Festival de Cine Huelva

Una edición con balance positivo

El Festival de Cine Iberoamericano de Huelva ha sido siempre y estoy persuadido que los seguirá siendo, un certamen de cine. Es decir el cine y sólo el cine y su materialización en películas y en las aportaciones éste de sus hacedores, productores, directores, guionistas, técnicos en general e intérpretes, quienes quieran que sean y sin relumbrones y aspavientos a veces absolutamente gratuitos, superfluos o prescindibles. Siendo uno de los más importantes festivales en su especialización de cine iberoamericano, sino el que más, reúne en una semana una muestra de la mejor cinematografía de expresión hispanoportuguesa en sus diversas secciones.

Para el cinéfilo, y no digamos ya para el amante del cine de esta órbita, este encuentro con producciones que en el ámbito de la distribución y exhibición comercial no es posible visionar habitualmente, le permite admirar una perspectiva muy interesante desde diversas modalidades. En ese sentido y en la consideración de esta 39ª edición que hoy se clausura, nuestra valoración no puede ser más positiva. Porque, por encima de cualquier estima, hay un conjunto de valores que es justo destacar. En primer lugar la conservación y fortalecimiento, si es posible, del espíritu que siempre iluminó el festival: ser una muestra lo más amplia posible del cine iberoamericano y difusor de sus logros así como del intercambio de sus experiencias y posibilidades de coproducción en todo aquello que vigorice el arte y la industria del cine latinoamericano.

Y así hemos tenido diversas manifestaciones que han ennoblecido una edición que nos pone a las puertas de los cuarenta años, que debe ser una efemérides en la que todas las iniciativas y proyectos deben ir madurándose desde el mismo cierre del certamen que hoy concluye con la colaboración y aportación de todos. Pero lo que hoy analizamos es gratamente favorable. Yo empezaría por el homenaje o memorial dedicado a Luis Buñuel, uno de los directores más prestigiosos de la cinematografía iberoamericana de todos los tiempos y que en 1976 se personó en este, entonces modesto festival, como si su presencia fundamentara la autenticidad y categoría de un certamen ambicioso, lleno de los mejores proyectos que a lo largo del tiempo se han consolidado con éxito. Además de su siempre fructífero recuerdo sus películas del ciclo mexicano y entre ellas, La muerte en este jardín (1956), film que me es particularmente grato, es todo un regalo para quienes respetamos y admiramos tanto al inolvidable realizador aragonés a quien tuvimos el placer de conocer personalmente.

Una sección que no dudaría en resaltar es la dedicada a los libertadores americanos una visión de seis líderes de la emancipación y sus hazañas insurgentes en sus aspectos más humanos y heroicos. Importante también Panorama Andaluz una perspectiva muy actual en largometrajes, documentales y cortos del cine que se hace en esta región. La Sección Rábida es otro complemento imprescindible de títulos que enriquecen la muestra de la cinematografía iberoamericana que vemos aquí. El homenaje al actor Antonio de la Torre ha permitido ver a los espectadores onubenses un espléndido conjunto de films españoles de vanguardia, alguno inédito en la cartelera comercial y otro tanto diría de Hecho en Huelva que revela las vocaciones y méritos locales, algunas muy estimables, del cine que realizan los jóvenes valores de nuestra tierra. El cine Infantil y Juvenil es una magnífica forma de fomentar la afición al cine, tan importante entre niños y adolescentes.

Finalmente lo más sobresaliente del festival, su evidencia es notable, es la Sección Oficial, la sección a concurso, que concita la mayor atención de los cinéfilos onubenses. El promedio, como en años anteriores, es considerablemente loable. Y de ahí títulos tan valiosos como Esclavo de Dios, que apartándose de líneas habituales del cine latinoamericano encuentra en su radicación su principal temática convertida en un thriller político a nivel del mejor cine actual. El mudo tiene planteamientos tan originales en su trama que lo ha llevado a destacar de manera notable. La más larga distancia, es una conjugación de valores en el contraste de situaciones y sensibilidades genuinamente iberoamericanas. Workers es otra visión del ámbito siempre conflictivo de la inmigración y el mundo laboral. Hay virtudes estéticas en Cazando luciérnagas, interpretativas en Las analfabetas y épicas en Cinco de Mayo: La batalla.

El resto de las películas conjugan una selección digna de cualquier consideración por parte de quienes han de otorgar los distintos premios que adjudica el certamen y que, obviamente, pueden diferir, y lo respeto, de las opiniones de quien esto escribe. Y dentro de nada, ¡cuarenta años nos contemplan!

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