'¿A quién te llevarías a una isla desierta?'

Ajuste de cuentas

'¿A quién te llevarías a una isla desierta?' '¿A quién te llevarías a una isla desierta?'

'¿A quién te llevarías a una isla desierta?' / M. H.

La naturaleza de los conflictos en ¿A quién te llevarías a una isla desierta? es tan generacional que no deja lugar a medias tintas. O los problemas de estos compañeros de piso con delirios de grandeza te interesan y te hacen sentir parte de ello; o no te interesan en absoluto, y la película se convierte en un tedio insoportable.

En el caso de los primeros, quizá se pueda llegar a disfrutar de la brillante fotografía de Junior Díaz o de una dirección de actores muy afinada. Linares conoce bien su texto, la madera de los personajes que retrata, y eso le acompaña a un resultado sobresaliente en este aspecto, muy por encima de aquel tiro al aire que supuso Animales sin collar. “Hay algo esperándonos en ciertos lugares, y si no vamos, nos quedaremos a medias”, resuelve Marta (María Pedraza). Y en su retrato o el de Ezequiel (Pol Monen) se encuentra más verdad que en varias de las películas homólogas sobre las frustraciones de jóvenes urbanitas como Mentiras y gordas o la más reciente Litus. El cineasta demuestra también controlar la puesta en escena, semiteatral en su mayor parte debido al origen de la historia, y se encuentran no pocos planos de mucha finura visual.

Sin embargo, para que la película contara mimbres más sólidos, hubiera requerido algo más de sustancia que los meros ajustes de cuentas emocionales, así como varios grados menos de intensidad. La verborrea y la grandilocuencia en la que se pierde el tercio final raya casi en la telenovela, especialmente para el personaje de Marcos (Jaime Lorente). “Vamos a dejar de comportarnos como niñatos, que es lo único que estamos haciendo”, grita Celeste (Andrea Ros) en pleno juego de preguntas y respuestas durante una noche de borrachera. El desenlace a partir de la colisión entre amigos tiende al acartonamiento y la película se termina de desmadejar en un epílogo harto prescindible. Para entonces de la cuidada historia de calor, verano y amigos que se enunciaba al principio queda poco o nada.

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