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Carles Magraner | Músico "Me planteo cada disco como el guion de una película"

  • En formación de trío, Capella de Ministrers, el veterano conjunto valenciano creado y dirigido por Carles Magraner, hace una incursión en el universo melancólico de la música inglesa del XVII

La formación de Capella de Ministrers para este CD (Magraner, Agúndez, Cases). La formación de Capella de Ministrers para este CD (Magraner, Agúndez, Cases).

La formación de Capella de Ministrers para este CD (Magraner, Agúndez, Cases). / Ximo Calvo

Fundado en 1987 por Carles Magraner, Capella de Ministrers no es sólo uno de los conjuntos más veteranos de la música antigua española, sino uno de los más activos en los estudios de grabación, pues su discografía sobrepasa el medio centenar de títulos. 

–Aparte Jordi Savall, dudo que haya algún grupo de música antigua español con más discos en el mercado.

–No crea. Eduardo Paniagua puede tener más.

–Cierto, por ahí andará. ¿Siente pasión por el disco?

–Sí. Me apasiona el hecho de grabar. Es una actividad que te muestra el nivel de exigencia al que es capaz de llegar cada músico. Es una experiencia que exige mucho al músico. No conozco a ningún músico que no lo dé todo en el momento de una grabación, sin importarle el tiempo o el lugar, el calor o el frío. Todos lo ponen todo por un proyecto musical que al final es lo que nos queda y podemos enseñar en todo el mundo. Imagine que Capella de Ministrers no hubiera hecho ningún disco; sería como si no hubiéramos hecho nada. Con cada disco hemos ido dejando constancia de nuestro trabajo. Así que casi sin querer acabas grabando dos discos al año. Y es apasionante. Un mundo no comercial. Es una ruina cada vez que te metes en uno. Pero no hay experiencia que uno desee más. Empezar y acabar. No hay cosa que quieras terminar más pronto que cuando empiezas a grabar un disco.

–De todos modos, imagino que detrás de cada proyecto de disco habrá motivos concretos. ¿Cuáles hubo detrás de este A Circle in the Water?

–Se trata de un repertorio que hago hace tiempo. Estamos girando por todo el mundo un repertorio en torno a Cervantes. Los dos grandes de la literatura han formado siempre parte de nuestra historia musical. Acercarnos a Cervantes es también acercarnos a Shakespeare. Estuvimos hace poco en Londres visitando el Globe, nos metimos un poco en su mundo. La oportunidad definitiva me la proporcionó Vicent Monsonís, que estaba haciendo una película en torno a la relación de Shakespeare con Marlowe y me propuso hacer la banda sonora. Es una historia apasionante, con un guion de Chema Cardeña muy bien trabajado en torno a la intimidad de estos dos personajes históricos, con esa duda que hay sobre la autoría de Shakespeare, la lucha por el poder... Esta música le venía como anillo al dedo. Entonces decidí meterme definitivamente en este mundo y tocar algo que hace años que me apetecía mucho, el tema de la melancolía; creo que hay que reivindicarla en el siglo en que vivimos.

A Circle in the Water - CdM A Circle in the Water - CdM

A Circle in the Water - CdM

–Pero no es la primera vez. Grabaron hace ya años las Lachrimae de Dowland.

–Así es. Es un repertorio fascinante, al que ahora añadimos la voz. Cómo no me va a apasionar el mundo inglés siendo violagambista. Y el siglo de oro de la viola da gamba en Inglaterra, el XVII, cómo no nos va a apasionar a todos los amantes de la música; son músicas de gran intensidad, con textos maravillosos. Hemos incluido algunas piezas poco conocidas y otras que lo son más. A la hora de presentarlo quise dar también un paso al frente. No lo presentamos como un simple concierto, sino que montamos un pequeño espectáculo dramático, pues invitamos a un bailarín de danza contemporánea, Toni Aparisi, a que colaborara con el trío. Delia hace además una gran interpretación física, corporal, expresiva...

–Esa voz es en efecto la de Delia Agúndez, que colabora con el grupo desde hace años. ¿Cómo definiría su relación?

–La experiencia de trabajar con grandes profesionales es siempre muy grata. Y Delia es muy profesional, es una cantante muy madura, con mucho conocimiento de lo que hace, y en el escenario uno se siente muy a gusto transmitiendo música a su lado. Yo siempre he pretendido no condicionar el cantante al repertorio sino al revés. Hemos trabajado con muchas cantantes, Raquel Andueza, Pilar Esteban, Elia Casanova, Ruth Rosique, Olga Pitarch, Estrella Estévez… Me encanta trabajar con los cantantes y descubrir nuevas voces. Estamos trabajando mucho ahora con Qvinta Essençia, con Pablo Acosta. Hay tan buenos cantantes jóvenes en este país. Cuando uno apuesta por uno, y nosotros lo hicimos por Delia, la relación se hace muy intensa. Ella es tan expresiva; vive cada palabra que canta. Para estos repertorios ingleses y españoles del Siglo de Oro es una voz ideal. Vamos a meternos a grabar en trío o cuarteto un repertorio en torno a Miguel de Cervantes; llevamos más de 50 conciertos por todo el mundo con este proyecto y aún no lo hemos grabado.

–En la época estas canciones eran polifónicas, se presentaban con acompañamiento de laúd o de consort de violas. Usted recurre a su viola y a un instrumento de cuerda pulsada. ¿Por qué esta instrumentación?

–Las circunstancias obligan. Decir cuál era la verdad sería un poco absurdo, tan absurdo como decir cuál es la verdad del sonido del pasado. Todo son especulaciones. Algunas canciones las dejamos con la pureza del laúd solista. Y otras sólo con la viola. Me apetecía acompañar el Flow my tears solo con la viola. Imaginemos que ese día cayó enfermo el laudista. Es un juego de sonoridades. Al final los que hacemos esta música, los que transportamos esas vivencias de otras épocas a nuestro siglo tenemos que presentarlas también como un espectáculo. Cuando das un concierto de una hora de duración tienes que tratar de mostrar toda la intensidad de una época. Esto es difícil, y condiciona la instrumentación, incluso el orden de las obras. A partir de una serie de piezas pequeñas construyes un espectáculo y tienes que procurar hacerlo atractivo, variado. Con un trío se puede conseguir esto con más facilidad que con acompañamientos solistas, claro.

–¿Me está diciendo que concibe el disco como el guion de un concierto?

–Para mí, el disco es en efecto el resultado de un concierto. Pero iría más allá: yo me planteo el disco como el guion de una película. Hay que poner mucho cuidado en los ritmos. Pienso mucho en los ritmos internos, ritmos que son casi cinematográficos, o si se quiere quedar en el terreno musical, casi sinfónicos, porque yo trato de operar como en una gran sinfonía, en la que se buscan las tensiones, las distensiones, los momentos de impacto o de ternura. Todo eso lo vas configurando como un programa, y cuando ves que funciona en concierto lo pones en un disco. Pero hay que hacerlo teniendo en cuenta el efecto que eso va a provocar en el espectador del siglo XXI, no en el del siglo XVI.

Capella de Ministrers en el jardín, en torno al agua. Capella de Ministrers en el jardín, en torno al agua.

Capella de Ministrers en el jardín, en torno al agua. / Ximo Calvo

–De los trovadores a Martín y Soler no hay apenas recovecos de la historia de la música a los que no se haya acercado Capella de Ministrers.

–Esto va un poco por estados de ánimo y también por la edad. Cuando empezamos en esto éramos tres mal contados, y hacer música antigua era hacer todo lo que podías abarcar. Ahora hay una gran especialización y hay grupos que se dedican sólo a lo medieval, a lo renacentista o no digamos ya a lo barroco. Al festival que hacemos en verano en Morella vienen grandes especialistas de grandes repertorios. Cuando se conoce muy bien el Quattrocento o el Ars Nova uno podría dedicar no su vida, sino varias vidas a hacer sólo este repertorio. Y yo agradezco que existan estos grandes especialistas. Aquellos que, como yo, somos más humanistas y nos gusta viajar en el tiempo, en cierta manera nos alimentamos de ellos. Detrás de cada disco hay siempre un gran especialista. 

–¿Y a los instrumentistas los escoge como a los cantantes, por afinidad con el repertorio?

–Totalmente. Por ejemplo, trabajo mucho con el violinista Alessandro Ciccolini; con él tengo cubierto el repertorio italiano de los siglos XVII y XVIII. Para la Edad Media busco a aquellos que además de ser grandes músicos vengan del mundo de la música tradicional, pues este repertorio lo veo más como asimilación de unas músicas que se escribieron para recordarlas y no para interpretarlas desde la partitura. Pero luego hay algunos instrumentistas que forman parte del núcleo de Capella de Ministrers, como Pau Ballester, Ignasi Jordá o David Antich, que por su versatilidad se adaptan a todos los repertorios.

–¿Cuánto ha cambiado la música antigua en España desde que usted empezó en los años 80?

–Uf, hoy hay mucho más de todo. Al principio te decían eso de que los que nos dedicábamos a la música antigua era porque no servíamos para otro tipo de música. Son anécdotas que nos contamos ahora en las cenas de músicos. Era difícil encontrar partituras. A veces dabas con un vinilo que llevabas tiempo rastreando y parecía que hubieras hallado las minas del rey Salomón. No le digo nada de una viola da gamba. No había quien nos las hiciera. La primera que encontré fue un milagro. Cuando Pepe Rey me llamó para tocar en Sema encontré un mundo en el que todo eran impactos. Hoy el conocimiento lo tenemos en casa. Por una pantalla de ordenador podemos acceder a todo, partituras, discos, artículos, trabajos... Podemos escuchar toda la música que queramos en cualquier momento. Y eso lo ha cambiado todo.

–¿Cuál es desde su punto de vista la situación del sector?

–En la enseñanza se ha dado un paso importantísimo con la especialización en tantos conservatorios y escuelas. Aunque echo de menos una mayor dedicación a los repertorios anteriores al siglo XVII, al que se llega ya de forma muy atrevida. Son pocos los que se interesan por repertorios anteriores. Desde las escuelas y conservatorios habría que incidir en la formación en música medieval y renacentista, sobre todo por nuestro gran Siglo de Oro, que es el XVI. Sería importante que los programadores empezaran a interesarse más por estos repertorios y por los grupos que se dedican a ellos. Desde nuestra fundación hemos puesto en marcha una academia con jóvenes intérpretes para hacer estos repertorios. Intento dar la oportunidad a aquellos que han acabado sus estudios de trabajar con profesionales, que podamos  sentarnos juntos y colaborar montando programas, porque creo que hace falta una comunicación más intensa entre aquellos que acaban de terminar y quienes llevamos años trabajando.

–En Morella ha consolidado un importante festival de música renacentista y medieval.

–Sí, estoy muy contento. Este año tuvimos 20 profesores, y es apasionante compartir una semana en aquel ambiente, porque uno aterriza en el mundo real y comparte muchas experiencias gracias a la integración que hemos impulsado de músicos que no tienen posibilidades de acceder a nuestro repertorio. Ahora estamos intentando trabajar con músicos de Guinea, donde el acceso a la cultura es casi imposible.

– ¿Y en qué otros proyectos anda?

–Me interesa mucho el aspecto didáctico y seguir presentando programas con Capella de Ministrers. Ojalá podamos seguir haciendo discos. Estrenamos en este mismo diciembre un repertorio que he trabajado con Pepe Rey en torno a la música grotesca, algo que me hace mucha ilusión. Y ya estoy pensando en nuestro próximo disco, que presentaremos en Semana Santa, con música de Cristóbal de Morales, unas Lamentaciones inéditas, que trabajé con Manuel del Sol. Las hemos grabado con los violones, tal y como se decía que debían ser interpretadas.

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