Málaga

Enfermeros de Málaga: La ilusión y la responsabilidad de vacunar

  • Enfermeros se sienten orgullosos de hacer historia con la inmunización contra el Covid

  • Cuentan que muchos vacunados les piden que les hagan una foto para inmortalizar el instante del pinchazo

Profesionales encargados de la vacunación en el Hospital Clínico. Profesionales encargados de la vacunación en el Hospital Clínico.

Profesionales encargados de la vacunación en el Hospital Clínico. / M. H.

Saben que están haciendo historia. Por eso, los enfermeros que ponen la vacuna contra el Covid están orgullosos de llevar la anhelada inmunización a cientos ancianos de residencias, trabajadores de los geriátricos e incluso a sus compañeros del hospital o el centro de salud.

Parte de los profesionales del Hospital Regional que ponen la vacuna del Covid. Parte de los profesionales del Hospital Regional que ponen la vacuna del Covid.

Parte de los profesionales del Hospital Regional que ponen la vacuna del Covid. / M. H.

“Algunos lloran de emoción y alegría cuando los vacunamos”, relata Alicia Aguilera, enfermera de Medicina Preventiva del Clínico y superviviente del coronavirus. Por su larga trayectoria, le tocó vivir la crisis del VIH. Pero confiesa que nada como esta pandemia.

Alicia Aguilera, de Medicina Preventiva del Clínico. Alicia Aguilera, de Medicina Preventiva del Clínico.

Alicia Aguilera, de Medicina Preventiva del Clínico. / M. H.

“Yo superé el Covid. No tuvieron que ingresarme, pero lo pasé un poco mal. Por eso estoy orgullosísima de mi trabajo. Lo vivo con esperanza, porque es un rayito de luz y porque lo vamos a conseguir. Esto será una pesadilla que podremos contar”, reflexiona.

Su compañero del Clínico José Carlos Anaya, jefe de bloque de Apoyo al Diagnóstico, cuenta un detalle en el que coinciden otros testimonios: muchas personas a las que inoculan les piden que les saquen una foto para inmortalizar el momento del pinchazo. “Así que somos vacunadores y fotógrafos”, bromea.

José Carlos Anaya, enfermero del Hospital Clínico. José Carlos Anaya, enfermero del Hospital Clínico.

José Carlos Anaya, enfermero del Hospital Clínico. / M. H.

“Casi todos quieren una foto de cuando los vacunamos. Y eso nos da alegría porque es una manera de generar euforia y confianza”, comenta. Añade que es una inmunización histórica porque cada vez que se pone una dosis se está un poco más cerca de la necesaria inmunidad de grupo que hará de cortafuego al virus. Admite que es una labor intensa, aunque acota:“Pero es muy reconfortante porque avanzamos poco a poco contra la enfermedad”.

"La vacunación es un trabajo en equipo, hay muchos eslabones. No es sólo pinchar”

Los enfermeros son los vacunadores. Pero no sólo eso. “El pinchazo es lo de menos. Eso es un momento. Lo peor es toda la organización que hay detrás”, aclara Anaya. Pablo Fernández Plaza, director de Enfermería del Clínico, es el responsable de coordinar a los cinco equipos de vacunación del hospital y una pieza fundamental de este engranaje preventivo. Desde este centro sanitario se destaca que su trabajo y el de esos grupos es lo que ha posicionado al Clínico “muy a la cabeza” en la inmunización.

Equipo de formadores de vacunadores del Regional. Equipo de formadores de vacunadores del Regional.

Equipo de formadores de vacunadores del Regional. / M. H.

Los enfermeros no sólo se encargan de inyectar la vacuna. Son también los responsables de la logística, de la conservación, de la vigilancia de las dosis, del registro de la inmunización y de la notificación de eventuales efectos adversos.

Cristina Santoyo, enfermera de Vigilancia de la Salud del Hospital Regional. Cristina Santoyo, enfermera de Vigilancia de la Salud del Hospital Regional.

Cristina Santoyo, enfermera de Vigilancia de la Salud del Hospital Regional. / M. H.

Para Cristina Santoyo, enfermera de Vigilancia de la Salud del Hospital Regional, participar en esta campaña es “emocionante”. Recuerda que no es igual que la de la gripe; sino que es una iniciativa de inmunización para contener una pandemia. “Es muy importante. Además, vemos la ilusión con la que vienen los compañeros del hospital a que los vacunamos”, sostiene. Aunque inocula a profesionales que trabajan en un centro sanitario, apunta que tiene que explicar aspectos del fármaco y tranquilizarles sobre sus inquietudes.

“El acto vacunal no es sólo pinchar. Es también informar al paciente que es una vacuna eficaz y segura”, comenta. Confirma la petición que muchos les hacen de una foto para plasmar el instante histórico del pinchazo. Destaca también la “magnífica organización” fruto de un “trabajo en equipo”. Insiste en que aunque unos pocos inoculan las dosis, hay “muchos eslabones más”. Y enumera:los servicios de Medicina Preventiva, Vigilancia de la Salud, Atención de la Ciudadanía, todo el equipo directivo y el personal de enfermería.

Una sanitaria con los frascos ya vacíos de la vacuna. Una sanitaria con los frascos ya vacíos de la vacuna.

Una sanitaria con los frascos ya vacíos de la vacuna. / M. H.

Como sanitaria aprovecha para lanzar un mensaje a los ciudadanos. Advierte que hasta que no haya una inmunidad de grupo –algo que no se consigue hasta que no se haya inoculado más o menos el 70% de la población–, es imprescindible que tanto no vacunados como vacunados cumplan a rajatabla las medidas de prevención dado que aunque estos últimos ya no se contagien, debido a lo reciente del fármaco, se desconoce si transmiten o no el virus.

"Vacunar da un rayo de luz. Lo vamos a lograr y será una pesadilla que podremos contar”

Otra pieza imprescindible en esta campaña son los enfermeros de los centros de salud. Sobre ellos recae la responsabilidad de inmunizar a los ancianos de las residencias, a sus trabajadores y a los compañeros de atención primaria. Antonio Domínguez, coordinador de Cuidados del centro de salud de Alhaurín de la Torre, explica que la vacunación es clave para que cada persona no se contagie. “Pero también por los demás, para no transmitir el virus”, añade.

El equipo de Alhaurín de la Torre. El equipo de Alhaurín de la Torre.

El equipo de Alhaurín de la Torre. / M. H.

Él sabe de sus efectos demoledores. A punto estuvo de ser hospitalizado con Covid al inicio de la pandemia. “Estuve muy mal en casa”, recuerda. Por eso apunta que “iniciar la prevención te ilusiona, porque existe un futuro”. Además, se muestra orgulloso de que su centro haya estado entre los primeros que empezaron la campaña.

María Eugenia Valdés (izquierda), con sus compañeros del centro de salud La Roca. María Eugenia Valdés (izquierda), con sus compañeros del centro de salud La Roca.

María Eugenia Valdés (izquierda), con sus compañeros del centro de salud La Roca. / M. H.

María Eugenia Valdés es la coordinadora de enfermería del centro de salud La Roca. Se ha tenido –y tiene– que poner muchas veces el EPI. Para hacer una PCR, para atender a un infectado en domicilio o para asistir a un caso sospechoso de Covid. Esta pandemia “es lo más difícil y agotador” que le ha tocado vivir en sus 25 años de enfermera. Cuenta cómo se sintió cuando empezó la campaña: “Con las primeras jeringuillas que tuve que cargar me temblaban las manos porque estaba manejando oro líquido; porque esta inmunización es un paso en la historia”.

Rafael Poyatos, del centro de salud de Ciudad Jardín, vacuna a una compañera. Rafael Poyatos, del centro de salud de Ciudad Jardín, vacuna a una compañera.

Rafael Poyatos, del centro de salud de Ciudad Jardín, vacuna a una compañera. / M. H.

Rafael Poyatos, enfermero en el centro de salud de Ciudad Jardín, cuenta que además de a ancianos de residencias, a sus profesionales y a los compañeros del ambulatorio, también han inmunizado a personal de los hospitales privados. “Yo las pandemias sólo las había visto en los libros”, reconoce. Cuando la crisis del ébola aprendió a ponerse el EPI, pero con aquella crisis sanitaria, los equipos se quedaron en las cajas. Esta vez no. Ya se ha tenido que poner el EPI muchas veces.

Se siente “orgulloso” como enfermero de ser “una pieza clave del sistema”. Pero admite que también “frustrado” por esa pequeña parte de la población que incumple las normas. Él, que ha atendido a ancianos enfermos en sus casas o sanos, pero confinados para no contagiarse; cree que lo menos que se merecen es que acatemos a rajatabla las medidas para no propagar el virus.

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