isabel grana gil. profesora e investigadora de historia de la educación en la UMA

"Ahora mismo la educación se está dejando gobernar por la economía"

  • Para esta profesora, la excesiva injerencia de autoridades y padres, la burocratización y la necesidad de resultados rápidos en el mercado laboral devalúan el concepto integral de enseñanza

La profesora Isabel Grana Gil en la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicología, donde imparte clases.

La profesora Isabel Grana Gil en la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicología, donde imparte clases. / fotografías: javier albiñana

Desde su despacho en la octava planta se divisa gran parte del campus de Teatinos, un lugar al que ha consagrado su vida profesional desde hace casi tres décadas. Su investigación sobre la depuración del profesorado en la guerra civil y la dictadura le ha llevado años de duro trabajo complicado aún más "cuando le ponías caras a todos esos expedientes". Para los que luchan por una escuela más libre y autónoma, la represión y el control son inconcebibles.

-¿Cuáles son los retos educativos que habría que abordar con prioridad en este siglo XXI?

-Se están haciendo muchos esfuerzos por alcanzar una educación con mayúsculas, al estilo de lo que quería Giner de los Ríos, esa formación integral de la persona y ese es nuestro gran reto. Conseguir el desarrollo intelectual, el físico, el artístico, el emocional... El objetivo debe de ser ese, no renunciar a formar personas y de alguna manera se está olvidando. El otro día escuché que los niños llegan a la escuela queriendo aprender y salen queriendo aprobar y eso es lo que debíamos evitar.

-¿La escuela ha perdido autoridad?

-Yo creo que sí. Ahora parece que todo el mundo tiene derecho a decirle a los profesores cómo tienen que hacer su trabajo y eso es perder mucha autoridad. Los maestros son los que tienen que decidir lo que se hace en el aula, pero hay una injerencia por parte de autoridades, de padres... que considero excesiva. También la burocratización. Se quejan mucho los maestros de que están sepultados en papeles, la burocracia les puede. Muchas veces pierden más tiempo en ver cómo se hace la calidad que en intentar conseguirla.

-¿Qué tiene que tener un buen docente?

-Un buen docente tiene que tener interés y preocupación por el alumnado. En cuanto un profesor se preocupa por su docencia y sus alumnos el resultado se ve.

-¿El maestro cuenta con la formación adecuada?

-Yo creo que los maestros están bien formados, sinceramente. Luego la práctica educativa es distinta, pero salen con herramientas suficientes como para poder ser unos grandes maestros y muchos de ellos lo son. Su labor es enseñar a leer y escribir a niños de 6 años, no tienen que saber física cuántica. Lo que tienen que tener son las herramientas adecuadas para que el niño aprenda sin traumatizarse y siendo feliz porque con esas bases podrán salir ciudadanos con mayor fortaleza.

-¿Y los docentes de Secundaria?

-Eso es otra cosa, porque estudian una carrera específica y luego hacen el máster de formación del profesorado. Pero tú puedes saber mucho de Biología, por ejemplo, y no saber cómo enseñar esos conocimientos. Desde la Facultad de Educación y Pedagogía hemos reivindicado siempre que debía de haber una rama dentro de todas las carreras que se dedicara a la docencia, una especialización para aquellos que quieran enseñar. Cuando le tienes que impartir Matemáticas a un alumno de segundo de la ESO no tienes que saber muchas Matemáticas, sino conocer cómo enseñar las que necesita un niño de 13 ó 14 años.

-¿Lo que se necesita es implantar la semilla de la curiosidad en el alumno?

-Justo. Hay que dar los conocimientos apropiados para cada edad y luego aportar los mimbres para que ellos mismos investiguen.

-¿La ratio dificulta esa educación individualizada que se persigue?

-Es verdad que la ratio no lo hace fácil y el sistema tampoco. Si un niño demanda más, porque es más rápido, es un alumno al que se le suele parar. El sistema no está preparado para las altas capacidades. Tampoco para el lado contrario, aunque nos hemos preocupado más y se están haciendo cosas importantes.

-Siempre se ha pedido la implicación de la familia en la escuela. ¿Esa implicación está mutando en autoritarismo?

-Hay familias que se implican estupendamente, pero hay una parte que ha entendido mal lo de la implicación y creen que consiste en que tienen que decidir lo que se hace con su niño. Implicarse es colaborar, estar al lado, trabajar juntos y no es "como digas o hagas esto te voy a denunciar". Creo que las familias que imponen son minoría pero son las que más se oyen.

-¿Las redes sociales, los grupos de whatsapp... qué están suponiendo para la escuela?

-Las redes sociales, como todo, tienen cosas buenas y malas, incluso fatales. Y lo veo a menudo en clase. Me dicen a veces que en el grupo de whatsapp se ha dicho que yo he dicho... pero no vienen antes a hablar conmigo. El problema es que muchas veces le hacemos más caso a lo que se dice ahí que al profesor. Nos metemos en ese círculo y en vez de ir a las verdaderas fuentes damos todo por válido.

-¿Por tanto algo encontrado en las redes puede tener más peso que el discurso del profesor?

-Desgraciadamente sí. Y el profesor suele ser siempre sospechoso. Tendemos a creer antes a los niños que al docente, no somos capaces de saber que un niño por su conveniencia es capaz de mentir y un profesor está de tu parte. Las redes pueden tener más fuerza que hablar directamente con una persona y eso es terrible.

-La interacción social ha cambiado con estas nuevas vías de comunicación...

-Sí, muchas veces prefieren hablarse por el móvil que cara a cara. La comunicación oral, la interacción personal, el cara a cara está perdiendo presencia y da cierta tristeza. Muchos problemas de la gente joven es que están excesivamente metidos en las redes sociales.

-Otra de las grandes preocupaciones del sistema educativo han sido los resultados en mediciones como el informe PISA. ¿Nos miramos en los espejos adecuados?

-Nuestro sistema educativo adolece de ciertas faltas que hay que mejorar. Juan Luis Vives, ya en el siglo XVI, decía que hay que competir contra uno mismo y no contra el resto. No nos vienen mal las referencias pero sin obsesionarnos. El problema es que sí existe esa obsesión por la efectividad que se tiene en países como Finlandia y Corea, pero son sociedades muy diferentes a la nuestra. Intentar hacer lo mismo aquí quizás no funcione. La educación está totalmente entroncada con el clima, la forma de ser, las relaciones y aquí tenemos una manera de vivir que como debamos parecernos a los finlandeses vamos mal. Quizás tampoco sean sociedades a las que envidiemos.

-¿Con tanto ranking se olvida el concepto de educación?

-Eso pienso, que la formación integral de la persona, desde todos sus ámbitos, es lo que debería de promover la educación. Ahora mismo la educación se está dejando gobernar por la economía.

-¿Todo se traduce en términos de rentabilidad?

-Pues sí, pero creo que a la universidad se viene a formarse. La universidad tiene que tener una parte formativa y otra profesionalizadora. El sistema educativo está excesivamente dominado por la inmediatez y el mercado laboral. Si no es algo rápido e inmediatamente útil parece que no vale. Entonces nos estamos dejando por el camino asignaturas fundamentales para la persona como la Historia y la Filosofía. Como nos descuidemos van a quitar la Filosofía de las aulas a pesar de que en ella está la raíz del pensamiento. Nos dejamos influenciar en exceso por los poderes económicos, el mercado es ahora el que decide qué, cuándo, cómo y en qué momento.

-¿Por qué hay tantos titulados superiores en paro?

-La sociedad no tiene capacidad para absorber tantísimos titulados como tenemos ahora en las universidades españolas. La solución cuál es, ¿dejamos entrar a menos gente en la universidad, que accedan solamente los que tengan cabida como profesionales de lo que estudian? Pero ¿a quiénes elegimos? Lo que está claro es que los estudiantes tienen que ser conscientes de que la formación que reciban les tiene que dar posibilidades para hacer otras cosas. No se pueden colocar 400 maestros que salen al año de cada provincia española, está claro.

-¿La Formación Profesional está todavía denostada?

-Sí, la FP no acaba de ser una alternativa real a la universidad. Si tuviera el mismo prestigio, muchos se decantarían por estos estudios, como pasa en Alemania. Aquí siempre ha sido la hermana pobre desde que se creó en el siglo XVIII. La de los torpes, la de los que no valen para otra cosa. Hoy en día esto está cambiando pero no lo suficiente, quitar ese lastre cuesta mucho.

-¿Andalucía aún sigue en desigualdad con otras comunidades?

-Sí, tristemente sí. Tenemos menos niveles de escolarización en Bachillerato y bastante más bajos en la universidad. Alrededor de un 25% de la población andaluza accede a estudios superiores y en el País Vasco, casi el 50%. Las diferencias ahora ya no están en las escuelas primarias.

-¿Qué salud tiene la UMA?

-No la veo mal, pero puede mejorar mucho, y lo está haciendo. Están saliendo otra vez las titularidades, las cátedras... pero a nivel laboral hay un tanto por ciento de profesorado a tiempo parcial que está pesando.

-¿Y la investigación, hay fondos para ella?

-Hay fondos, mucho menos que había, hay que hacer un esfuerzo importante. Encontramos más a nivel nacional que andaluz, tenemos que competir en las convocatorias nacionales porque últimas andaluzas fueron en 2012.

-Uno de sus proyectos de investigación ha versado sobre la depuración del profesorado en la República y en el franquismo...

-Es un tema muy interesante pero también una investigación muy intensa y muy dolorosa. Cuando ves lo que le han hecho a profesores por defender una ideología, una forma de trabajar o, simplemente, por no ser de la cuerda que debían en ese momento, ser sancionados con la separación definitiva del cuerpo es muy duro. Hubo algunos que tuvieron pena de cárcel, los juzgados por masonería y comunismo, los demás en general no. Pero eran apartados, no podían optar a puestos directivos o los trasladaban fuera de la comunidad. Eso sí, el estigma lo tenían puesto. Y el control también. Sancionaron a un 27% de los profesores de Secundaria, una barbaridad. Funcionaron muchísimo las filias y las fobias a nivel personal.

-¿Ahora en qué proyecto está inmersa?

-Pues se titula El Estado y la Iglesia como órganos de control de la educación, desde 1857 a 1931.

-¿Hoy en día sigue habiendo ese control?

-Sí que lo hay, por el Estado y por la Iglesia, claro que sí.

-¿Quitaría la asignatura de Religión de la escuela?

-Yo soy católica pero creo que habría que quitar la Religión como asignatura. Pondría Historia de las Religiones, porque la religión está absolutamente relacionada con nuestra cultura. Renunciar a eso sería negar nuestra propia cultura e historia, renunciar a conocer nuestra forma de ser, y eso es una tontería. Eso sí, enseñar el credo en la familia y en la iglesia.

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