Acción Social

Un verano lejos de Chernóbil para 17 niños bielorrusos

  • Este martes llegan a Málaga para pasar 40 días en la provincia y bajar sus niveles de radiación 

  • La entidad La sonrisa de un niño lleva dos décadas haciendo posible el acogimiento familiar

Niños acogidos el verano pasado poco antes de regresar a su país. Niños acogidos el verano pasado poco antes de regresar a su país.

Niños acogidos el verano pasado poco antes de regresar a su país.

Tiene 15 años, habla malagueño y su plato favorito son las albóndigas amarillas que le hace su abuela española. Yauhen Brakarenka nació en la provincia Gomel, Bielorrusia, una de las más afectadas por el desastre nuclear de Chernóbil. Pero cada verano desde los 7 elimina los niveles de radiación que se acumulan en su cuerpo en casa de Almudena Armentia y su familia de acogida.

Aunque este año retrasa unos días su llegada porque aún tiene que hacer una especie de Selectividad en su país, otros 17 niños de la zona llegarán este martes para pasar en Málaga 40 días. Ese tiempo, aunque no parezca mucho, les supone ir ganando batallas a la enfermedad.

Almudena Armentia es vicepresidenta de la asociación La sonrisa de un niño, entidad que inició su labor hace dos décadas en Alhaurín de la Torre con Teresa Siles de presidenta. En esos momentos venían hasta 150 y 200 menores. La tragedia estaba muy reciente y la sensibilización era mayor. Además, había más dinero para cooperación y las familias no tenían que hacerse cargo de los gastos del viaje.

Ahora son los padres de acogida los que financian visados, seguros y vuelos, lo que les cuesta en torno a 650 euros por niño. Aún así, la solidaridad es grande y siguen ofreciéndoles a los pequeños una oportunidad de respirar aire puro, beber agua limpia y comer alimentos sin contaminar.

Los pequeños en una visita a McDonalds el pasado verano. Los pequeños en una visita a McDonalds el pasado verano.

Los pequeños en una visita a McDonalds el pasado verano.

“Estos niños son de pueblos y zonas rurales a menos de 200 kilómetros de Chernóbil”, explica Almudena. “Cuando salen de aquí les vuelven a medir los índices de radiación y es increíble cómo mejoran”, apunta. Subraya que “casi todas las niñas tienen afectación tiroidea que mejora mucho con el yodo del mar, necesitan mucha playa”. Cogen algunos kilos, se les mejora la dermatitis que suelen traer y se van con revisiones médicas hechas. Eso, además de haber acumulado amigos, recuerdos y anécdotas para el resto del año.

“Hemos encontrado muchísima solidaridad, estoy inmensamente agradecida a la gente buena que hay en Málaga”, señala la vicepresidenta de la entidad al tiempo que indica que Clínica Baviera dedica toda una tarde a resolver los problemas oculares que puedan traer y Gross Dentistas les hace de forma altruista el tratamiento que precisen.

“Todos tienen problemas bucodentales porque no tienen hábitos de higiene y porque con la radiación absorben mucho menos calcio y tienen más caries, así que en la clínica Gross le hacen empastes, endodoncias, limpiezas, extracciones... todo lo que necesitan”, afirma con sumo agradecimiento. También indica que este año gracias a la colaboración de la Fundación El Pimpi y Telefónica los niños podrán realizar todo el trayecto en avión.

Almudena Armentia, su marido Francis, su hijo Carlos y Yahuen, primero por la izquierda. Almudena Armentia, su marido Francis, su hijo Carlos y Yahuen, primero por la izquierda.

Almudena Armentia, su marido Francis, su hijo Carlos y Yahuen, primero por la izquierda.

Además están las altas cifras de cáncer infantil en las zonas cercanas a la central nuclear. Por eso, cuando ven cómo cambian a lo largo del verano, la satisfacción de estas familias acogedoras no tiene precio. “A Yauhen le hemos dado salud y la oportunidad de saber que tiene otra familia en España con la que puede contar siempre”, dice Almudena.

“Sufres cuando te despegas de él, muchísimo, pero la alegría de haber podido ayudarle es enorme”, agrega. Su hijo Yauhen, como ya lo considera, también viene a Málaga en las vacaciones de Navidad, algo que le hace mejorar aún más su salud e integrarse plenamente en la vida y cultura local.

“El verdadero mérito es de esos padres que los mandan a miles de kilómetros con familias que no conocen, imagina cómo será de importante para ellos que salgan a sanearse”, indica Almudena. Con su monitora siempre pendiente de la evolución de los niños que viajan, les espera una buen número de actividades para pasar un tiempo divertido, lleno de risas y salud. Es su paréntesis lejos la radiación.

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