Málaga

Canto a una Semana Santa de Málaga de hace décadas

  • Agustín del Castillo Cambló articula su pregón en torno a su forma de entender la religión y respecto al mensaje cofrade revive estereotipos que definieron otra época

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Las nuevas generaciones cofrades, así como las que están por llegar, debieran leer alguna vez el pregón de Agustín del Castillo Cambló. Lo pronunció ayer (Cuaresma 2010), pero fue un canto a una Semana Santa de hace décadas. Dijo que "para conocer la Semana Santa de Málaga hay que preguntar a sus cofrades". Fue honrado y narró la suya propia, para ello reflejó estereotipos de los setenta y ochenta del pasado siglo XX. Cuando se abrió el telón y apareció un cirio con una bombilla sólo fue un adelanto del mensaje cofrade que estaba por llegar. Ahora cualquiera podría insinuar a los nazarenos que porten linternas en lugar de cirios.

Del Castillo expuso su forma de entender la religión. Por momentos el pregón bien parecía una homilía. Y habló de aquella Semana Santa de los tinglaos, cuando empezaban los primeros traslados (los definió como "los mejores pregones de cada hermandad"), cuando las fuerzas armadas eran la principal atracción y los hombres de tronos, los grandes protagonistas. Dijo sí a los pulsos, a las mantillas en los cortejos, a las saetas al micrófono y criticó a los nazarenos que niegan dar cera a los niños. De la figura del nazareno apenas habló, pero es algo que tampoco se tenía en consideración décadas atrás, ahora un poco más.

El pregonero subrayó desde su nombramiento que el pregón iría dirigido a todo el que quisiera estar en la Semana Santa de Málaga. Pero su saludo inicial fue sólo para los cristianos: "Buenas noches, cristianos. A Cristo hay muchas personas que desean hacerlo desaparecer. No tienen en cuenta que nunca ha habido nadie como Él, que haya hecho tanto bien a todos. ¡Nunca!".

La principal novedad del pregón fue que obvió el recorrido por cada uno de los titulares que conforman la Semana Santa. "Disculpad hermanos que no diga nada en singular de cada una de nuestras hermandades, de nuestros titulares. Disculpad, pero quiero decir que, después de ellos, lo mejor de cada una de nuestras cofradías sois todos los cofrades. Es lo que estoy pregonando. La verdadera Semana Santa. Los actores", subrayó. En la puesta en escena, con actores de reparto, también innovó.

Para el pregonero, la Semana Santa de Málaga es casi perfecta y aunque al final dijo que hay cosas que mejorar, el espíritu crítico brilló por su ausencia: "Cualquiera de sus detalles es sublime". Del Castillo se confiesa un enamorado (el amor a veces es ciego) de Málaga y su Semana Santa, sólo de este modo se puede afirmar que "nuestros desfiles procesionales son de tal belleza que su visión completa, desde la cruz guía hasta la última promesa, forma el más sublime conjunto de arte posible de contemplar". Pero para el pregonero, Málaga no sólo es la referencia cuando las hermandades se ponen en la calle, también a nivel patrimonial: "Partimos de casi cero, hace poco. Pero, hoy por hoy, Málaga tiene el mejor patrimonio artístico-religioso actual, que puede existir en una Semana Santa. Todo con la antigüedad que le da el hecho que representa".

Respecto a los citados estereotipos setenteros y ochenteros, los militares tuvieron un especial protagonismo en el pregón. Tras explicar el servicio que prestan a la Patria, afirmó que "a veces nos puede la hipocresía. Nos estorba su presencia, porque nos recuerda lo que hacen por nosotros". A juicio del pregonero, los militares en las procesiones están en peligro y no dudó en reivindicarlos. "A esta tradición malagueña le está pasando como a las casas de la Coracha, que nos quedamos sin ella. Y lo consentimos". El Cervantes no secundó con aplausos estas palabras. En total fue interrumpido en 14 ocasiones por ovaciones aunque, mensaje aparte, su tono lineal no ayudó a que fuesen más. Narró una historia de una gitana "devota del Moreno", que fue lo que más emocionó.

Agustín del Castillo siempre eludió el terminó reivindicación para su pregón, pero ayer realizó varias, como la de la cera de los nazarenos: "¿Por qué algunos se la niegan, diciendo que van rezando?". Pero éstos fueron los grandes olvidados ayer. No así los hombres de trono. Destacó esta figura y la forma de cargar los tronos, al hombro. Para ello subrayó que no se hace "alarde de fuerza, no, porque esa, la hacemos y nos sobra aunque estemos extenuados y sin relevos".

Sobre hombres y mujeres, valoró la incorporación de éstas a las filas de nazarenos y habló del rol de los hombres en los varales. Pero no dijo nada del hombre que viste la túnica nazarena ni de la mujer que también llena los varales, una realidad ya en numerosas cofradías, pero el mensaje cofrade fue de otra época. No así el cristiano, para terminar puso al teatro entero a rezar, después de señalar que al final del camino está Dios y ésa es la fe.

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