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'Kellys', un verano de maratón

  • Las camareras de piso de los hoteles siguen en pie de guerra para protestar por unas condiciones de trabajo que describen de "esclavitud"

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Kellys / Rosell

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Jornadas de trabajo de auténtico maratón, por sueldos de miseria. Es el resumen que hacen las kellys -camareras de piso de los hoteles- cuando se les pregunta por su trabajo. Según cuentan, para ellas "todos los veranos son horrorosos" -también éste- aunque esta vez ha tenido algo especial, por las importantes mejoras y derechos laborales que están consiguiendo. Pequeñas victorias que las kellys esperan -o más bien quieren pensar- que harán más fácil el siguiente verano.

La mayoría de ellas suele empezar a trabajar antes de su hora, según dicen "porque no podemos perder ni un minuto de tiempo". Preparan todo el material y, después de hacer la limpieza de las zonas comunes del hotel (salones, restaurante, recepción...), empiezan con las habitaciones. Inma -prefiere que no precisar su apellido- es externa en un hotel de la capital, tiene 50 años y lleva ocho trabajando como kelly. En este tiempo ha sufrido dos bajas, una por ansiedad y depresión, y otra fruto de un accidente laboral. Ahora cobra 1,57 euros por habitación, independientemente del número de camas y del tipo de cliente. Su contrato es de seis horas al día, en las que tiene que cumplir una ratio de 25,2 habitaciones diarias, cifra que "después siempre es más, y si te niegas a hacerlo te despiden por baja productividad". "En mi caso yo estaba amenazada", matiza.

Muchas camareras de piso externas cobran menos de 1,50 euros por cada habitación

Durante los meses estivales el incremento de turistas hace que la carga de trabajo se duplique o triplique. "Las estancias son más cortas y hay muchas más salidas que clientes, de forma que hay más trabajo", afirma, sentenciando que "este verano ha sido brutal". "A mí me están explotando, porque esto es explotación", denuncia, a la vez que sostiene que no se trata solo de "un fraude al personal, sino también a la Seguridad Social".

En esto mismo coincide Ana Barranco, para quien después de 44 años trabajando como camarera de piso en un hotel de la costa, los últimos diez años han sido los peores. De hecho, según precisa, cuando entró hacía 17 habitaciones y sin ocuparse de la limpieza de las zonas comunes, y ahora tiene 21. "Yo estoy en plantilla, pero veo cómo las empresas externas están haciendo verdaderas barbaridades. La esclavitud existe... Es inhumano", afirma. "Hay mucha precariedad", apostilla.

A ella, que entró como kelly a los 15 años, todo este tiempo le ha pasado factura: Túnel carpiano, cervicales, lumbalgia, estrés, ansiedad y una lesión en el manguito rotatorio del hombro que la mantiene de baja. "Todo esto me lo ha provocado el peso de las camas y de arrastrar las literas", indica. Ahora, a sus 59 años, reconoce que "ya soy mayor" para un trabajo "tan duro". "Estoy pidiendo la jubilación anticipada a gritos, pero no me la dan y no me salen las cuentas. Estaré rabiando hasta que me pueda jubilar", concluye Barranco.

También está de baja laboral Pepi -quien también prefiere ocultar su apellido- después de haber sido operada de un atrapamiento del nervio cubital (en el codo) que se le une el diagnóstico de una epicondilitis "de libro", enfermedad más conocida como codo de tenista. "Se me queda el brazo y los dedos dormidos, según los médicos, por movimientos repetitivos durante años", afirma. En 19 años, no es la única vez que Pepi pasa por el quirófano a causa de una lesión provocada por su trabajo, ya que antes ya la han intervenido del túnel carpiano en ambas manos. "Y no sé si la epicondilitis acabará en operación", advierte.

Además, lamenta todas las pegas que las mutuas les ponen cuando se presentan con alguna de estas dolencias, por eso celebra el reciente reconocimiento de las enfermedades laborales de las kellys. "Nos quieren hacer creer que esto es enfermedad común que nos la hemos hecho en casa y han llegado a decir que es de nacimiento", critica, a lo que agrega que "todas no podemos venir defectuosas de fábrica".

En cuanto a la carga de trabajo que tienen que hacer al cabo de una jornada, Pepi coincide con sus compañeras en que es "una exageración". Según cuenta, el tiempo que pueden dedicar a cada habitación va de los 10-12 minutos por cliente, 21 si hay cambio de sábanas y 40 si se trata de una salida. "El tiempo te lo tienes que gestionar tú para ser capaz de hacer todas las habitaciones que te piden en el tiempo que tienes", insiste, criticando que "son verdaderas barbaridades". "No sale aunque le eches números, minutos y segundos", reitera. "Saldría si fuéramos robots y nos programaran para entrar y salir en 10 minutos, pero no somos robots, somos personas, y es imposible entre otras cosas porque cuando abres una habitación no sabes lo que te vas a encontrar detrás de la puerta", argumenta.

En este sentido, asegura que los veranos son "tediosos" y que "no hay manera que lleguen a su fin". Esto porque en estos meses "el tiempo que tienes no cambia, pero el trabajo se triplica" aún teniendo las mismas habitaciones, y explica la razón en una frase: "Más camas, más turistas y mucha arena de la playa. No es como barrer en invierno". Por eso, dice que "es un no vivir", con ataques de ansiedad en muchos casos. "Es un cúmulo y llega un momento en que no puedes más y el cuerpo dice hasta aquí hemos llegado", afirma.

La presidenta de la asociación Kellys Unión Málaga, Trinidad Jiménez, asegura que la presión les viene por todos los frentes, clientes y dirección del hotel. "Estamos todo el día de arriba para abajo, tirando de dos carros con todas las herramientas", dice Jiménez, que comenta que ha llegado a contabilizar más de 15.000 pasos en una jornada. Expone que hay trabajadoras externalizadas por empresas multiservicios que cobran menos de 1,50 euros por una habitación, que tienen que hacer hasta 28 habitaciones en seis horas y que, además, para poder cogerse un día de descanso las obligan a hacer las habitaciones de esa jornada libre en el resto de días.

Por todo esto, las kellys malagueñas llevan más de un año en pie de guerra, pero desde que en abril el colectivo a nivel nacional se reuniera con el ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy las buenas noticias se han ido precipitando. La primera de ellas tiene que ver con el nuevo convenio de hostelería, que entró en vigor a finales de agosto, y que obliga a aplicarlo a cualquier empleado, en plantilla o externo, que trabaje en cualquiera de los establecimientos hoteleros de la provincia de Málaga. Esto, según el sindicato CCOO, beneficia a unas 4.000 camareras de piso externalizadas en empresas multiservicios, cuyos salarios están muy por debajo de lo que marca el convenio.

Por otro lado, la última victoria de las kellys tiene que ver con el reciente reconocimiento de las enfermedades profesionales propias -como la bursitis, el síndrome del túnel carpiano, la epicondilitis o codo de tenista-, todas ellas relacionadas con determinados movimientos repetitivos en brazos y manos propios de su trabajo. Con esto, la Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social -dependiente del Ministerio de Trabajo- tiene que emitir una resolución para que las mutuas apliquen el reconocimiento de forma inmediata.

Son dos pasos importantes para mejorar las condiciones laborales de estas trabajadoras, pero el colectivo no se queda ahí. Jiménez recuerda que aún son muchas las reivindicaciones por las que seguirán luchando. En el tema de las enfermedades laborales, por ejemplo, recuerda que aún queda pendiente el reconocimiento de las patologías de las extremidades inferiores, tales como la lumbalgia, la ciática y las hernias. "De eso tenemos lo que no está escrito", comenta, y critica: "No nos reconocen nada y quieren que estemos trabajando sin poder". Junto a esto, Jiménez hace hincapié en la petición de la jubilación anticipada para las kellys, que ellas piden que establezca en los 58 años; y en la regulación de la carga de trabajo.

Con respecto a esto último, lo que estas trabajadoras denuncian es que "nos echan encima todo el trabajo que que les da la gana para nuestras horas, puedas o no", lo que obliga a muchas de ellas a hacer horas extra que no les pagan, "porque nos dicen que es nuestro trabajo y que lo tenemos que dejar hecho". Ante esto, proponen que se lleven a cabo inspecciones y estudios para calcular qué tiempo se necesita para desempeñar cada una de sus tareas. En este sentido, según informó, la Junta de Andalucía está remitiendo a las trabajadoras unos cuestionarios en los que se les pregunta por el tipo de trabajo que realizan, las dificultades que se encuentran a la hora de limpiar una habitación, el mobiliario que hay, las herramientas con las que cuentan, etc.

La prioridad ahora, según la presidenta de Kellys Unión Málaga, es que garantizar que se cumple el convenio. "Tenemos que informar a las compañeras de cuáles son los derechos que les pertenecen y estar vigilantes para que en los hoteles que tienen externas lo que se ha conseguido se cumpla", explica, quien añade que "va a costar, porque vamos a tener que poner denuncias". Asegura que no están dispuestas a dejar de luchar.

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