homenaje

Una calle para Paca, la de los churros

  • Durante décadas vendió buñuelos y tejeringos en su casa de Mijas Pueblo

Paca, en su casa de Mijas, prepara la masa de los churros. Paca, en su casa de Mijas, prepara la masa de los churros.

Paca, en su casa de Mijas, prepara la masa de los churros. / m. g.

En el barrio Santana no se habla de otra cosa. En uno de sus callejones vive Francisca Alarcón, a la que la gran mayoría conoce por su sobrenombre, Paca la de los churros o Paca la churrera, ya que durante décadas vendió buñuelos y tejeringos en su casa de Mijas Pueblo. Una calle que ahora lleva su nombre en homenaje a su hospitalidad, su incansable sonrisa y entrega a los demás durante tantos años. "Quiero agradecerle a todos, a los vecinos en especial, que yo creo que han sido los que han pedido este callejón para mi madre, y al Ayuntamiento de Mijas por haber colaborado en esa petición. Estoy muy agradecida a todos", expresó Isabel Sedeño, hija de Francisca Alarcón, en un acto en el que estuvieron rodeados de amigos y familiares y que no tardó en llenarse de recuerdos.

Quien más o quien menos ha probado alguna vez sus buñuelos. Paca empezaba a preparar la masa a eso de las 5:00 para que reposara hasta las 7:00, hora a la que comenzaban a llegar los primeros trabajadores. A partir de entonces, el trajín de personas que entraban y salían de casa de su madre para desayunar era continuo. Muchos encontraban allí no solo un buen desayuno con el que afrontar gran parte del día, sino también un poco de descanso tras lo que parecía ser un duro jornal, y sobre todo compañía, el calor que su casa desprendía y la alegría y la vitalidad de alguien como Paca, a quien nunca le faltó una sonrisa o unas palabras de agradecimiento.

Comenzaba a preparar la masa a las 5:00 para que reposara hasta las 7:00

Trabajadora incansable, en ocasiones las jornadas podían alargarse todo el día, como el Día de Todos los Santos, cuando se pasaba toda la noche en vela haciendo churros para que al día siguiente nadie se quedara sin comer, aunque no tuviera con qué pagar. A veces, sin embargo, el trajín de gente era incalculable y al final del día recuerda que siempre le faltaban.

Nadie que pasara por allí se quedaba sin un junco de churros, sus buñuelos o tejeringos, que preparaba al estilo tradicional, y un café, que corría a cuenta de la casa. Hasta allí llegaban no solo vecinos y trabajadores de Mijas, sino también de otras localidades cercanas como Fuengirola, Coín o Alhaurín, atraídos por el olor que salía de la cocina de leña en la que se freía la masa. Hoy Paca tiene 90 años y su barrio ha querido devolverle todo el cariño que ella le puso desde que se fue a vivir allí. Desde hace ya un tiempo, junto a su casa, la de muchos, se descubrió una placa en la que puede leerse: "En homenaje a Francisca Alarcón Fernández, 'Paca La Churrera', persona singular de Mijas". Y ahora, hace apenas unas semanas, asistió emocionada con sus hijos y nietos al nuevo homenaje que supone que el callejón junto a su casa lleve su nombre.

Paca es la mayor de cuatro hermanos, y con solo ocho años de edad ya cuidaba de ellos, se encargaba de la casa y trabajaba en el campo junto a sus padres, de sol a sol. Durante muchos años vivió en Valtocado, hasta que se mudó al barrio de Santana con su familia, a la que hoy todavía es su casa. Allí vivían, principalmente, de las matanzas, de los guarros que sacrificaban su marido y su cuñado y que su madre vendía, hasta que en esa misma época ella decidió vender churros y buñuelos. Aunque por entonces aún no se imaginaba que su casa se convertiría en la casa de todos, en la de los eternos desayunos.

Ella fue además la precursora en adornar ese blanco callejón de Mijas Pueblo con flores, sacando sus propias macetas a la puerta de su casa. Hoy en día, esto constituye la identidad de un pueblo como Mijas, en el que todas sus calles están adornadas con maceteros azules y plantas de distintas especies, colores y tamaños.

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