Málaga

"La realidad es tan cambiante que lo de siempre vuelve a ser nuevo cada día"

  • El fotógrafo asegura que el turismo debe de ser bienvenido, pero no a cualquier precio porque se corre el riesgo de que lo genuino, el origen, quede sepultado bajo las franquicias y los decorados de cartón piedra

Pepe Ponce a través del objetivo de una cámara, junto a los grafitis de El Pimpi. Pepe Ponce a través del objetivo de una cámara, junto a los grafitis de El Pimpi.

Pepe Ponce a través del objetivo de una cámara, junto a los grafitis de El Pimpi. / reportaje gráfico: javier albiñana

Pasear con Pepe Ponce es detenerse y saludar a la estatua humana que hace de jugador de tenis teñido de plata, dar una moneda al flautista insistente, inmortalizar a Fernando tras el mostrador de la cafetería Doña Mariquita, tomar un café con churros, pararse con Lucio Romero, hacer una foto a la persiana de Deportes Zulaica que se cierra para siempre. Pasear con Pepe Ponce es observar y aprender a mirar de otra manera, saber que la Málaga de las últimas cuatro décadas ha pasado por su objetivo y tener la certeza de que más aún que la imagen su conquista ha sido el alma humana. Fotógrafo por pasión y maestro de vocación, ahora lo que le vuelve loco es ejercer de abuelo con sus tres nietos.

-¿Cómo se inició en la fotografía?

-Me inicié con unas gafas viejas de mi padre. Siempre me ha gustado inventar e investigar y descubrí el efecto de las lentes, me obsesionó el tema de la imagen. Digo siempre que nací dentro de una cámara fotográfica. Mi habitación tenía las paredes encaladas y postigos en las ventanas, de modo que quedaba totalmente oscura. Pero por los agujeritos se colaba un haz de luz que proyectaba una imagen en la pared, escenas fantasmagóricas, deformadas, de la gente que pasaba por la calle principal del pueblo. Estaba dentro de una cámara oscura y así me inicié.

-¿No quiso ser profesional de la fotografía?

-Nunca, porque yo me aburro en cuanto hago tres cosas seguidas. Cuando ya conozco un poco o domino la técnica paso a otra cosa.

-Ha sido maestro hasta su jubilación...

-Sí, la enseñanza ha sido también vocacional. Me quedé con una clase de niños difíciles, en el PUA de El Palo. En un taller empecé a aprender fotografía y la utilicé como base para el lenguaje. Niños que llevaban una eternidad sin dar un paso, que eran tildados de ignorantes, conseguí que en tres meses leyeran y escribieran. La enseñanza con la imagen es brutal y los resultados fueron magníficos.

-¿Uno puede ser imparcial tras el objetivo?

-No, siempre se elige un punto de vista, pero yo lo intento hacer de manera amable y sin dañar a nadie. Si puedo resaltar algo positivo, lo hago.

-¿Por qué ha querido ver la ciudad a través de un objetivo? ¿Se aprecia una realidad distinta desde esa óptica?

-Sí, cambia de una manera brutal tras la cámara. Lo que he observado es que la política está por todos lados y que cuando la prensa es testigo ves cómo se sitúan, se apartan, se quitan de en medio, es una lectura automática que se hace tras el objetivo.

-¿Elige temas concretos o camina por la ciudad a ver lo que encuentra?

-Como fotógrafo cotidiano de todo empiezo a andar por un sitio con la idea de llegar a otro pero sé que nunca llego a ese punto, siempre hay alguien que te llama, algo novedoso, algo que ocurre... Todo lo que encuentras por el camino queda en esa trama que me va a servir después para contar otra fotografía.

-Hábleme de algún trabajo que le gustara especialmente...

-Durante años hice fotos de El Bulto. Conecté con la gente, me metí en sus casas, los veía en el mercado, me tomaba café con ellos... Supuso una convivencia, ya no era un bicho raro y así pude sacar la parte más interesante. Tengo sensaciones maravillosas de El Bulto, he tenido el placer de vivir allí integrado como si fuera uno más. Allí retraté un barrio obrero que convirtió en una zona decrépita y que era, realmente, un bomboncito para la especulación.

-Lleva cuarenta años retratando a Málaga y sus gentes, ¿lo que quiere captar realmente es el alma humana?

-Posiblemente. Cuando vas a un barrio humilde te das cuenta de que la gente es más amable y más auténtica que el señor educado con másteres, reales o no reales, que es mucho más ficticio. Cuando ellos perciben que lo que te interesa es el barrio, la gente, todos se vuelcan, te invitan, te meten en su casa, te conviertes en una persona querida.

-¿Cómo ha visto la evolución de la ciudad?

-Málaga ya no se sabe lo que es. Cuando las ciudades pasan a ser impersonales, de cartón piedra o un parque temático ya no son lo que eran. Esta es una zona que por su clima, por la forma de ser de su gente atrae al que viene y se queda. Pero lo hacía en la costa y Málaga se quedaba al margen. Hemos trabajado para atraer a esta industria importante pero cuando se sobrepasa el límite, malo. Los cambios drásticos y radicales en los que se expulsa el origen, la industria y el comercio malagueño, el habitante autóctono, para convertirse en espacios turísticos, en lluvia de celebraciones de fines de semana, no me gustan.

-¿Qué se debería hacer?

-El Ayuntamiento tendría que reaccionar para no mostrar una Málaga tópica que no debiera ser. La ciudad tiene todos los elementos para ser un paraíso, pero talas los árboles, quitas los animalitos y poner bloques ya no es un paraíso. El origen tiene que estar, el turismo es bienvenido pero en el momento que se sobrepasa y se desplaza la población y se altera lo que era genuino, estamos perdiendo la esencia. Las calles comerciales, ya en cualquier lugar de Andalucía, son franquicias todas.

-¿Con los pisos turísticos y la oferta hotelera, se está echando del centro al malagueño?

-Sí, se está convirtiendo en inhabitable para una persona normal. Hay que buscar que la calidad esté por encima de la cantidad. La joya de la corona no puede ser el turismo a cualquier precio, sino cierto turismo y de cierta manera. La mesura tiene que estar por encima de los excesos, que es lo que hace que la población se desplace y que todo sea de mentira. Y cuando algo es de mentira llega la ruina.

-¿Cuáles cree que han sido las decisiones menos acertadas en esta evolución?

-Había barrios que han desaparecido y que hubieran tenido una intencionalidad, en ciudades como Córdoba y Sevilla han sabido ver que lo propio es rentable. Esto no consiste en demoler casas viejas y espacios protegidos que se han dejado morir en la ruina. Rehabilitados y puestos en valor procurarían un turismo más interesante y sostenido y darían una visión de Málaga más completa.

-¿La Mundial debería de protegerse, por ejemplo?

-A pesar de que hay mucha controversia, creo que ese edificio está ahí perfectamente situado y que no podemos saturar el centro con otros enormes. Debería de conservarse, pero cuanto más tiempo pase, cuando quieran darse cuenta, lo único que vamos a conservar son las mallas verdes que tiene alrededor.

-¿Y los cambios más positivos que ha visto?

-La recuperación de la calle Larios para el peatón fue importantísima, a pesar de la negativa del pequeño comerciante que creía que el coche tenía que estar. Pero es verdad que lo que era positivo se ha convertido en un desfile, en un lugar demasiado cargado de actividad. La Málaga peatonal está perdiendo su función por el exceso. En el momento que se llena de sillas, terrazas, ruidos, follones, de diversión barata, sin topes ni censuras pierde su entidad. Tenemos que ofrecer una gastronomía maravillosa, una temperatura y un ser del malagueño que no se da en otro lugares y el que viene lo ve y trata de aprovecharse, como es lógico. Pero entonces se va y nos deja una ciudad sin malagueños.

-¿La Alameda será un espacio recuperado con la obra del Metro?

-Del Metro es cuestionable hasta donde llega y donde no, pero lo cierto es que convertir parte de la Alameda en peatonal y que no se llene de una marabunta de terrazas, bicis y patinetes será bueno. Pero hay que controlar esto. La prolongación del centro se está llevando al Soho. El barrio de las artes tiene un título muy bonito pero lo que realmente se está trasladando allí es la restauración que no cabe en el centro. Espero que se haga simplemente un paso de peatones, sin patinetes, sin bicicleta, sin ningún vehículo. El peatón al final es el último desgraciado y reivindico una calle con un muro de contención, con una reja o una valla para que el paseo sea posible. Y que la proporción de establecimientos que generen ruidos y problemas se mida.

-Volviendo a su calidad de docente, ¿cuál es el principal problema del sistema educativo?

-Pues su irrealidad, los políticos no conocen la realidad de las aulas. Se tiene que enseñar algo que tenga utilidad y cuidar mucho el aspecto humano. Y ahora las reuniones, la burocracia, las programaciones, en los artículos, los reglamentos, te encorsetas y eso se pierde. Antes el maestro era una persona respetada. Ahora, y ocurre en todos los sectores, hemos llegado a una sociedad que cada vez es menos humana. Se crea una sociedad ficticia. El afecto es el nutriente de esta y todas las sociedades y si eso lo dejamos de la mano y no lo atendemos, malo. Estamos construyendo el señor robot, domesticado y sometido.

-¿La gente ya no conecta?

-La gente va por la calle con el teléfono, hablando, sin ver por dónde va ni con quién tropieza. La tecnología está muy bien pero no hay una educación comprometida y seria de base para saberla emplear bien. Cuando estamos más informados estamos peor y más desconectados.

-¿Qué foto no ha hecho todavía y le gustaría hacer?

-La que quiero hacer es esa foto que no sabes ni cuándo ni dónde vas a hacerla. Lo bueno y hermoso suele ser lo más espontáneo.

-¿Hace fotos a diario?

-Sí. Puedo hacer fotos de sitios por los que he pasado millones de veces, pero es que la realidad es tan cambiante que lo de siempre vuelve a ser nuevo cada día. Y cobra una nueva perspectiva porque tu mirada cambia con la experiencia y la edad. Málaga muere y revive todos los días, como las personas. También me gusta agarrarme a mis raíces, a mis lugares de siempre, donde encuentro personas, una sonrisa y un contacto directo, una atención. Me gusta observar, sentarse en una mesa y mirar.

-¿Alguna vez sale sin su cámara?

-No, a no ser que sea por error. Siempre dejo todo preparado en la mesilla. Por la noche vuelco las fotos, cargo la cámara y está preparada para salir al día siguiente. Hago varios gigabytes, varios cientos de fotos. En este escenario tan cambiante, tan movible genera muchas imágenes.

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