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El momento de señalar (2-1)

  • El Málaga pierde en Bilbao y enlaza diez partidos sin conseguir la victoria.

  • En-Nesyri logró el 0-1, falló un penalti con 2-1 y terminó siendo expulsado.

Un lance del partido del Athletic con el Málaga Un lance del partido del Athletic con el Málaga

Un lance del partido del Athletic con el Málaga / EFE

Dice José González que no es "el momento de señalar". Y lo hace como una manera de proteger a los suyos. Códigos que manejan los profesionales. Pero igual sí es el momento, porque el Málaga vive en un Día de la Marmota eterno, una espiral alimentada a basede quieros y no puedos y partidos espejismo que siempre acaban de idéntica manera. Y puede que tenga razón en que no es lo ideal poner a nadie en concreto en el centro de la diana. Posiblemente sea turno de someter a todos y cada uno de los causantes de esta deriva. Los que estaban, por su legado. Los que están, por su dejadez o incapacidad manifiesta. Uno no es colista por gusto después de 25 capítulos. 18 derrotas no llegan porque la vida es cruel y castiga siempre al mismo. Ni diez partidos enlazados sin ganar. Hace falta una disección esmerada y honesta.

El Málaga sale de San Mamés con una sensación familiar, un escudo bordado de intangibles que repiten por sistema técnico (el actual y el anterior) y jugadores cuando hacen el primer repaso en caliente. En Bilbao fue el penalti de En-Nesyri. Ante el Valencia, el 2-0 mal anulado. En Las Palmas, el fuera de juego de Calleri en el tanto de Halilovic. Una reducción simplista que hace ganar debates livianos pero que a la larga es una venda en los ojos.

Lo que no dice nadie es que el peor Athletic de la última década sólo necesitó arrinconar al Málaga durante media hora para llevarse los tres puntos. El equipo de Ziganda no es tan fiero como sostiene la leyenda rojiblanca ni se acerca a lo acompasado que estaba con Valverde. La facilidad con la que logró materializar dos goles fue pasmosa. Dijeron José y Torres que eran precisamente las acciones defensivas que habían trabajado durante la semana. Igual esto sirve para hacerse una idea de cómo está realmente el Málaga. Puede que sí, que sea el momento de señalar que hay futbolistas en la plantilla que no están para Primera y por eso la cancela de de Segunda anda abierta de par en par.

Sucede que en ese apretón, que pudo ser mayor si Raúl García no se topa con Roberto en el 45 más uno, los rojiblancos anularon el 1-0 obra de En-Nesyri. Un conjunto como el Málaga, al que le cuesta la vida hacer un gol, debe defender con uñas y dientes un resultado así.

No es mentira que el Málaga mejoró en la segunda mitad. Se vuelve a sesgar el análisis, no obstante, tal afirmación. Ganó metros, ganó pequeñas batallas y supo hacer daño donde el rival flaquea. Sin embargo, se pasa por alto que los blanquiazules están faltos de calidad arriba para decidir partidos. Necesitan una decena de oportunidades claras para intimidar a un portero, para besar una red de vez en cuando. No, no es la suerte. El azar no toma las decisiones por Chory Castro, En-Nesyri y Rolan. Las toman los futbolistas. Y suelen quedarse con la carta más baja siempre.

Cuando José habló de "no señalar", respondía a una pregunta ligada a por qué fue el marroquí quien asumió la responsabilidad del penalti (una indiscutible acción de Lekue sobre Rosales, conviene recordar). No era orden del banquillo, que sin los capos Recio y Adrián decidieron que fuese Chory. Ni el uruguayo ni Torres (ni cualquiera que se sienta capitán en este equipo) debieron permitirle adueñarse de ese balón. Faltó personalidad para poner orden y valentía para que otro ejecutase. Y no es un tema puntual, es la consecuencia de las cosas mal hechas. Todo lo sembrado aflora tarde o temprano.

En-Nesyri, encima, terminó de perder el sentido, ese que tantos meses ha tardado en encontrar. Acabó expulsado por doble amarilla. Ahí sí podría quejarse el Málaga, porque mientras él se fue antes de tiempo y tiene que perderse la cita ante el Sevilla, Aduriz se permitió lesionar a Adrián de manera mezquina sin llevarse ni un pobre aviso. Más allá de todo eso, lo sangrante es ver cómo una planificación nefasta ha llevado al Málaga a estar en manos de un jugador que andaba en la rampa de salida en los dos últimos mercados. Porque encima es el mejor junto a Iturra, un tipo casi retirado del fútbol de élite obligado a multiplicar panes y peces.

Igual sí, ha llegado el momento de señalar a la propiedad, que es peor cuando ejerce labores ejecutivas que cuando anda dispersa entre viajes y coches. Y señalar a Arnau, uno de los padres del desastre junto a Míchel, que no por ausencia pueden irse de rositas. Y señalar a Husillos, José y los futbolistas, cada uno con desigual carga, pero carga que suma. Carga que resta. Cierto es que no es el momento de dividir, pero ¿quién multiplica? Porque ya casi ni las matemáticas creen en el Málaga. Por mucho que los demás pinchen, si no ganas, la aritmética es una fábula.

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