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“Los padres deben encontrar momentos de conexión placentera con los hijos”

  • Profesionales debaten para tratar mejor los problemas en la infancia y la adolescencia

Susana Ortigoso. Susana Ortigoso.

Susana Ortigoso. / M. H.

Son tiempos en los que las prisas y las exigencias se imponen. Épocas de padres, docentes y sanitarios desbordados. Y los profesionales de distintos ámbitos que trabajan con niños y adolescentes aconsejan parar y reflexionar. “Conexión, conexión, conexión y placer. Los padres deben encontrar momentos de conexión placentera con sus hijos”. Es el consejo básico que da la psicóloga clínica y organizadora del VI Foro de Infancia y Adolescencia, Susana Ortigoso.

Pese a las obligaciones laborales y domésticas, dice que hay que propiciar momentos compartidos en los que haya auténtica conexión. No basta con estar físicamente con ellos, hay que estar también emocionalmente. Puede servir jugar, hablar, ver una película, andar en bici o cocinar.

Ortigoso advierte que los niños están hoy en día en manos de adultos “desbordados”, sean sus padres, sus maestros o sus sanitarios. “Y un adulto desbordado no puede contener a un niño”, aclara.

El Foro celebrado en el Clínico apunta justamente a que todos los profesionales que trabajan con la infancia y la adolescencia en instituciones sanitarias, judiciales o educativas reflexionen para mejorar su atención. “Yes imposible pensar en el trabajo con niños y adolescentes sin incluir a los padres”, matiza la especialista en psicoanálisis en esas etapas, Beatriz Janin. “Tenemos que ayudar a los padres a pensarse y a pensar en el niño como un ser independiente”, añade. A reflexionar, dice, para desterrar la culpa y la hostilidad en las relaciones padres-hijos.

Ortigoso compara la vida con una partida de cartas. Cada uno trae su propia baraja, pero luego la partida puede variar según cómo se juegue. “A los niños se los convierte en pacientes de Salud Mental a edades cada más tempranas”, alerta.

Esta psicóloga defiende que antes que etiquetar con celeridad los síntomas de un niño –su fracaso escolar, su conflictividad, su falta de atención o su excesiva actividad– bajo el nombre de una patología, es mejor entenderlo. Y aclara que para ello, no sólo hay que pararse a analizar su historia, sino también la de sus padres. “Saber lo que le pasa a un niño es de lo más complejo que existe. Más que preguntarnos ¿Este niño qué tiene? debemos preguntarnos ¿Este niño de qué sufre?”, agrega.

Porque, en su opinión, poner un diagnóstico no siempre es una ayuda. “Los niños se están haciendo y poner una etiqueta puede ser peor. Los niños se construyen con nuestra mirada. Uno se puede valorar si se ha sentido valorado por la mirada de los otros”, explica.

Por eso, recomienda que más que obediencia hay que buscar la colaboración del niño o del adolescente. “Tiene que haber límites, pero desde el cuidado. Si le dejo la tablet durante horas y horas, no le estoy cuidando”, advierte. El toque de atención a la hora de fomentar la conexión y la humanización no sólo es para los padres, sino también para todos los profesionales que trabajan con niños y adolescentes.

Ortigoso reconoce que preparar a los hijos en una sociedad tan competitiva angustia a los padres y que la escuela cada vez exige más. Los niños están más exigidos. “Y sin embargo, falta conexión. Entre los padres y los hijos y entre la familia y la escuela”, agrega. E insiste en que el vínculo ayuda a obtener buenos resultados. Y como ejemplo pone que en aquellas asignaturas en las que nos sentimos más motivados siempre obtenemos mejores notas.

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