Calle Larios

El 'outlet' de las maravillas

  • Todo el mundo quiere venir aquí

  • Otra cosa es que los accesos lo permitan

  • Pocas sensaciones son comparables a la de estrenar un espacio tan grande donde tanta gente va a gastar tanto dinero

Más que una costumbre, el ‘outlet’ se asienta como única experiencia real y posible. Con todo a favor. Más que una costumbre, el ‘outlet’ se asienta como única experiencia real y posible. Con todo a favor.

Más que una costumbre, el ‘outlet’ se asienta como única experiencia real y posible. Con todo a favor. / Javier Albiñana (Málaga)

EN realidad ya había que pensárselo bien antes de plantarse en Plaza Mayor un sábado cualquiera, dado que los atascos y la remota posibilidad de encontrar un aparcamiento razonable bastaban para desmoralizar al más pintado. Si encima le metes una ampliación a la que bautizas como Designer Outlet Málaga, lema digno de un patrocinio de Antonio Banderas y A Chorus Line, resulta evidente que el gentío va a dar como para reconquistar Cuba y Puerto Rico, de modo que cualquiera se atreve. Dado que las señales correspondientes a un fin de semana cualquiera eran bien sonoras, resulta difícil imaginar las razones por las que el Ayuntamiento ha mostrado una falta de previsión tan pronunciada respecto al caos que habría de producirse para llegar a la renovada zona comercial, con un único acceso habilitado. La ejecución del vial provisional, por cierto, resulta también insuficiente, pero de haberse aplicado desde el principio habría paliado un tanto, al menos, el desastre. Y es que si en algo nos parecemos los malagueños al resto del mundo es en lo mucho que nos pirran los centros comerciales. Todo el mundo quiere venir aquí: los padres, los niños, los abuelos, quien tiene mucho dinero, quien tiene menos, cristianos, árabes, chinos, la pareja de novios, los estudiantes, los desempleados, algún carnavalero entusiasta que se ha plantado hasta aquí con medio disfraz, los malaguistas, los que no se separan de sus mascotas ni a tiros, los intelectuales y otras fascinantes criaturas. Hay también algunos guiris que en su mayoría han llegado hasta aquí en tren (algunos de hecho arrastran sus maletas: nada mejor que un outlet para hacer una parada de camino al aeropuerto si sospechas que el duty free no va a cumplir con las expectativas), pero no crean: este negocio es cosa de nativos, como lo ha sido siempre el Plaza Mayor. Más aún, sorprende el modo en que la visita al centro comercial se ha convertido en el plan familiar idóneo: las tribus monoparentales que antes buscaban la venta idónea para consumir el sagrado arroz dominical ahora prefieren venir aquí para reunirse y cumplir con el precepto de soportarse mutuamente durante algunas horas cada equis tiempo. La compra de productos innecesarios y que seguramente nunca serán utilizados resulta más estimulante, quién lo diría, si se practica en armonía trigeneracional. Pero, además, añadan a la costumbre ya instaurada la posibilidad de estrenar un outlet de lujo nuevecito, con todo por estrenar, con los envoltorios recién retirados y las mercancías recién distribuidas en perchas y escaparates. Los locales huelen a pintura fresca, cunden los aromas de plásticos y materiales acumulados aún en pasillos y almacenes, las cajas registradoras lucen flamantes, los datáfonos hambrientos, todo un paraíso todavía en crecimiento que promete la llegada de nuevas firmas, nuevos caprichos que darse, más financiación que amortizar. Sí, claro que todo esto se disfruta más en familia. Casi tanto como una primera comunión. La ampliación del Plaza Mayor merece, cuanto menos, un premio diocesano y ecuménico por su contribución a la protección y defensa de la familia tradicional.

El lema de todo esto bien podría ser 'Ni una torre sin su outlet'

Lo cierto es que la gran transformación para la que se prepara Málaga no tiene que ver únicamente con los rascacielos, sino, también, y en un grado no menor, con las futuras áreas comerciales que quedarán en su entorno. Tal proliferación es norma en cualquier city de alto rango que se precie, así que el lema malagueño bien podría ser Ni una torre sin su outlet. Si el capitalismo hipermoderno se ha salido con la suya a la hora de confundir ocio y trabajo para que la justificación de la precariedad en los salarios salga a devolver, el no va más de la Málaga inmediata consistirá en tener a mano los centros comerciales ya en los mismos edificios en los que trabajamos con un rendimiento espléndido, sobrevivimos, nos sentimos realizados, descansamos y vemos Netflix. Y para el fin de semana, con horarios debidamente flexibles, dispondremos de zonas comerciales aún más vastas en las afueras, como la que se cocina ya a un tiro de piedra de Plaza Mayor, en el término municipal de Torremolinos. Y allí que iremos con nuestras madres y nuestros abuelos. Ya me dirán quién necesita aquí un Auditorio. A José Saramago le dio por comparar todo esto con la caverna de Platón, pero, para ser honestos, convendría introducir la clave cartesiana para considerar que el outlet se asienta como única experiencia posible y real. Aleluya.

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