Cartas desde la estepa

El petróleo de los libros

  • El aumento de las ventas de clásicos de la literatura nacional entre los aficionados al balompié deja bien patente el potencial cultural ruso

Un grupo de turistas, el pasado 29 de junio ante una estatua de Alexander Pushkin en Moscú. Un grupo de turistas, el pasado 29 de junio ante una estatua de Alexander Pushkin en Moscú.

Un grupo de turistas, el pasado 29 de junio ante una estatua de Alexander Pushkin en Moscú. / facundo arrizabalaga / efe

Es hora de ir haciendo balance del Mundial de Rusia, al que le quedan ya sólo tres días. Restan por disputarse el partido por el tercer y cuarto puesto, que enfrentará a las selecciones inglesa y belga en San Petersburgo, y la gran final, aquí en Moscú: Francia-Croacia, un choque inédito; un enfrentamiento que muy pocos habrían imaginado antes de comenzar el campeonato. El torneo nos regalar curiosidades hasta el último suspiro.

Por ejemplo, las agencias informativas locales destacaban en los últimos días que en las librerías rusas se había registrado un notable incremento en las ventas de los títulos más destacados de los clásicos de la literatura rusa. Entre ellos destacaban a un autor: Mijail Bulgakov. Y una obra: El maestro y Margarita. La novela de Bulgakov, escrita entre 1928 y 1938, narra la visita al Moscú soviético del mismísimo diablo. Según los libreros, las ventas del clásico han aumentado más de un 30%. Especialmente vendida ha sido la versión inglesa, pero también en español, alemán o italiano (y eso que los jugadores transalpinos no han venido al Mundial). En palabras de la presidenta de la Fundación Bulgakov, Marietta Chudakova, la novela supone una "reivindicación de la piedad en tiempos de Stalin".

Una parte de la obra transcurre en la zona del Estanque del Patriarca, que, pese a encontrarse algo lejos de la Plaza Roja y la calle Nikolskaia -centros del trasiego de las fanaticadas-, ha estado todo el Mundial llena de aficionados de las distintas selecciones.

No ha sido el único clásico que ha experimentado un empujón de ventas estas semanas. También se han beneficiado del tirón mundialero Alexander Pushkin, Fiodor Dostoievski, Nikolai Gogol y Lev Tolstoi, cuatro de los galácticos de la literatura rusa y planetaria. La dueña del piso donde vivo me aseguraba ayer que Dostoievski se ha vuelto a poner de moda entre los rusos. Curiosamente, hace un par de semanas veía a una abuelita rusa en el avión leyéndose Los cosacos en una edición de bolsillo (y con una letra diabólicamente reducida). ¿Cuántas veces habrá vuelto a esta obra la señora? La nota de una de las agencias destacaba también el éxito de Ana Karenina de Tolstoi, El idiota de Dostoievski y Doctor Zhivago, de Pasternak.

Me llamó siempre la atención que los rusos -sobre todo las chicas- que he ido conociendo en diversas circunstancias y de variada extracción social y formación coincidían casi indefectiblemente en una cosa: su conocimiento de la obra de los grandes nombres de las letras nacionales. Y su orgullo por los autores más señeros. En algún momento de una cita o tertulia cualquiera, me acababan preguntando: ¿has leído a Bulgakov? ¿Te gustó más Guerra y paz o Crimen y castigo? ¿Cuál es tu poema favorito de Pushkin?

Las inclinaciones literarias de los seguidores del Mundial evidencian la complejidad humana. No sólo de fiesta -aunque esta ha predominado en las calles más céntricas de las sedes mundialistas y no se va a apagar hasta el domingo por la noche- vive el hombre. Las cifras han dejado claro que muchos de los aficionados extranjeros aprovecharán las horas de avión, de vuelta a casa, para leer a Tolstoi o Pushkin.

Además de la literatura, la historia rusa es el otro gran atractivo cultural -si es que aquella pudiera desligarse de esta- de este inmenso país. Concretamente, el período soviético sigue fascinando al foráneo. No hace falta más que darse un paseo por calles como Arbat o Nikolskaia para, contemplando los expositores de las tiendas de recuerdos, darse cuenta de que la URSS es hoy una marca que tiene todavía mucho rendimiento que dar. Paradojas. Es rara la vitrina en la que no hay estatuillas de Lenin o camisetas de las selecciones soviéticas de hockey o rugby (con los calzones cortos y las medias de la época), que el gusto por lo retro está poniendo de moda. Aquella sí que era la roja.

Uno de los mayores retos de la economía rusa es la diversificación, dada la excesiva dependencia de las exportaciones de materias primas -petróleo y gas-, que suponen más del 60% del valor de las ventas. El Mundial ha puesto de manifiesto que la cultura y la historia, con los grandes talentos literarios a la cabeza, son uno de los mejores activos de este país.

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