Cultura

Flamin Groovies, algo más que una leyenda

  • La banda de San Francisco nacida en 1965 y que jamás se ha separado de catecismo del rock and roll protagoniza el Monkey de formato reducido de El Puerto este fin de semana

Foto de portada de los Flamin Groovies en su disco 'Teenage Head'. Foto de portada de los Flamin Groovies en su disco 'Teenage Head'.

Foto de portada de los Flamin Groovies en su disco 'Teenage Head'.

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El Monkey de El Puerto es el Monkey pequeño, el aperitivo del Monkey grande que se celebra en Sevilla. Uno abre el verano y otro lo cierra ya en otoño. Pero esta vez el Monkey pequeño lleva a su cartel a una banda que lo engrandece como pocos pueden hacerlo.

El próximo viernes en el Castillo saltarán al escenario Roy Loney y Cyril Jordan, a los que la etiqueta de leyenda se les queda estrecha. Ambos son fundadores de Flamin Groovies, una incombustible banda de San Francisco nacida nada menos que en 1965 bajo el nombre de Chosen Few y que durante más de 50 años ha seguido fiel al ideario del rock and roll con el que nacieron cuando se quisieron sumar a la oleada de bandas británicas, pero ensuciándolas un poco y moviéndose en los primeros terrenos garajeros.

Luego en el rock ha pasado de todo. Vino la psicodelia, las influencias hindúes, el glam, el rock sinfónico, el punk, la música siniestra, las distorsiones o el grunge. A los Flamin Groovies les dio igual, pasaban del ácido y de las drogas duras y blandas; lo suyo era el alcohol. Y eso que eran de San Francisco, pero ya ven, chicos duros.

Es cierto que a principios de los 70 entró en la banda Chris Wilson (que no viene a El Puerto) y el grupo consiguió sus mayores éxitos (aunque sus éxitos nunca fueron del todo grandes) como Shake some action y también que Wilson tenía más amplitud de miras y gracias a ello pudimos disfrutar de su grupo paralelo, los inolvidables Barracudas; pero también lo es que el estilo, el sonido, el tono ya estaban allí.

Y todo eso estaba en el disco que en esta gira que incluye el Monkey y que es anterior a la llegada de Chris Wilson. Se trata de Teenage Head, que data del año 1971, cuando ya pocos grupos seguían haciendo lo que hacían los Flamin Groovies, es decir, rock y rhythm and blues en estado puro, sin concesiones, sin florituras más allá de sus bien dotado guitarreo.

Como bien apunta el crítico Carlos Pérez Baez en su crónica de la gira del Dirty Rock: "¿Cómo habrían sonado los Rolling Stones si hubieran jurado lealtad al sonido y estilo de Sun Records en lugar de Chess Records? La respuesta: Teenage Head".

Desde High Flyng Baby a un clásico como Whisky Woman, que cierra el disco, todos los temas suenan sólidos, con ese sonido compacto tan característico suyo y unos coros que se te meten en la cabeza y se te repiten.

Y por supuesto la canción que da nombre al disco, la más estoniana de todas cuando los Rolling ya no transitaban esos caminos y con una letra que es un estallido: "Soy un hijo de la bomba atómica". Porque hay una diferencia de días entre la aparición de Sticky Fingers de los Rolling y el Teenage Head de los Flamin. El propio Jagger reconoce la derrota (y objetivamente es una derrota). La reinterpretación del blues de los Flamin desarma al líder de los Rolling.

Ese momento de humildad de Jagger es historia del rock and roll, sin embargo los Flamin, con quince magníficos discos y decenas de temazos para ser enmarcados, apenas si aparecen en las antologías de la música moderna. O al menos no aparecen en el lugar que merecerían.

Tengo mis dudas, por ejemplo, sobre si los New York Dolls de Johnny Thunders (nacidos precisamente en 1971), con su estética opuesta, hubieran sido posibles sin el Teenage Head de los Flamin Groovies. Y los New York Dolls sí están en la hornacina que se les ha negado a los de San Francisco. Quizá porque Johnny Thunders está muerto y Cyril y Roy no. A sus 70 tacos.

Si no los conocen y lo suyo es el rock and roll del bueno, no se los pierdan. Si los conocen, no les tengo que decir nada porque no tengo ninguna duda de que el viernes estarán en El Puerto, ansiosos, esperando que Cyril y Roy salten al escenario.

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