Málaga

La lucha de los pueblos pequeños por sobrevivir

  • Atajate es la localidad más pequeña de la provincia con 167 habitantes

  • Se agarran al turismo de naturaleza, a alguna obra o 'cheques bebé' para no desaparecer

La población total de los 10 municipios más pequeños de la provincia de Málaga cabría en un par de las grandes urbanizaciones que se han construido en Teatinos o Parque Litoral en la capital. El interior está cada vez más despoblado, el núcleo de personas mayores de 50 años ha crecido en el 80% de los municipios y en seis de cada diez localidades ha disminuido el número de niños en la última década. Los grandes municipios tienen suficientes habitantes para compensar la reducción de nacimientos, pero es una sangría en los pequeños, donde no es fácil salir adelante y donde los alcaldes tienen que estrujarse el cerebro para que sus localidades se mantengan vivas.

Atajate es el pueblo con menos habitantes de Málaga. Según el último padrón del INE cuenta con 167 ciudadanos. Su alcaldesa es la socialista María Auxiliadora Sánchez y asegura que "el único recurso que tenemos es el PER y alguna obra que hagamos". El presupuesto municipal es de un millón de euros y Sánchez afirma que la esperanza para sobrevivir la tienen puesta en el turismo. "El futuro que queremos es que vengan turistas al pueblo porque otra cosa es difícil", señala la regidora, que, pese a la escasa población de la localidad, precisa que tienen tres restaurantes y un hotel. Este verano van a poner en marcha una tirolina subvencionada por la Diputación y han entrado, junto a Alpandeire y Jimera de Líbar en una ruta turística de Fray Leopoldo. La alcaldesa adelanta que también quieren hacer una residencia para personas mayores para generar algún empleo. "A ver si entre todo ingresamos algo en el pueblo", dice Sánchez, que pide a la Diputación que "mire un poco más hacia los pueblos porque si no vamos a desaparecer".

Fuentes de Diputación indican que, desde que el PP llegó al gobierno supramunicipal en 2011, han invertido 42,5 millones de euros en transferencias a los 17 municipios de menos de 500 habitantes existentes en la provincia, con una media de 6,5 millones de euros anuales, un 74,8% más.

El segundo municipio con menor población es Salares, enclavado en la Axarquía. El padrón reza que tiene 175 habitantes, aunque el alcalde, Pablo Crespillo, también socialista, afirma que "hemos subido y estamos rozando los 200". Todo su censo cabe en un trozo de la calle Larios pero eso no desanima a este regidor, que tiene varias ideas en la cabeza que narra con pasión. "Estamos haciendo muchas políticas sociales. El año que viene queremos implantar el cheque bebé municipal y estamos analizando qué cantidad dar. También queremos crear algún empleo con alguna obra y, sobre todo, darnos mucho a conocer porque uno de nuestros problemas es que no somos conocidos". El alcalde de Salares apunta que quieren aprovechar el tirón del parque natural Sierra Tejeda Almijara y para ello van a arreglar una ruta de senderismo, van a hacer un mirador y quieren edificar un albergue. Crespillo explica que la clave "es el euro". "Si tienes trabajo en el pueblo te quedas, pero al final vives donde trabajas y muchos se van a otros sitios", relata. Además del turismo, Salares quiere promover el filón del cultivo del aguacate que se extiende por la Axarquía para que haya vecinos que se puedan dedicar a eso.

Parauta (209), Benadalid (223), Júzcar (226), Alpandeire (244), Faraján (248), Pujerra (307), Jimera de Líbar (396) y Alfarnatejo (397) completan la lista de los 10 pueblos con menor población de la provincia. La mayoría están en la Serranía de Ronda y cada uno se busca la vida como puede, sobre todo cuando los accesos por carretera suelen ser complicados. Júzcar, por ejemplo, tiró de pitufos para ser conocida y atraer turistas. En Pujerra, la economía de sus vecinos está vinculada principalmente al cultivo de la castaña y al trabajo que se genera en la construcción y el sector servicios en la Costa del Sol y Ronda. Al igual que ocurre en la mayoría de estas pequeñas localidades, la tranquilidad es uno de los aspectos que más resaltan los pujerreños a la hora de valorar lo mejor de su pueblo, además del entorno en el que se encuentran enclavados. Eso sí, entre sus estrelladas callejuelas adornadas por flores que destacan sobre sus paredes blancas, resulta complicado encontrar muchos viandantes, siendo muchos de ellos ya mayores.

Aunque las cifras oficiales reflejan que el municipio cuenta con 307 habitantes, sus vecinos mantienen que de forma continuada serán unas 100 las personas que hacen la vida diaria en el pueblo, ya que muchos solo regresan los fines de semana o están diferentes temporadas fuera por motivos labores. De hecho, en los últimos meses unos diez jóvenes se han marchado del municipio al encontrar trabajo, algo que aseguran que se nota mucho. Así lo reconoce Rosario, la propietaria de la única tienda que permanece abierta en la localidad y que afirma notar de forma considerable la marcha de estos jóvenes. En su tienda se puede encontrar casi de todo, no solo alimentos, también mercería, y aunque durante mucho tiempo asegura que fue una buen modo de vida, ahora, con la pérdida de habitantes, el negocio también decrece y lleva ya varios años pensando en la posibilidad de cerrar sus puertas, aunque hasta el momento sigue resistiendo y atendiendo a sus clientes desde la madrugada hasta la noche.

Buena parte de sus vecinos son mayores, aunque en estas fechas destacan que hay más de una decena de alumnos en el colegio y algunos niños pequeños. "Ahora no estamos mal", comenta una vecina mientras hace recuento de los más jóvenes junto al carrito en el que traslada a su nieto, uno de los más pequeños del municipio. Aunque muchos pujerreños se tuvieron que marchar buscando mejores oportunidades, también hay casos de alguna llegada, como es el caso de Ángeles, una malagueña que decidió hace ocho años hacer las maletas en su Málaga natal y trasladarse junto a su marido a Pujerra, localidad en la que ambos encontraron una oportunidad de trabajo en las castañas, la pequeña construcción y el cuidado de ancianos, a lo que ahora se dedica ella. De momento, señala que permanecerá en la localidad mientras tenga trabajo, aunque sus hijos siguen viviendo en Málaga.

Y mientras en las altas esferas políticas hablan de planes contra la despoblación, en Pujerra tienen claro que sus castaños son su garantía de subsistencia, aunque los vecinos están pendientes de la plaga de la avispilla y temen que la falta de medidas para luchar contra ella de forma más eficaz pueda acabar con su forma de vida. "Entonces sí que estaríamos muertos", sentencia uno de sus vecinos.

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