Festival de Malaga

Soy un truhán, soy un señor

A cambio de nada. Sección Oficial. España, 2014. Dirección y guión: Daniel Guzmán. Reparto: Miguel Herrán, Antonio Bachiller, Luis Tosar, María Miguel, Antonia Guzmán, Felipe García Vélez, Patricia Santos, Miguel Rellán, Fernando Albizu, Manolo Caro, Luis Zahera, Roberto Álvarez, Ález Barahona, Lara Sajén, Mario Llorente, Carlos Olalla, Sebastián Haro, Beatriz Argüello, Iris Alpáñez, Adelfa Calvo.

Sucede con cierta frecuencia que los secundarios susciten un mayor interés que los protagonistas, tan ocupados como estos últimos suelen estar en conseguir el objetivo y ganar el favor del público. Así sucede en A cambio de nada, primer largometraje de Daniel Guzmán, que, siendo una película de adolescentes, consagra sus únicos momentos de interés a las apariciones de Caralimpia y Antonia, satélites del personaje principal.

En un barrio proletario de Madrid vive Darío (Miguel Herrán), un adolescente de dieciséis años que no encuentra su sitio. Con sus padres separados y recién expulsado del instituto por robar un examen, opta por marcharse de casa con el único apoyo de su amigo Luismi (Antonio Bachiller), y trabajar en el taller de Caralimpia -acertadísimo Felipe García Vélez-, un mecánico aficionado a hacer crecer su negocio a base de robar motos.

En A cambio de nada hay algo del viaje iniciático de Barrio, pero falta hondura. De un lado, por un problema cierto de casting; y de otro, estructura y diálogos cuentan excesivas irregularidades como para generar empatía con el dúo protagonista. Éste va y viene con demasiado atrevimiento de la candidez preadolescente a la socarronería copiada -súbitamente- de Caralimpia, del que Darío tan pronto adquiere valoraciones sobre las mujeres como el gusto por Julio Iglesias (sic).

En cualquier caso, aceptado lo errático del guión por las características de la propia búsqueda de Darío, se echa en falta suavidad en las transiciones, y aunque hay golpes de humor que puntualmente funcionan -el teatrillo con Caralimpia en el instituto o la fiesta de cumpleaños de Antonia-, el resultado es una película descafeinada, que, tras la resolución de sus tramas secundarias en el último tercio, se abandona hacia una suerte de happy end, restando credibilidad a la propuesta.

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