Málaga C.F.

De cuentos y milagros

  • Riazor atestigua el duelo de los pobres, último contra penúltimo, en otra operación a vida o muerte para el Málaga

  • Ganar al Villarreal reactivó un atisbo de fe que esfumaría la derrota

El equipo se ejercita esta semana sobre el césped de La Rosaleda. El equipo se ejercita esta semana sobre el césped de La Rosaleda.

El equipo se ejercita esta semana sobre el césped de La Rosaleda. / JAVIER ALBIÑANA

Hay quien se tomó la victoria contra el Villarreal como algo más que un alegrón pasajero. El Málaga no sabía lo que era ganar desde el 10 de diciembre y se llevó por delante al quinto. Después de meses y meses de tedio qué menos que regalar un buen rato a La Rosaleda, aunque de pronto hablaba José González de jugadores mirando la tabla y de ilusiones reactivadas. Es el poder del triunfo, pero también en parte de la coherencia: se ha insistido en que ganar un partido debía darle al equipo energías para luchar, así que por mera lógica se tiene que apurar toda oportunidad como si fuese la última. Es más, esta ante el Deportivo tiene toda la pinta de serlo y no por matemáticas. En Riazor (21:00, beIN LaLiga) se cruzan último y penúltimo con muchas similitudes a cara de perro; ganar es dejar en la lona al otro sin tener claro el futuro, pero al menos es ganar.

El Málaga puede dejar el farolillo rojo después de 11 jornadas hundido en el fondo de la tabla, que no es poco. Hace no mucho que el técnico hablaba del Cádiz de los milagros como un grito al vacío. Pasó a la profesionalidad y ahora sube un poco el tono. No quiere que se le vaya de las manos: no valen cuentos ni heroicidades, la "cruda realidad" -José dixit- asegura que este partido al menos puede continuar una dinámica inédita, porque el cuadro costasoleño no ha ganado dos partidos seguidos en toda la temporada. Y a partir de ahí se verá si la salvación pertenece al reino de las fantasías o se recobra cierta fe basada en el paso a paso. O también dice esa realidad que hoy mismo se pueden romper todos los sueños, no hay término medio. Con una distancia de 11 puntos con la permanencia y solo 24 por disputar, las probabilidades son las que son.

Los 90 minutos contra el Villarreal pudieron ser los más completos, pero rematados otra vez por un balón parado. De los escasos 17 goles metidos esta temporada, siete fueron estrictamente en estrategia o penalti. Ocho si se cuenta el rechace transformado por Chory a la segunda pena máxima que erró Borja Bastón en Anoeta. Y de las cuatro victorias, tres llegaron de esa manera: Celta (Recio hizo el 2-1 en el 86' desde los 11 metros), la mencionada frente a la Real Sociedad y esta última con el Villarreal.

Con ese bagaje no es que se pueda dar rienda suelta a imaginaciones y deseos, pero tampoco anda el Dépor muy católico. El inicio con Pepe Mel fue desastroso, Cristobal Parralo no mejoró las cosas y el experimento con Seedorf tampoco está dando resultado. Igual que José, que hasta este domingo no sabía lo que era ganar un partido con su equipo. Al menos el gaditano ha roto la racha con el Málaga, pero balance del holandés balance era casi calcado: tres empates, dos goles a favor y nueve en contra en ocho partidos. 11 ha tardado el conjunto malagueño en vencer, eso sí.

En Riazor también están metidos de lleno en el pesimismo y miran a un descenso a tiro de piedra con razón. La última derrota con el Atlético de Madrid parece haber dado cierta esperanza por lo visto sobre el campo, lógicamente el resultado en el Wanda Metropolitano (1-0) es tajante. Pero como pasa con estos equipos, de sensaciones y esperanzas no se vive. Ha mejorado el Dépor con Emre Çolak ocupando espacios entre líneas y el trivote formado por Guilherme, Mosquera y Muntari, pero de ahí a cambiar una dinámica hay un trecho.

Por lo menos el vestuario del Málaga ha pasado la semana con sinergias más positivas. No está Lestienne en la lista de José por molestias e Ideye ya ni aparece por ella; sí entran Keko y Fede Ricca. Queda encomendarse a que Rolan -en un día de morbo para él- ande inspirado, se mantenga el nivel de exigencia y se repitan casualidades. Ni empate ni mucho menos derrota. Esto lo último que queda para alimentar o matar el milagro.

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