Constitución del Ayuntamiento de Málaga La comedia de las marmotas

  • Desde Maquiavelo, la mejor manera de que nada cambie es invocar el cambio constantemente

  • Lo peor de todo es cuando sucede lo mismo con la política

  • Nos queda el teatro

Juan Cassá introduce su papeleta ante la mirada del alcalde. Juan Cassá introduce su papeleta ante la mirada del alcalde.

Juan Cassá introduce su papeleta ante la mirada del alcalde. / Marilú Báez (Málaga)

Dicen las malas lenguas que, cuando jugaba el Madrid y había función, José Bódalo era capaz de culminar con éxito cualquier representación de Chéjov o de Valle-Inclán mientras escuchaba el partido por la radio a través de un discreto pinganillo. Así, con respecto al pleno de constitución del Ayuntamiento celebrado este sábado, cabe consolarse con la idea de que la mayor parte de la nueva Corporación tuviera la cabeza puesta en el posterior partido del Málaga. En cuanto al público, que lo hubo, aunque sin llegar a ser demasiado representativo de eso que llaman vida social de la ciudad (para colmo, cuando Francisco de la Torre enumeró a los notables en su discurso una vez investido alcalde, se acordó de la Cámara de Comercio, de la Asociación de Empresarios y de la Agrupación de Cofradías, pero no de la Academia de San Telmo, a pesar de que José Manuel Cabra de Luna estaba allí bien firme), hubo bostezos y demasiados tonos impertinentes desde los móviles, al cabo los signos que con mayor elocuencia revelan que la comedia no funciona. Total, lo que se dice divertirse, no se divirtió nadie. Eso sí, en algunos momentos parecía estar al mando del guión Lope de Vega, sobre todo cuando los gestos de los protagonistas parecían querer jugar a la equivocación con tal de que héroes y villanos quedaran confundidos: el consejero de la Presidencia, Elías Bendodo, acampó con expresión seria recién llegado de un Torremolinos afirmado en manos socialistas, cual general Custer después de la batalla de Little Bighorn. En cambio, Juan Cassá, que se plantó en el pleno después de un fracaso electoral para el que no caben muchos paliativos, después de afirmar en su momento que abandonaría la política el día en que Ciudadanos contara menos de tres concejales en Málaga y después de asegurar, con toda solemnidad, que nunca pactaría con partidos que mantuvieran en sus filas a investigados por la justicia (por si acaso, Francisco Pomares juró su cargo de concejal con especial énfasis, como para despejar dudas, ahí va eso), parecía el padrino de la boda, repartiendo palmetazos en las espaldas a diestro y siniestro y con una sonrisa de oreja a oreja, más cercana a la que debió esbozar John Farynor, el panadero que provocó el gran incendio de Londres en 1666 al dejarse un horno encendido, que a la del gato de Cheshire. Tanto fue así que a la hora de que De la Torre le impusiera su insignia de concejal, un protocolo que se resuelve en veinte segundos, Cassá se lió a hablar con el alcalde sin más intención que la de salir más interesante en la foto. Eso sí, quien más pesadumbre atesoraba en su mirada era Gemma del Corral, quien se veía fuera de la Concejalía de Cultura a favor de Noelia Losada, de Ciudadanos, próxima titular de la misma. Como señala el Eclesiastés, hay un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo que se ha plantado.

El consejero andaluz de la Presidencia, Elías Bendodo, y el ex alcalde de Málaga Luis Merino, entre los invitados. El consejero andaluz de la Presidencia, Elías Bendodo, y el ex alcalde de Málaga Luis Merino, entre los invitados.

El consejero andaluz de la Presidencia, Elías Bendodo, y el ex alcalde de Málaga Luis Merino, entre los invitados. / Marilú Báez (Málaga)

Hablando de móviles, Teresa Porras y Francisco Pomares les daban a los suyos con vehemencia y al unísono, lo que invita a sospechar de un intercambio de mensajes sobre, quién sabe, las tesis tomistas relativas al destino del alma en caso de canibalismo o los modelitos de la bancada de enfrente. Bajo un clima anodino digno de una performance de Yoko Ono, el único que puso un poco de salsa a la comedia fue el secretario general del Ayuntamiento, Venancio Gutiérrez, que se confundió en el recuento de votos y en los nombres de algunos ediles y que invitó a los concejales de Adelante Málaga a repetir su fórmula empleada para acatar la Constitución y prometer el cargo (“Sí, lo prometo, y prometo luchar por una ciudad más justa y democrática”) dado que, a pesar de que Eduardo Zorrilla explicó (innecesariamente) que el acatamiento era efectivo y que sólo se trataba de incluir un añadido, “por un problema de entonación” parecía que “estaban prometiendo lo segundo”. Y tenía razón, pardiez. Que se lo digan a los actores americanos que han sido rechazados para el papel de Ricardo III por empeñarse en decir “this son of York” en vez de “this sun of York”. Y si el problema era la coma, pues haberla pronunciado correctamente: no es lo mismo “Vamos a comer, niños” que “Vamos a comer niños”. Por cierto, que Dani Pérez citó en su intervención a Shakespeare y María Zambrano, así que el asesor cultural de sus discursos hizo bien sus deberes, aunque las referencias a Julio César y Persona y democracia tampoco vinieran mucho a cuento y quedaran más bien metidas con calzador.

Losada, como Cassá, evocó a los “inversores extranjeros” e invitó a hablar bien de Málaga

Por lo demás, y dado que Zorrilla tampoco demostraba tener muchas ganas de estar allí, resultó significativo que quienes asumen en la nueva corporación responsabilidades de gobierno insistieran en la idea de cambio. Para empezar, el propio alcalde, que se mostró dispuesto a “seguir cambiando Málaga tal y como venimos haciendo desde que Celia Villalobos ganó las elecciones en 1995”, lo que ya es cambiar. En cuanto a Noelia Losada, también hizo referencia a la transformación de Málaga, pero su discurso no se apartó mucho del de Juan Cassá, sobre todo a la hora de evocar a los “inversores extranjeros” como si de los Reyes Magos se tratase y de anunciar que “siempre seguiremos hablando bien de Málaga”, mientras subrayaba, cual clarisa, que las críticas y los mensajes negativos “pueden tener efectos adversos con tanta sobreinformación”. Su lección en la materia es, cuanto menos, curiosa: si su intención era vincular las amonestaciones con las fake news, cabe apuntar que los aplausos acríticos pueden ser igual de contraproducentes; por otra parte, la abundancia de información nunca entraña, verbigracia, una mala noticia, siempre que sepamos distinguir la información de lo que no lo es.

También prometió más cambio Elisa Pérez de Siles, que brindó un debut como portavoz popular cándido en las formas pero digno de John Wayne haciendo Hamlet en el fondo. Invocó De la Torre la política, pero si podemos esperar tanta política como cambio, aviados vamos. Ojalá estuviesen pensando en el Málaga. Hubo comedia, pero para las marmotas.

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