cumbre internacional

Los males de la globalización desigual

  • El Foro España Japón sirvió para analizar la erosión en la convicción de la integración entre países

  • El deterioro de la clase media, clave para entender el auge de las fuerzas populistas

El profesor Motoshige Itoh, la moderadora Cristina Manzano y el decano Manuel Muñiz. El profesor Motoshige Itoh, la moderadora Cristina Manzano y el decano Manuel Muñiz.

El profesor Motoshige Itoh, la moderadora Cristina Manzano y el decano Manuel Muñiz. / javier albiñana

La globalización es un proceso complejo, que en los últimos tiempos se ha acelerado a un ritmo exponencial y que está cambiando nuestra manera de entender la sociedad a pasos agigantados. Ante eso, una población temerosa de perder su statu quo social se decanta cada vez con más frecuencia por opciones políticas que ofrecen soluciones fáciles a problemas para los que será necesario emplear décadas para poder resolver. Esa fue la principal preocupación que sobresalió de la intensa jornada de trabajo que puso el culmen a la XIX edición del Foro España Japón.

Dos intelectuales, uno por cada país, se encargaron de dar su visión sobre un problema que amenaza los mismos cimientos de la democracia. "Están apareciendo nuevas fuerzas políticas que se basan en la erosión de la democracia liberal. Tan solo hay que ver las encuestas en Europa: cada vez hay más personas que apoyan el autoritarismo", reflexiona Manuel Muñiz, el decano de la IE School of International Relations, escuela de negocios especializada en formación de liderazgo mundial. Su contraparte en la ponencia, Motoshige Itoh, profesor de la Universidad de Gakushuin (Tokio), cree que el "choque agresivo" entre capitalismo y globalización no es positivo.

La reforma del sistema educativo y fiscal se antojan como claves para un futuro próspero

Ello no significa, coinciden ambos, que haya que deshacerse del sistema económico actual ni que haya que desechar la globalización e integración entre países como herramienta fundamental para el futuro, tan solo hay que tratar de "redactar un nuevo contrato social entre las élites y las clases medias y trabajadoras", como defiende Muñiz. Él argumenta que en el siglo XIX, cuando la desigualdad entre ricos alcanzó cotas desorbitantes, hubo revueltas que acabaron con la extensión del sufragio a todas las clases sociales y con el nacimiento del Estado del bienestar.

Algo parecido a lo de entonces tendría que ocurrir ahora, un nuevo acuerdo entre clases de cara a evitar tensiones mayores en el futuro. Y la disconformidad de muchos ciudadanos aumenta por la "progresiva erosión de las clases medias, que antes tenían una función redistributiva de la renta" y que ahora se han visto despojadas de su función en la sociedad. "Y para colmo, cuando los Gobiernos tienen problemas de balance fiscal aumentan los impuestos a las clases medias, no al capital, lo que agrava el problema", añade.

Para tratar de solucionar este ciclo de calamidades que llevan a Occidente a chocar contra el muro que ya vio en siglos pasados, Muñiz propone una transformación del sistema educativo para hacer a las nuevas generaciones competentes de cara a los empleos del fututo, una transformación de los sistemas fiscales para que los estados no dependan tanto de las rentas del trabajo y lo hagan más de las del capital, nuevos mecanismos redistributivos como son las rentas básicas universales -que se están probando ya en países europeos como Finlandia-, y un mayor concepto de sostenibilidad empresarial.

Lo contrario, la inacción política, podría llevar a partidos y candidatos de corte populista al poder, como ocurrió en las últimas elecciones de Estados Unidos con la elección de Donald Trump como presidente. Ambos ponentes coinciden en que el cambio no puede venir por parte de opciones políticas que cuestionan el libre mercado y el comercio internacional, del que dependen 30 millones de puestos de trabajo en la UE. En el polo opuesto a estas preocupaciones está Japón, nación en la que no ha surgido ninguna fuerza extremista. Según el profesor Itoh, "el sistema [japonés] tiene muchos mecanismos para evitar el auge de los populismos. Allí la gente es muy escéptica a los grandes cambios, saben que son imposibles".

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