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En la muerte de Pérez-Llorca

Antonio Morillo: "Fue un gaditano magnífico que merece el reconocimiento eterno de toda la provincia"

A Antonio Morillo, compañero diputado de Pérez-Llorca cuando éste era ministro, en los tiempos pioneros de las primeras Cortes legislativas de la democracia, le salen las palabras "a borbotones" cuando se le requiere una primera reacción tras el fallecimiento del gaditano ilustre. "Ex abundantia cordis os loquitur", cita Morillo la célebre cita latina, "de la abundancia del corazón habla la boca".

"Me sale a la boca -afirma- todo el afecto y consideración que tengo por ese gran hombre, extraordinario no sólo en el ámbito nacional, como ponente de nuestra Constitución, sino como gaditano que amaba entrañablemente la provincia. Recuerdo que cuando fui elegido diputado en 1979, él era ministro y en seguida vino a saludarme y a ofrecerse para lo que hiciera falta por el bien de Cádiz. Desde ese momento se convirtió en un colaborador extraordinario para la provincia, sin ningún tipo de banderías, ni entrar en posiciones hirientes. Le hubiera encantado ser diputado por Cádiz, y sin embargo nos respetó extraordinariamente, sabiendo que la candidatura la encabezaba Juan García Díez, a quien yo le seguí de segundo. Jamás se quejó ni adoptó postura discordante".

Recuerda Morillo inmediatamente el apodo que se le puso en los ámbitos parlamentarios, el de 'zorro plateado', que "le venía estupendamente y que nunca le molestó sino más bien lo consideraba un piropo. Era efectivamente alguien astuto, inteligente, intuitivo, sagaz, que sabía dialogar y negociar de manera sabia, casi como un torero que llevaba la cuestión a su terreno, para mí el claro ejemplo del gaditano inteligente y sabio que sabe coger el camino propicio".

"Adolfo Suárez, nuestro inolvidable Adolfo Suárez, -recuerda Antonio Morillo- siempre le tuvo como amigo, consejero y colaborador. Fue fiel y no digamos buen parlamentario y excelente ministro. Puedo decir que compartía diálogo y entendimiento con todos los diputados".

Como una especie de resumen, dice Morillo que era "un amigo extraordinario, un gaditano magnífico, que se merece no sólo una estatua sino el reconocimiento eterno de los gaditanos". Y aporta para su opinión la fuerza de un hecho: "Fue uno de los prohombres que fundaron la Constitución española más duradera, y que ha de perdurar. Todo lo que pueda decir de él es bueno".

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