Málaga

La chapa del techo de la estación llegó hasta la Plaza de la Merced

  • Una reorganización de urgencia permitió mantener todos los viajes usando 12 de los 39 andenes de la estación de autobuses, que el tornado ha dejado sin estructura metálica

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Circulaban ayer muchas anécdotas y chascarrillos en torno a los efectos del tornado que azotó el oeste de Málaga el domingo por la noche. Que cómo pudo desplazar el viento 70 metros una caja de cambios de un autobús de la EMT que pesa 500 kilos o cómo era posible que un trozo de chapa del techo de la estación de autobuses, una de las infraestructuras más dañadas por el inusual efecto meteorológico, llegara hasta la Plaza de la Merced. También se recogieron algunas de estas piezas metálicas en la Avenida de Andalucía.

Cientos de metros de la estructura metálica que resguardaba la estación de autobuses, construida en 1987 con un diseño del arquitecto José Seguí, volaron con el tornado y agravaron los daños registrados en los alrededores de la Plaza de la Solidaridad. Más de una docena de operarios se afanaban a media tarde para terminar de retirar las placas que dejaron inutilizada todo el día buena parte de la zona de andenes, después de que Limasa se hubiera llevado ya una veintena de contenedores de chatarra. Todos los cristales de la puerta principal estallaron debido al viento y las tiendas permanecieron cerradas durante toda la jornada.

La Empresa Malagueña de Transportes (EMT) es la encargada de su gestión. Según Miguel Ruiz, gerente de la empresa municipal, los 12 andenes que permanecieron en funcionamiento -los de la zona este, los que dan a la calle Roger de Flor- permitieron mantener en horario todos los viajes interurbanos previstos y aunque hubo algún retraso, no se produjo ninguna cancelación. Se duplicó el personal de vigilancia y se estableció un sistema manual de información. Cerca de 23.000 viajeros utilizan a diario estas instalaciones.

Ruiz, que visitó la estación junto al edil de Movilidad, Juan Ramón Casero, destacó el esfuerzo titánico para trabajar con la máxima diligencia posible. En la estación se estaban realizando en estos momentos trabajos de pintura y arreglo del suelo y el Ayuntamiento contactó con los contratistas para que ayer aportaran todo el personal disponible. La madrugada del lunes tocó no dormir, no sólo por los daños en la estación de autobuses, sino por los registrados en la nave de la EMT y en una treintena de autobuses, la mitad de ellos de importancia.

Las líneas urbanas tampoco se resintieron y los trayectos se cubrieron sin incidencias durante toda la jornada porque se echó mano del medio centenar de vehículos nuevos que han engordado la flota.

Lo peor de todo fue el susto y la sensación de que podía haber pasado una tragedia. El chico que atiende el ciber de la estación salió al oír un estruendo y nada más abandonar el local, toda la cristalera, que da a la calle, se vino abajo. La chica del quiosco de prensa había cerrado sólo unos minutos antes de que el tornado iniciara su camino devastador por Málaga. Ayer por la mañana, cuando los trabajadores hacían balance de los sucedido, no dudaban en asegurar que había sido "un milagro".

El andén central, que se quedó completamente sin techo, fue la zona más afectada y la entrada principal permaneció todo el día acordonada para evitar nuevos percances. Las chapas metálicas, además, se acumularon en la entrada de un garaje que hay frente a la estación tras golpear todo lo que encontraron a su paso. La vía que transcurre entre la Plaza de la Solidaridad y el Paseo de los Tilos permaneció cortada al tráfico por la mañana para que los operarios retiraran sin sobresaltos las piezas metálicas, las brozas y las placas de mármol caídas de las fachadas de los edificios del entorno.

Los curiosos se arremolinaban para seguir los trabajos de limpieza, hacían fotos con el móvil y contaban a quien quisiera escuchar su experiencia con el tornado.

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