Málaga

El 'botellón' nos pone flamencos

  • Las tiendas de alimentación asiáticas hacen caja gracias a este fenómeno que se multiplica en los días de fiestas en todas las ciudades

Las 18:00 como hora de clausura de la Feria del Centro parece que sabe a poco. Como si de un canto de sirena se tratase los jóvenes empiezan a llegar a esa hora a la Plaza de la Merced cargados de bolsas de plástico en las que portan sus pasaportes al desenfreno. Uncibay y Mitjana ya tenían un sobresuelo de trozos de vasos de plástico, tapones de botellas y bolsas de hielo vacías. Hay quienes defienden esta cultura; por los euros ahorrados y por la diversión. Hay que ponerse a tono antes de seguir con la fiesta y los chinos se frotan las manos cuando ven en las puertas de sus negocios colas para comprar los menesteres del botellón.

Un relaciones públicas intenta que un grupo de chicas entre a su garito, pero ellas le ignoran y prefieren esperar a que su amiga salga con la Fanta de naranja y unos vasos de litro. Más adelante, un corrillo de chicos beben de sus macetas, pero de verdad. Han comprado el típico tiesto marrón al que le han colocado un par de pajitas para beber su mezcla favorita.

Aunque la Feria se corte a las 18:00, miles de personas llenas las plazas hasta la noche

No hay nada que choque en un día de Feria normal: basura en el suelo, gente descamisada, menores con cervecitas, y muchas personas hablando demasiado alto en una plaza que huele a alcohol, orina y sudor. Unos minutos más tarde, y esta vez en calle Álamo, dos tipos en un Seat Blanco comienzan a piropear a dos chicas que iban caminando. "Te voy a tirar la cerveza por encima" le dice una de ellas, al conductor del coche, que aminora la velocidad para seguirles el ritmo. "Yo te voy a tirar otra cosa" responde mientras se ríe. Comienza el desfase.

Esta vez por calle Beatas, un joven vomita mientras sus acompañantes se burlan. "Mira cómo va éste" comenta alguno. El olor es insoportable y al girar a calle Juan de Padilla, una mujer que supera los 35 años le grita a un guardia de una discoteca: "tú te crees que pueden poner a un portero que no sea español en la Feria de Málaga. ¿Tú no serás guiri también no?".

En Uncibay, que es el epicentro del botellón, dos chicas empujan a una amiga para que se choque "sin querer" con un joven. A ella no termina de convencerle y decide aproximarse a la otra parte del grupo enfadada. A su derecha, unos chavales portan unas botellas de agua que contienen ron y una muchacha intenta beber de su tinto de verano cuando un chico decide darle un golpe para que éste le salpique la cara y la camiseta.

Estos son alguno de los estragos del botellón, que nos pone flamencos, y ofrece un pasaporte al desfase, que puede acabar siendo sellado por la policía, por una ambulancia o un buen puñetazo. Un viaje sideral al que se han subido jóvenes y mayores todas las tardes en la Feria malagueña, y que seguirán haciéndolo, porque cualquier excusa es buena para brindar.

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