obituario

Prince Charles en La Palmilla

  • El autor del texto, el hijo de José Pérez Palmis, rememora la figura del primer presidente del Consejo Social y promotor del Parque Tecnológico de Andalucía

Walter, José Pérez Palmis y el príncipe Carlos. Walter, José Pérez Palmis y el príncipe Carlos.

Walter, José Pérez Palmis y el príncipe Carlos. / m. h.

Consciente de que el panorama de la acción social de principios de los años 90 era más bien sombrío Pepe Pérez Palmis se plantó junto a su amigo Walter en el año 1993 en Londres y le contó al príncipe Carlos de Inglaterra la situación en la que se encontraba La Palmilla. En esa reunión el eterno heredero de la corona inglesa le explicó el funcionamiento de su fundación y de cómo orientaba sus actividades a transformar las situaciones a las que se enfrentaban. Y con esas se volvió a Málaga tras un hilarante viaje digno de una novela de Tom Sharpe.

Lógicamente aquí nadie entendía nada. ¿Qué pintaba uno de los promotores del PTA en La Palmilla? Y, sobre todo, ¿qué pintaba el príncipe de Gales en todo esto? No queremos imaginar en el batiburrillo de idiomas en el que hablarían, pero de esa charla nació una metodología innovadora para la transformación social que denominó Plan Midas por su carácter transformador y que ahora se aplica en diversas zonas de exclusión social. Siempre decía que al toro hay que cogerlo por los cuernos. De frente y con valentía. De esa forma afrontó su compromiso con las causas que se cruzaban por su vida. Daba igual que fuese apoyando a obreros en la creación de cooperativas en la Lorca de los años 70, acompañando a su querida Cudeca en momentos cruciales en los años 90 o luchando contra la pobreza en la Málaga del siglo XXI, siempre aportaba la honradez y firmeza que le caracterizaban y muchos abandonaron. Hasta el punto de que no sólo jamás recibió un céntimo sino que además aportó generosas sumas de su dinero personal para seguir atendiendo a las personas más desfavorecidas cuando las administraciones daban la espalda a los sectores más débiles de la población.

Imagínense ahora la cara de responsables públicos o funcionarios varios al recibir sus propuestas mezclando tecnología y pobreza, cámaras semianecoicas y creación de empresas, escucharle hablar de su idea de los tres institutos… Todo muy marciano. Pero frente al desplante tenía un arma imbatible: el humor. Cada vez que recibía una cornada burocrática respondía con flema e ingenio y no pocas veces con escritos públicos o privados dirigidos a las más altas instancias en los que Charles Chaplin, Groucho Marx u otros se convertían en compañeros de lucha contra lo que él denominaba el quinto jinete del Apocalipsis: el papeleo de las administraciones.

Su capacidad disruptiva ya aparece reflejada en varios libros de historia de la comarca del Safor (Gandía) en la que se menciona la llegada del murciano Pepe Pérez Palmis en el año 1963 como un elemento diferencial en el ámbito cultural y de lucha por las libertades. Lo mismo sucedió en Lorca donde su actividad social y cultural le llevó a tener que afrontar varios juicios en la España franquista relacionados con la libertad de expresión. En Málaga se encontró en su salsa. A mediados de los 70 era una ciudad a la sombra del sol de la costa, pero con muchas cualidades por explotar y un futuro ilusionante. Aquí abrió la primera sucursal del Banco Exterior, fue el primer presidente del Consejo Social, promovió el Parque Tecnológico y varias de sus empresas y proyectó su visión de una sociedad moderna enfocada en su elemento más importante: las personas que la forman. Fue todo un pionero irredento. Su capacidad de ver la jugada se convertía frecuentemente en un handicap importante. Frecuentemente sus interlocutores institucionales no eran capaces de ver más allá de sus pestañas. Y contra esa visión estrecha de las cosas dedicó gran parte de sus artículos, muchos de los cuales, escritos hace más de 10 años, siguen plenamente vigentes en la actualidad.

De nada servían los halagos serviles y vanos, sino que nos enseñó el valor de la recompensa del trabajo bien hecho, aunque fuese duro e incomprendido. De hecho, a diferencia de la Málaga social, la Málaga institucional nunca le reconoció en vida. Sin renunciar a sus éxitos, nunca se vanaglorió de las empresas que ayudó a crear, de los proyectos que asesoró, de los cientos de personas a las que ayudó en su Málaga querida, en Marruecos, en Brasil o allí donde veía ocasión de aportar su grano de arena. Consciente de que uno llega más lejos si viaja en equipo nunca pretendió trabajar solo sino que siempre atinó en identificar las personas más talentosas con las que hacer crecer sus ideas y a las que implicaba a la primera de cambio de las formas más inverosímiles.

Apasionado del deporte, fue también de los primeros en lanzarse al asfalto. Allá por los primeros años de la década de los 80 cuando era frecuente verlo correr a las 6 de la mañana por las calles del centro hasta los Baños del Carmen. No era el más rápido pero siempre iba por delante de todos. Por ello quienes hemos tenido la fortuna de compartir nuestras vidas con él tenemos una huella que seguir.

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