Málaga

La azarosa vida de la pandilla de la parada del autobús de Arriate

  • Jóvenes de la localidad confesaron su participación en un robo de ordenadores para justificar la presencia de sus restos biológicos en la caseta · Algunos vendieron imágenes del detenido a varias televisiones

María Esther Jiménez, la joven de 13 años encontrada muerta el pasado 20 de enero en Arriate, y el menor de 17 años detenido por su presunta implicación en su muerte formaban parte de la misma pandilla. Los jóvenes que conforman el grupo se han convertido estos últimos 15 días en estrellas mediáticas, siendo entrevistados por los numerosos medios de comunicación desplazados a Arriate para contar cómo era la joven, su actitud y un sinfín de detalles sobre su vida y comportamientos antes de aparecer asesinada de forma violenta con una piedra. Tras la detención del jueves todo cambió sustancialmente y varios de ellos decidieron callar y no hablar sobre su amigo y su comportamiento de cara a la cámara, aunque sí lo hacían cuando se apagaba el piloto rojo de la grabadora o la cámara de televisión.

La tragedia ha golpeado doblemente a una pandilla que se reúne cada día en la ya famosa parada del autobús, situada a la entrada del pueblo y frente a un salón de juegos recreativos que es muy frecuentado por los adolescentes arriateños. Aunque parece que el drama no ha sido tanto para algunos de ellos, que no han dudado en aprovechar la situación para hacer caja y sacarle su beneficio a un sucesos de esta magnitud que ha arrastrado hasta las calles del pueblo una auténtica avalancha de medios ávidos por conseguir algún detalle llamativo. Aquí hubo negocio para algunos aprovechados. Buena parte de las imágenes que han aparecido en las televisiones con el cartel de exclusivas no han salido gratis, pagándose cantidades que han oscilado entre los 100 y los 600 euros, según comentan los propios vecinos de la localidad. Incluso, alguno de ellos habría alardeado de los ingresos conseguidos en los bares, donde decía poder invitar esa noche, una vez cerrado el trato.

De forma involuntaria, la muerte de María Esther Jiménez también puede dejar en muy mal lugar a alguno de esos jóvenes a los que ella consideraba sus amigos por un asunto que nada tiene que ver con su asesinato, pero que sí esta relacionado con el lugar donde fue encontrado su cuerpo sin vida. La caseta de depuración de una piscina privada prácticamente en desuso que solían frecuentar algunos de los integrantes de la pandilla, así como sus alrededores, donde se reunían para hacer botellón en un lugar.

La caseta era un lugar conocido entre los adolescentes, y era utilizada con diferentes fines. Gracias a lo apartado del lugar y la falta de luz encontraban dos aliados perfectos para mantener relaciones sexuales o consumir algún que otro "porrillo" fuera del alcance de la mirada de los vecinos del pueblo, como reconocían varios jóvenes.

Pero no sólo para sexo y drogas. Fuentes próximas a la investigación confirmaron que se habría utilizado la caseta para esconder unos ordenadores del plan Guadalinfo de la Junta de Andalucía que fueron robados de un centro escolar de Arriate, lo que habría obligado a algunos de los participantes en este hecho a reconocer su participación en el robo, para así poder tener una coartada creíble que pudiese justificar la posible presencia de sus huellas o de algún resto biológico en la mencionada caseta.

El golpe ha sido duro en Arriate, ahora convertida en una localidad triste, donde muchos de sus vecinos lamentan este involuntario salto a la fama por culpa de esta muerte violenta que mancha, a juicio de muchos vecinos, la historia de una localidad tranquila donde nunca se han producido hechos de relevancia. "Somos una localidad acogedora, aquí hay musulmanes, rumanos y hasta chinos, y ninguno de ellos ha tenido problemas", dice Paco, un vecino que espera que fuera se sepa comprender que se ha tratado de un hecho muy concreto y que nada tiene que ver con que la joven fallecida y su familia no fuesen naturales de Arriate.

Ese era otro efecto temido, que hubiera implicados de la localidad. Las llamadas a la calma por parte de los padres de la víctima que han querido desvincular a la familia del detenido aportan sosiego, pero está por ver la incidencia para la familia del menor de tener que cargar ahora con este insoportable lastre.

La tranquilidad no se ha alterado y no parece que vaya a hacerlo, salvo que los acontecimientos virasen bruscamente. De hecho, la Guardia Civil procedió ayer a levantar el dispositivo especial de seguridad que se desplegó el pasado viernes, en prevención de alguna señal hostil hacia la familia del detenido. Son gente apreciada y asentados en Arriate desde hace varias generaciones. Nunca se les han conocido problemas con nadie. Estos días han decidido marcharse unos días fuera del pueblo, con destino hacia algún lugar de la Costa donde digerir el mal trago que están pasando.

Y no tendrán ni que cruzarse las dos familias por las calles del pueblo. Los padres de María Esther ya han iniciado el embalaje de sus pertenencias para marcharse a Paterna de Rivera, localidad natal de Carmen Villegas, madre de María Esther, y donde está enterrada la pequeña. Juan Isidoro Jiménez que se había quedado sin trabajo en Arriate ha encontrado uno en el pueblo de su esposa y no se lo han pensado. Esperan marcharse pronto, y únicamente tendrán que completar los trámites del expediente de traslado escolar de su hija pequeña, de tan sólo 4 años.

Las sacudidas del suceso han llegado también a la vecina localidad de Setenil, ya en la provincia de Cádiz, lugar de donde era oriundo el padre del menor detenido. Ahora trabajaban juntos y el jueves habían vuelto a su casa para almorzar a media mañana cuando los agentes de la Guardia Civil se personaron en el domicilio para proceder a la detención y practicar un registro en busca de pruebas inculpatorias.

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