Málaga Interior

Antequera, ciudad de las iglesias

  • Las calles de la ciudad del Torcal están jalonadas de templos y edificios religiosos que son un gran tesoro para descubrir en un tranquilo recorrido

Antequera, aunque su explosión turística llegó tras el reconocimiento del Sitio de los Dólmenes como Patrimonio Mundial, atesora una gran legado que hace que la ciudad del Torcal sea uno de los grandes tesoros de la provincia de Málaga.

Entre sus atractivos, lejos los dólmenes y el propio Torcal, se encuentran la numerosas iglesias, conventos y casas palacio que posee, hasta el punto de está considerada como la ciudad española con más iglesias por habitante, sumando más de una treintena. Son el tesoro oculto de la ciudad, aunque muy visibles y presentes con solo darse una pequeña vuelta por sus calles.

El Angelote, la veleta que corona la torre campanario de la iglesia de San Sebastián, en pleno centro de la ciudad, sirve de guía para el visitante. Un campanario que es visible desde buena parte del casco urbano y que sobresale de forma clara sobre los techos del casco urbano y la vega.

Una visión desde los miradores situados conjunto al Arco de los Gigantes, punto de entrada al conjunto monumental de la Alcazaba, que acoge en su interior al colegiata de Santa María, sirve para observar los numerosos los numerosos campanarios que se distribuyen por el casco urbano.

La ciudad, situada en un cruce de caminos, se convirtió en punto de interés para numerosas órdenes religiosas que tras la reconquista decidieron instalarse en el municipio, que pasó a convertirse en uno de los de mayor relevancia, lo que hizo que hoy cuente con este gran patrimonio histórico, que desde hace unos años también pasó a incorporarse a la oferta turística de la ciudad, ya que muchos de los templos se pueden visitar.

Los expertos coinciden a la hora de señalar algunas de las joyas religiosas de la ciudad, como es la iglesia del monasterio de San Zoilo (gótico tardío) que es la más antigua de la ciudad, la joya renacentista que representa la Real Colegiata de Santa María, en cuya construcción se emplearon sillares de la ciudad romana de Singilia Barba o la iglesia del Carmen, calificada como monumento histórico-artístico nacional. Muchos de expertos le confieren a la colegiata un claro parecido con ciertos templos renacentistas italianos, siendo un de los edificios de mayor belleza que posee la ciudad y que se enclava en un lugar privilegiado junto al recinto amurallado, mientras la iglesia del Carmen es puesta como ejemplo del barroco andaluz

Otro de los tesoros de la ciudad es el conocido como barroco antequerano, estando el siglo XVII en Antequera está marcado por el manierismo y el barroco, que serán los estilos más definitorios de la estética antequerana. En aquella época se construyen las iglesias de la Trinidad, Jesuitas (Loreto), y Santo Domingo; y se inician las de Belén, San Juan de Dios y los Remedios. Entre los siglos XVII y XVIII se levanta uno de los monumentos más emblemáticos del barroco antequerano, la torre de la colegiata de San Sebastián.

Un barroco que está presente en muchos edificios antequeranos, siendo uno de los grandes atractivos de la ciudad para aquellos amantes de la cultura, el patrimonio y el arte que busquen perderse por las calles de una ciudad sin mirar el reloj.

Es Antequera una ciudad monumental perfecta para este plan, lejos de las visitas rápidas de pocas horas o minutos.

La importancia de las iglesias de Antequera es de tal relevancia que este aspecto tiene su propio libro, realizado por José María Fernández hace ya 75 años. Una edición que ha sido reeditada recientemente por parte del Consistorio antequerano. Una publicación que ahora viene a reforzar la difusión de ese importante patrimonio antequerano. Un libro que permite también recuperar la imagen de algunos edificio que ya no están.

Un recorrido por las iglesias que se puede contemplar con la visión de grandes casas palacio, como la que acoge en el Coso Viejo al propio museo de la ciudad.

Unos templos, que además de su propio valor, también hacen que se creen pequeñas plazuelas, rincones con encanto o grandes plazas como la propia de San Sebastián en la que poder observar su característica torre separada del edificio.

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