Málaga

Vacaciones, niños y encaje de bolillos

  • Los padres trabajadores tienen que hacer ingeniosos puzles para tener cuidados y entretenidos a sus hijos en el enorme tiempo libre del que disponen en verano

Las fiestas de fin de curso, los bailes, las notas y las caras de satisfacción de trescientos mil niños malagueños. El pasado viernes 22 de junio comenzaron las vacaciones de verano para los escolares y, casi al mismo tiempo, se inició el clásico rompecabezas de los padres trabajadores. Aunque las altas cifras de desempleo harán que este año sean muchos progenitores los que se encarguen del cuidado de sus hijos, para otros tantos la pregunta sigue siendo la misma: ¿Qué hago con los niños? Entre abuelos, tíos, campamentos, canguros y vacaciones alternas de la pareja se irá solventando el mismo problema de todos los años.

Dos meses y medio sin colegio suele equivaler a más de mes y medio de encaje de bolillos para cuadrar agendas y tener a los niños bien atendidos durante la época estival. Los campamentos de verano son caros y no todos se los pueden permitir, pero además, suelen realizarse durante el mes de julio. La última semana de junio, el mes de agosto y los primeros diez días de septiembre se quedan prácticamente en blanco.

María José tiene tres hijos de 8, 10 y 12 años. Su familia vive fuera de la provincia así que su marido y ella tienen que hacer malabares para rellenar el tiempo libre de sus hijos. Este año los tres han iniciado las vacaciones en un campamento de diez días en Sabinillas. "Luego tienen siete u ocho días sueltos que estarán con una canguro y a mediados de julio mi marido se ha cogido un permiso sin sueldo de 15 días para quedarse con ellos", cuenta María José.

La familia entera estará de vacaciones en el mes de agosto y para los primeros días de septiembre volverán a recurrir a la canguro. María José protesta por lo caro que sale el verano. "Antes iban a multideporte, campamentos urbanos que me salían por unos 90 euros a la semana cada niño, si hago cálculos me deprimo, las pagas extra casi al completo", dice además de expresar su "queja amarga de por qué tienen tantas vacaciones los profesores".

Vicente también tiene tres hijos, dos mellizos de 4 años y medio y un niño de 2. El pequeño continuará todo el mes de julio en su guardería pero los dos mayores terminaron el colegio el 22 de junio y desde el pasado lunes asisten a un campamento que organiza una ludoteca en el Puerto de la Torre. Tienen contratado hasta mediados de julio, pero él no coge vacaciones hasta agosto, igual que su mujer. "No sé lo que vamos a hacer todavía el resto del verano", confiesa y añade que "lo más seguro es que mi suegra, la pobre, se haga cargo".

Para Vicente los abuelos son "imprescindibles" y el verano supone más que un tiempo de descanso "un infierno", bromea. En la familia también se apoya África, que tiene una hija de un año y un hijo de 4. "Puedo contar con una abuela, mi suegra, porque mi madre es demasiado mayor para cuidar de los niños, también puedo contar algunas veces con mis hermanas", explica. Una de ellas es profesora y no tiene hijos, así que disfruta de sus sobrinos. Pero no todo se puede delegar en los demás.

"Mi marido y yo vamos a dividir las vacaciones, sólo estamos 15 días juntos, pero así cubrimos mes y medio, a costa de no pasar las vacaciones juntos y perjudicarnos un poco como pareja", considera África. También han recurrido a campamentos de verano y el niño va a pasar las mañanas de la primera quincena de julio en un centro deportivo. "Esto supone un problema y un buen gasto de dinero, un campamento vale más que el colegio y que los horarios no son compatibles, yo porque ahora tengo un horario de verano, de no ser así hubiera tenido que pedir una reducción de jornada y sueldo", añade esta madre.

Sofía tiene dos hijos, uno con 15 años y otro con 11. En su caso, el mayor debe cuidar al pequeño hasta que empiece en los campamentos. La próxima semana el pequeño realizará uno de inglés y del 9 al 13 de julio otro en el Jardín Botánico de la Concepción. "En agosto no sé lo que voy a hacer", asegura cansada del problema organizativo que supone esta época del año en la que, además, elevan demasiado los precios. "Abusan de los campamentos, cinco días suelen salir por unos 60 euros, y eso sin comedor. Y luego tienes que buscar quien los lleve y los traiga, eso lo tendrían que arreglar de otra manera".

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