Cultura

Bifurcaciones desde el 'underground'

  • La creación contemporánea y la huella de Cervantes en los maestros de los siglos XIX y XX completan la oferta del centro de Tabacalera en cuando a sus exposiciones temporales

Hay una intención mucho más alargada que la mera coincidencia en celebrar la inauguración de una exposición como Resistencia, tradición y apertura. Arte Ruso de las últimas cuatro décadas el mismo día que se hace lo propio con Chagall y sus contemporáneos rusos. Y es que ambas conceden al protagonismo a expresiones artísticas que el poder soviético denunció, persiguió y pretendió eliminar a conciencia. La ausencia de oficialidad en ambos casos confiere una especial relevancia al papel representado por las colecciones privadas: si para Chagall y los suyos el Museo Estatal de Arte Ruso de San Petersburgo se alió con varios coleccionistas, las 41 obras de 25 artistas que pueblan esta mirada al arte contemporáneo ruso han sido seleccionadas en su integridad de una misma colección, la de Joseph Kiblitsky. El responsable de esta criba ha sido el crítico malagueño José Francisco Rueda, lo que introduce una novedad importante en la sede del Museo Ruso de San Petersburgo en Tabacalera al optar por un comisario de aquí para organizar una exposición con arte de allí. Los artistas aquí antologados renunciaron en su momento a la oficialidad (lo que se tradujo para ellos en no poco sufrimiento, como revela un documental que se proyecta en la misma sala de la muestra y en el que aparece un Kruschev airado a punto de correr a zapatazos a los artistas reprendidos) y eso los ha mantenido apartados de los museos hasta hace relativamente poco tiempo (el milagro que obraron la Perestroika y la Glasnost se lo tomó con calma), lo que confiere a las colecciones privadas un testimonio prácticamente exclusivo. Tal y como explicó ayer Rueda, el recorrido tiene su origen en el underground ruso que empezó a gestarse en los años 60 desde el más puro inconformismo y abarca en su espectro desde 1977 hasta este mismo año 2016 a través de obras de artistas como Leonid Sokov, Igor Baskakov, Grisha Bruskin, Stanislav Blinov, Ilyá Kabakov (que protagonizó una exposición en el CAC Málaga hace una década), William Brui y Víctor Popov, que cierra el catálogo con su muy reciente Construcción espacial (2016), reivindicación y a la vez reinvención del constructivismo más próximo a Rodchenko.

El título de la muestra hace referencia, según Rueda, a los tres vértices en los que se asienta el arte ruso no oficial entre 1950 y 1980: la resistencia ante la prohibición directa de todas sus formas desde el poder político; la recuperación de algunas señas tradicionales rusas que el apogeo del realismo soviético había condenado al ostracismo, como las imágenes religiosas y los iconos, ahora concienzudamente recuperados aunque con alcances bien distintos; y la apertura a otras corrientes artísticas que anidaron fuera de Rusia, especialmente el arte pop, adoptado por estos artistas en los años 70 para "llevar a cabo una decodificación del arte oficial". Así, la cartelería repleta de humor y parodia de Igor Baskakov, las esculturas de Leonid Sokov (con Stalin transmutado en oso y Lenin cruzado con Giacometti), la hermosa pintura La última cena de Blisov, los iconos irreverentes de Leonid Purygin y las ilustraciones infantiles de Kabakov (emblema del conceptualismo moscovita) surcan un arte vivo que sigue caminos bifurcados. Todo se da y todo se niega.

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