Artes escénicas

Albert Pla tiene 'Miedo' (pero no quiere hablar de ello)

  • El intérprete regresa este miércoles al Teatro Central con un espectáculo en el que combina proyecciones en 3D con las nuevas canciones que ha grabado con Refree

Albert Pla conversa con la niña-holograma que aparece en su último espectáculo, 'Miedo'. Albert Pla conversa con la niña-holograma que aparece en su último espectáculo, 'Miedo'.

Albert Pla conversa con la niña-holograma que aparece en su último espectáculo, 'Miedo'. / Nora Lezano

Albert Pla no tiene ganas de hablar. De nada. No tiene ganas de hablar y da la impresión de que se le encoge el alma por tener que descolgar el teléfono. Sólo el hecho de medio saludar, con un tono entre la apatía y la perplejidad, parece llevarlo ya al borde del colapso espiritual. Pese a lo cual el artista no ha dejado nunca de conceder entrevistas, no en vano tiene a su servicio a un equipo de prensa que llama insistentemente a programas de televisión y periódicos como éste para que se las hagan. De modo que esta entrevista de aquella manera será, irremediablemente, otra más de las que, desde hace muchos años, vienen haciéndole parte del trabajo y reafirmando su fama al brindarle una oportunidad más de ejercer de niño travieso atrapado en el cuerpo de un hombre demasiado libre como para rebajarse a explicar el trabajo que, a su manera, de todos modos anda promocionando.

Va de miedos ahora la cosa. Así, en general. Poderse, se puede preguntar por qué ahora y por qué ese tema, que ciertamente conecta a la perfección con su universo –una prolongación del espíritu punk por otros medios: los de la engañosa candidez, lo naíf que oculta en sus pliegues dentelladas, la nana con un aguijoncito lleno de veneno– y con su ya sobradamente conocida maniera basada en ese hilillo de voz indefensa, al borde de la quiebra o del silencio. Otra cosa, claro, es que a él la pregunta le parezca oportuna. Condenado este humilde redactor a vivir en las tinieblas de los pobres y ciegos esquemas mentales que existen fuera del prohibitivo paraíso ácrata, surge una pregunta relacionada con el espectáculo: ¿cómo se lleva usted con sus propios miedos, cuáles son, hay alguno recurrente, domesticado o de reciente aparición? Silencio. Resoplido. Cuidado, que el enfant terrible perpetuo pide pista. "Es que eso me lo han preguntado muchas veces, tío. Me han hecho esa pregunta tantas veces que tú eres el periodista número mil que me lo pregunta, así que te voy a regalar un caramelito de menta, porque te lo has ganado".

–Gracias, hombre. Dígame entonces qué le parece bien que le pregunte...

–Ah, no, hombre, lo que tú quieras, lo que tú quieras.

–¿Qué es a su juicio lo más imperdonable que solemos hacer o, por el contrario, dejar de hacer por miedo?

–Cagarse encima.

–¿Cagarse encima por qué?

–Por miedo.

–Ajá. Pero por miedo a qué exactamente. Porque hay muchos motivos en la vida para sentir miedo, y muchas clases de miedo, como usted sabe.

–Ah, pero es que tú me has dicho qué es lo peor.

–Lo más imperdonable. Se parece, pero no es lo mismo.

–Ya. Bueno, pues lo peor que te puede pasar en la vida es que te cagues encima.

–Terrible, en efecto, pero ¿podemos abordar esta conversación teniendo presente que además del literal existe también un plano figurado?

–Es que yo pensaba que no estábamos hablando en serio. ¿Qué te digo? Mira, lo peor en la vida es cagarse encima según en qué momento, según ante quién y según en qué sitios.

Este escatológico partido de ping-pong, que Albert Pla (Sabadell, 1966) parece tomarse como un protocolario ejercicio de estilo a mayor gloria de su célebre perfil de rebelde saboteador de toda convención, podría seguir hasta el Día de la Gran Diarrea Final, pero mejor cambiamos de tercio, dentro de lo posible. Para el espectáculo, titulado (vaya usted a saber por qué) Miedo, el catalán se reunió con Raül Refree, productor solicitadísimo en los últimos tiempos, lo mismo para el flamenco (Rocío Márquez, que por cierto mete voces en uno de los cortes) que para el bombazo über alles (Rosalía: ya estaban ustedes tardando en no saber de ella). "Con él siempre es muy fácil trabajar, vamos, la verdad es que está chupao. Lo hicimos todo en un momento, él te lo pone todo muy fácil y yo creo que también se lo pongo fácil a él, así que, como somos dos facilones, pues nos sale todo muy fácil", dice Pla. Pues mucho mejor, todos contentos. Qué pocas veces se puede decir algo así, y que sea verdad además.

Pero Miedo, claro, como es habitual desde hace años en las propuestas de Albert Pla, va más allá del mero disco (y no publicaba uno desde 2011) y se completa incorporando la dimensión escénica. En el espectáculo que verán los espectadores que se acerquen al Teatro Central, el intérprete estará solo en el escenario, aunque acompañado por sus fantasmas: el abandono, la soledad, la enfermedad, la muerte, y también uno mismo (o la peor versión de uno mismo), miedos y temores que se encarnan simbólica o literalmente en muñecas espeluznantes, criaturas salidas de un circo monstruoso, tipos que hablan ya sin vida desde su ataúd o una madre que increpa a su hijo agonizante. Un imaginario tremendista-naíf que es ilustrado, literalmente, con imágenes que en ocasiones aparecen sobre el escenario no como meras proyecciones sino con la apariencia tridimensional del holograma, y que llevan la firma de Mondongo, pareja artística formada por los argentinos Juliana Laffitte y Manuel Mendan.

En varios pasajes del espectáculo, una niñita-holograma, con una inocencia que de tan pura suena o llega con un eco perturbador, le dice: "Canta, canta, no dejes de cantar; si dejas de cantar te morirás". Y eso hace el catalán, que comenzó a escribir estas canciones en un registro algo más luminoso, pero luego éstas fueron tomando forma en otra dirección. "Nunca he podido evitarlo, me salen canciones para niños de vez en cuando y no voy a ser yo quien las pare. Estas canciones, en principio, no era para asustarlos. Pero, jo, me salían canciones de miedo, y ya luego se me fueron de las manos".

Y esto es lo que nos ha dado pie él a contarles. Se ha hecho lo que se ha podido. El lisérgico tren de la bruja parte hacia la memoria y el inconsciente de Albert Pla este miércoles a las 21:00 en el Teatro Central. El importe, eso sí, es algo más abultado que el que pagábamos en nuestra infancia: 20 euros. Pero es que con la edad va todo saliendo más caro, sobre todo, seguramente, el miedo.

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