Málaga

Los jardines del aeropuerto y de la UMA se regarán con agua reciclada

  • Emasa descarta el riego de chalés por los exigentes requisitos sanitarios que se imponen

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Los jardines de Parcemasa, del aeropuerto, del campus universitario de Teatinos, y de los campos de golf de Guadalhorce y Guadalmar serán regados con agua reciclada. Es el objetivo del proyecto que están a punto de firmar la sociedad estatal Acuamed y la Empresa Municipal de Aguas de Málaga (Emasa) para construir una nueva planta de tratamiento terciario en la depuradora del Guadalhorce, una vez que se ha descartado por completo el hacerla en el Peñón del Cuervo que preveía regar unas 60 hectáreas de zonas verdes de los alrededor de 800 chalés distribuidos en la zona este de la capital y que exige cumplir estrictos requisitos sanitarios para que el agua reciclada pueda ser usada por los privados.

Desechado ese proyecto, el convenio acordado ahora entre ambas supondrá un desembolso de 15 millones de euros, de los que el 50% serán cubiertos con fondos europeos y el resto deberá asumirlo Emasa aunque financiado por Acuamed en un plazo de 50 años. En ese importe estaría incluido tanto la construcción de la planta para tratar el agua residual como la red de tuberías que llevará el agua ya reciclada hasta los jardines públicos previstos, según pudo saber este periódico y que confirmó el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Málaga.

Al parecer, el proyecto ya ha sido redactado por la propia Emasa y una vez que se firme el acuerdo, algo que se prevé que ocurra en marzo, comenzará la tramitación con la intención de que la obra pueda empezar a hacerse en el plazo de un año.

Con esta nueva planta de tratamiento terciario, que se suma a la que ya existe en la depuradora del Guadalhorce y cuya agua reciclada se destina íntegramente a los sistemas de refrigeración de la central térmica de ciclo combinado que Gas Natural tiene instalada en Campanillas, los cálculos de Emasa es que se dispongan de 400 litros por segundo y que sería suficiente para regar los jardines previstos, e incluso el campo de golf proyectado en Santa Tecla en el caso de que llegue a construirse en un futuro.

La inversión de 15 millones de euros suple a los 20 millones en los que se había estimado el proyecto en el Peñón del Cuervo dado que la red de tuberías en ese caso iba a ser más costosa dada la mayor distancia entre la depuradora y las urbanizaciones a las que pretendía atender.

La realización del proyecto y la obra, que iba a permitir incorporar el sistema terciario de depuración en la planta del Peñón del Cuervo de Málaga, fue incluso adjudicada en 2010 a la empresa Befesa por un importe de cinco millones de euros y se calculaba que estaría lista para funcionar el año pasado, si bien no se llegó a firmar el contrato definitivo por falta de acuerdo con la Junta de Andalucía sobre las autorizaciones que permitieran regar los jardines privados con el agua resultante. Según los cálculos iniciales, la estación depuradora que da cobertura a la zona este de la capital produciría diariamente más de 4.000 metros cúbicos de agua reciclada.

La segunda fase del proyecto sería la ejecución la red de riego que iba a llevar este agua a todas las urbanizaciones del litoral este y que se cifró en 15 millones de euros. La Junta de Andalucía llegó a comprometerse en 2010 a autorizar a Emasa el uso del agua residual reciclada por la estación depuradora del Peñón del Cuervo en las zonas verdes propiedad de particulares después de siete años en los que ambas administraciones estuvieron inmersas incluso en un proceso contencioso-administrativo. El requisito era mantener unos controles sanitarios exhaustivos para garantizar la seguridad de los usuarios que se abastezcan de este agua y en ese caso sería la Consejería de Salud la que debía emitir el visto bueno a la autorización. Pero al final todo quedó en el aire.

Emasa ya lleva varios años utilizando agua reciclada para el baldeo de calles, la limpieza de los colectores y el riego de jardines públicos, aunque no se pueden usar aspersores ni regar en zonas donde haya viviendas a menos de cien metros para evitar que alguien pueda ingerir este agua por error.

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