De ayer a Hoy

De chabolas a zona residencial

  • El barrio de El Ejido fue durante el siglo pasado un asentamiento marginal de chabolas en las que vivían unas 500 personas con pocos recursos y que no provenían de las zonas rurales

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Hacia 1940 la zona de El Ejido era en un asentamiento de pequeñas viviendas habitadas por familias humildes. Este núcleo marginal de chabolismo tenía como fondo el gran edificio del Seminario, en la cima de un monte, y ocupaba la vaguada existente entre El Ejido y el Monte Victoria. Como su nombre indica, era antiguamente una zona de uso común posiblemente utilizada por su elevación para establecer las eras y para guardar ganado, según el historiador Víctor Heredia. Esta condición de tierra comunal sobre un cerro que dominaba la ciudad ha hecho que históricamente haya sido una especie de tierra de nadie entre los barrios colindantes. Precisamente su lejanía del resto y altura hizo que en 1637 El Ejido fuera utilizado como carnero o lugar de enterramiento de más de mil víctimas de la epidemia de peste que la ciudad sufrió ese año.

Tradicionalmente ha sido un terreno aprovechado para el establecimiento de industrias alfareras que utilizaban la arcilla característica de esta zona. En los alrededores de Capuchinos existían hornos de cacharros domésticos (ollerías), y en la parte más cercanas a la Victoria se situaban los tejares, dedicados a la elaboración de materiales de construcción (tejas y ladrillos). La extracción de tierra para la industria alfarera del entorno originó unos profundos cortes del terreno en los que se abrieron cuevas que fueron utilizadas como viviendas e incluso como refugios durante la Guerra Civil. Muy cerca de esos cortes están las casas que aparecen en la imagen. Están situadas en un espacio sin urbanizar que se corresponde, aproximadamente con la confluencia de la actual calle Numancia con la parte de la calle Puerto Parejo más próxima a Capuchinos, donde está la plaza Lex Flavia Malacitana. Las construcciones, explicó el experto, eran precarias y son "un testimonio del problema del chabolismo y la infravivienda en la Málaga de mediados del siglo XX". Desde los primeros años del siglo surgieron en áreas marginales de la ciudad varios núcleos de chabolas y viviendas autoconstruidas en los que se asentaba la continua emigración que afluía desde las comarcas rurales del interior a Málaga. Esta emigración no encontraba sitio en los ya hacinados barrios obreros y buscó alojamiento en infraviviendas y urbanizaciones marginales.

La situación se agravó tras la Guerra Civil y el problema de la infravivienda se convirtió en uno de los más importantes de la ciudad a mediados de siglo. De hecho, hasta la década de 1980 el chabolismo permaneció como seña de identidad del modelo de crecimiento urbano de Málaga.

Según el historiador, la gravedad del problema hizo que las autoridades locales y provinciales elaboraran informes y diseñaran estrategias para resolverlo, que se plasmaron en las promociones de viviendas públicas de los años cincuenta, sesenta y setenta. Un informe remitido por el alcalde al ministro de Gobernación en 1944 señalaba la existencia de núcleos chabolistas y de infravivienda en numerosas zonas de la ciudad como las playas y en las cuevas de El Palo, la plaza de Santa María, el Arroyo del Cuarto, el Haza Varela, las playas de San Andrés, La Malagueta y El Ejido, donde estaban registradas cerca de 500 personas habitando en este tipo de viviendas, la mayor parte en cuevas excavadas en los cortes del terreno

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