españa | costa rica

España se pone morada

  • Con colmillo y preciosismo, la Selección arrasa a una floja Costa Rica

  • Isco lideró, Silva bigoleó y Morata puso la ambición

  • El malagueño fue sustituido tras una dura patada

Hacía tiempo que el equipo local de La Rosaleda no jugaba tan bien sobre ese césped. Esa es la magia de la Selección, su préstamo de figuras para que el equipo de todos sea más intensamente para el de la ciudad que la acoge ese día. Solo con esa analgesia, el España-Costa Rica quedó amortizado emocionalmente. Pero, en términos más globales, Málaga era solo una parada hacia Rusia. Y para allí caminan los de Lopetegui con colmillo. El día que se estrenaba la camiseta de una polémica cromática artificial, España se puso morada ante unos ticos siempre superados. Con el perfume de la campeona.

Que Isco iba a ser el maestro de ceremonias estaba claro. Pero la fiesta de su fútbol trajo invitados de postín. Morata vino con su instinto felino, Iniesta recuperó su dulzura, Busquets gobernó desde su fina atalaya, Jordi Alba y Odriozola abrieron autopistas de peaje. El Mundial traerá a rivales con más sangre en los ojos y marcas más férreas, pero mientras tanto viene de fábula refinar el credo y las ambiciones. Hubo un rival menor y un escenario amable, aunque España facturó la goleada en marchas largas. Tanto La Rosaleda como Lopetegui agradecieron el nivel de implicación.

Eso sí, en la fiesta se coló un Waston con más corpulencia que fútbol y demasiadas ganas de camorra. Las tuvo tiesas en cada córner y anticipó la ovación de despedida a Isco con una feísima patada doble. El propio benalmadense solicitó el cambio. La grada, atronadora, se cayó; el nivel del choque también. Pero la sonrisa fue perenne.

La gran predisposición a disfrutar con Isco le tocó con la varita desde el principio, aunque cabe preguntarse si hay algún tablero en el que no se divierta el malagueño. De hecho, se empieza a asumir con pasmosa naturalidad que Isco polarice la fantasía y el magisterio. A pesar de jugar junto a un Iniesta al alza, un Thiago maduro y un Silva bigoleador y asesino. También que los pitos a Piqué lleven más decibelios que algunos regates, pero esa es otra historia.

España compuso una primera mitad excelsa, de esas predecesoras de las dos Eurocopas y el Mundial. Ritmo altísimo, primer toque, posesión agobiante. Y en un equipo donde nunca se duda de los violinistas, Morata pisó el escenario con firmeza. No hay amistosos para el del Chelsea, que quiere llegar a Rusia como el favorito de Lopetegui. Su ahínco comprimió a Costa Rica hacia su portería. Así aprovechó Jordi Alba el balón del 1-0 a los seis minutos. Pero a los arietes de verdad no les cambia la mueca hasta que anotan, por muy a gusto que estén sus compañeros. Morata lo hizo, aun jugándose la pierna. Y recordó que tiene cara de niño pero mirada de mala leche.

Encarrilado el triunfo en menos de media hora, Isco abrió el Parque Temático bajo la coreografía homónima de La Rosaleda. Le tejió a Venegas la misma sotana que a Verratti en el Bernabéu, esa caricia súbita que rasca el balón y retrata a quien lo persigue. Y se echó el equipo encima a expensas de que llegara su gol. Lo tuvo cerca en una falta bien colocada y con poca fuerza.

El carrusel de cambios iniciado al descanso sembraba el temor de la relajación. Pero Silva ya no es ese rostro amable que pedía permiso en cada remate. 35 goles de rojo le convierten en el segundo mejor goleador en activo. La cabeza rapada enseña a un futbolista más codicioso. En cuatro minutos pasó de conectar un derechazo a tirarse al lodo para robar un balón y enfilar la meta para lanzar con mala leche, abajo. Arguineguín produce magos y verdugos.

Iniesta, que felizmente empieza a parecerse a Iniesta, caminó por alfombra roja hasta la frontal y recordó que hay un abismo entre Keylor Navas y el primero de sus suplentes. Gol y cambio del manchego. Otro que abandonaba la fiesta antes de tiempo.

El festín estaba servido con la manita, pero la cita también se trataba de un laboratorio para Lopetegui, que puede estar satisfecho con su actual industria de peloteros. Asoma en Odriozola un lateral cautivador; cabalga sin complejos y hace menos traumática la baja de Carvajal. Kepa no tuvo que aparecer hasta el descuento, aunque se ganó su ovación con una buena mano abajo. Con Iago Aspas, Bartra o Luis Alberto más testimoniales, a día de hoy el seleccionador puede estar satisfecho. Su orquesta se parece a la que tanto ha sonado en el fútbol contemporáneo. Queda mucho por delante, pero en La Rosaleda hubo licencia para volver a soñar.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios