el proceso participativo frente a lo que hubiese sido un referendo oficial. Pero, cuando parecía amainar la tormenta y ERC, CUP e ICV-EUiA se abrían a participar en la consulta alternativa, Rajoy abrió de nuevo el frente judicial y logró una segunda suspensión del TC.

Esta vez Mas no se arrugó y mantuvo el órdago al Estado, asumiendo la responsabilidad última del 9N, lo que le acarreó una polémica querella de la Fiscalía, pues suscitó un intenso debate interno en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que analiza aún si la admite a trámite o no.

Más de dos millones de personas acudieron a votar ese domingo de noviembre -1,9 millones votó a favor de la independencia- en una cita que no sirvió para tomar el pulso real de la sociedad catalana sobre la secesión.

Tras el 9N se han abierto una serie de interrogantes en una legislatura inestable. El año toca su fin con un abismo entre la hoja de ruta de Mas y la que propugna el líder de ERC, enzarzados en si deben unir o no fuerzas en una candidatura conjunta para afrontar unas plebiscitarias, una condición indispensable para CiU que Oriol Junqueras desdeña porque difumina el perfil propio de su partido.

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