Málaga

La Corta en el punto de mira

  • Un altercado con la Policía provocado el pasado sábado por un hombre de fuera del barrio ha alterado la vida en sus calles

  • Los vecinos quieren recuperar la paz y la normalidad alejando el estigma

La Corta en el punto de mira

La Corta en el punto de mira

Si ese día no hubiese entrado la Policía a detener al menos a cuatro personas -identificados como supuestos participantes en la revuelta del pasado sábado y autores de la agresión que sufrieron cuatro agentes-, si esa mañana de miércoles no se hubieran visto carreras, trajes antidisturbios y furgones azules, si no se hubieran escuchado gritos nerviosos y lamentos, nadie de fuera hubiera percibido el punto de ebullición en el que se encuentra La Corta en estos días. Los nervios a flor de piel, los vecinos temerosos, esperando nuevas intervenciones policiales y las personas que trabajan en y por el barrio intentando mantener una calma que se encuentra en una cuerda demasiado floja. Por eso el móvil del presidente de la Asociación de Vecinos La Nueva Corta no cesa de sonar. Por eso, Juan Rodríguez Bustamante reunió a todo el vecindario para reclamar paz, respeto y compromiso con los logros conseguidos en los últimos años. Por eso piden ayuda para restaurar la normalidad e intentar alejar el estigma que tan difícil es despegar de zonas marginales como ésta.

El pasado 21 de abril un equipo médico requirió presencia policial para atender a una mujer con problemas mentales que vive en La Corta y que, al parecer, profirió amenazas con un cuchillo a algunas personas. Cuando los sanitarios llegaron, el hijo de esta increpó a los agentes por la supuesta tardanza del servicio de urgencias en acudir al lugar. Ahí se prendió la mecha y un grupo de medio centenar de personas, según la Policía, inició una revuelta que dejó a cuatro agentes acorralados y con heridas leves. Hubo un detenido, el hijo de la enferma, y el resto huyeron cuando llegaron los refuerzos, arrojando palos y armas al suelo. Como cabía esperar, la presión policial en los días siguientes ha sido más fuerte de lo habitual en el barrio y muchos se han quejado del "acoso" al que han sido sometidos. Casi 60 multas se han puesto en una semana por consumo de drogas, tenencia de armas y faltas de respeto a la autoridad.

Lamentamos mucho que una persona de fuera haya provocado algo que estigmatiza al barrio"Juan RodríguezPte. AAVV. La Nueva Corta

"Hasta se han llevado pequeñas motos de juguete que tenían los niños y un futbolín que había una terraza", protesta el presidente de la asociación de vecinos. Juan Rodríguez lo que quiere dejar claro es que La Corta fue "el escenario", que la persona que inició la bronca no era del barrio y que no pueden pagar "justos por pecadores". "No aprobamos lo que pasó, pero la cosa no fue tan grande como se está pintando", dice y reitera que "es un caso aislado, aquí no hay ningún altercado, estamos viviendo bien, hay una gran cooperación, tenemos una convivencia muy tranquila, aquí entran los repartidores, los taxis, todo el mundo, y lamentamos mucho que una persona que no sea del barrio haya venido a provocar algo que va a estigmatizar al barrio". Para Juan Rodríguez la Policía tiene que "venir, hacer su trabajo y dar muestras de su presencia, pero una presencia que nos protege, no que sea una amenaza para nosotros".

Dice el presidente de La Nueva Corta que lleva días "trabajando a marchas forzadas para contener la indignación de la gente" y que hizo que "este señor que no es del barrio vino a pedir disculpas a los vecinos en la reunión que convocó el pasado martes y se dirigió a los agentes diciendo que siente mucho lo ocurrido". Pero es cierto, según relatan los vecinos, que se han vivido momentos muy tensos en sus calles. "Ahora esto está un poco más tranquilo, por lo menos podemos salir, pero hemos estado asustados", comenta Antonio Bautista. Manuela Heredia lleva dos décadas viviendo en La Corta y asegura que siempre se ha vivido bien. "Aquí había tranquilidad, he criado a cinco hijos y nunca he tenido problemas con nadie, aquí nos llevamos bien todos".

Para Amalia, la mujer del presidente, "por un error que haya cometido otra persona, que se le fue la situación de las manos, no podemos pagar todos". Y explica que "a esa persona ya se la llevaron, de hecho ya está puesta en libertad, no habrá sido la cosa tan grave cuando la han echado ya, para que ahora quieran machacar al barrio". Amalia lo que quiere es sentirse segura como antes y volver a la normalidad a la que están acostumbrados, con su particular forma de ser y de vivir la vida, con sus costumbres y su cultura pero ganando cada día respeto por el lugar que habitan y los profesionales que acuden a diario a tenderles la mano.

Teresa Montes es orientadora laboral de la asociación Naim y educadora social del programa Caixa Pro Infancia. Lleva cuatro años trabajando en La Corta. Es una de las veteranas y asegura haberse sentido siempre bien acogida en este "reto profesional". "Es gente muy humilde que lo único que quiere es progresar, desarrollarse, lo más importante para ellos es la educación de sus hijos, su preocupación es que sus hijos prosperen, que tengan lo que ellos no han podido tener", dice. Al contrario de lo que se pudiera pensar, "siempre he venido con seguridad y tranquilidad, es verdad que la gente tiene muchísimas necesidades pero no pienso que sea un barrio peligroso ni que la gente no tenga respeto, para nada", sostiene la educadora. Estuvo presente en la reunión del martes y afirma que "fue un regalo por ver a tanta gente del barrio junta, de diferentes familias, con diferentes edades, casi todo el barrio vino, algo muy positivo porque si se quiere cambiar las cosas la mejor manera es participando y haciendo todo de forma pacífica y desde el respeto".

Su compañera Marta Siles, educadora social de Naim, destaca la importancia de quitar la mala fama que suele ir siempre asociada a zonas en riesgo de exclusión. "Casos puntuales pasan en las mejores casas, en cualquier barrio, pero siempre se machaca a los mismos", apunta. En el centro ciudadano recuerdan que La Corta nació para acoger de forma temporal a las familias procedentes de un núcleo chabolista. Ya han pasado treinta años de aquello y por debajo de ellos han nacido urbanizaciones, instalaciones deportivas, establecimientos hosteleros y comerciales. Sin embargo, el suyo sigue siendo un territorio exterior, fuera del paso, un enclave aislado y al margen de todo. "Aquí el paro es bastante alto, pero me llama la atención las ganas de luchar que tiene la mayoría, veo mucho más interés que en gente de zonas más pudientes", considera Antonio Jesús Ruiz, voluntario de inserción laboral de Naim. Este guardia civil retirado empezó yendo como voluntario dos día a la semana y ya pasa de lunes a viernes en La Corta. "Y cuando me dijeron que me fuese a otro lado me negué, no me quiero ir de aquí", asegura.

Igual de satisfecha de su trabajo allí se muestra la psicóloga Montse Cortés, que imparte los talleres maternales a embarazadas y madres de niños de 0 a 3 años. Sus edades oscilan entre los 16 y los 32 años y, a pesar de su juventud, "están muy comprometidas y trabajan con muchas ganas, tienen un alto grado de responsabilidad", apunta la experta. En sus clases hablan de alimentación saludable, de higiene bucal, de igualdad y, sobre todo, de valores. Pero nada de esto tendrá sentido si fuera de las aulas del centro ciudadano lo que manda es la ley del más fuerte. En mitad del barullo del pasado miércoles, cuando se procedieron a las detenciones, el pastor evangélico, Armando Silva, pedía paz. "Queremos normalidad en el barrio, que tengamos paz como antes, no queremos violencia ninguna", reclamaba consciente de que la situación se les estaba yendo de las manos y que podría echar por tierra todo lo trabajado en los últimos años.

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