julián lara. director

"Buscar un hueco en Hollywood es como ir a la guerra o entrar en la jungla"

  • El cineasta cuenta su formación y su supervivencia en Los Ángeles en un libro en el que se suceden las 'apariciones estelares' de grandes nombres de la industria con los que se ha codeado

Nada menos que Santiago Segura, Álex de la Iglesia, Guillermo del Toro, Nacho Vigalondo, Jaume Balagueró o Paco Cabezas, junto con el director del Festival de San Sebastián, José Luis Rebordinos, dedican palabras afectuosas a Julián Lara en las páginas o la contraportada de Welcome to Hollywood (Plan B/Dolmen), historia de la supervivencia y las dificultades de un soñador, enfermo de cine, que acude a formarse en Los Ángeles y aspira a sacar adelante sus películas. El 29 de abril, el director de proyectos como Deadhunter o Killing Twice presentará en la Fnac de Sevilla, junto con su paisano Paco Cabezas, este libro en el que su autor se muestra a corazón abierto. Un corazón -más concretamente una arritmia y una bradicardia- que acabó sugiriendo el destino de su protagonista.

-Estuvieron a punto de ponerle un marcapasos y usted pensó que necesitaba otra cosa: intentar vivir del cine.

-Aquel problema de salud fue el detonante que me hizo decirme que cualquier día se me acababa esto y que sólo se vive una vez. Ahí supe que me iba a dedicar a lo que más me gustaba. Me dije: Que se pare el mundo que me bajo. Y empecé a hacer lo que siempre había soñado, desde los cinco años...

-...Cuando firmaba sus películas como Steven Julián Spielberg.

-[Ríe] Sí. Fue el primer director que me marcó, el primer nombre que me aprendí del cine. Y de la televisión fue Lou Ferrigno, por la serie de El increíble Hulk, La Masa.

-A ambos los acabaría conociendo en su estancia en Estados Unidos.

-Sí, me lo he pasado bien en estos años, han sido una aventura que no se puede desdeñar en absoluto. Aunque eso no haya tenido consecuencias profesionales, es bonito conocer a la gente a la que admiras. No siempre sale bien. Creo que el representante de George A. Romero, por ejemplo, me apartó de él. A George le tengo que escribir una carta, no un email sino una carta a su dirección de Toronto, para que le llegue a él y no al agente. Pero con Guillermo del Toro sigo manteniendo una relación estupenda: esta misma semana nos hemos escrito.

-En el libro reconoce que, en los comienzos, su perseverancia era mayor que sus habilidades como cineasta.

-Totalmente. Tenía más voluntad que conocimiento, pero pensaba que con mucha voluntad se salvaban las carencias. Ya uno se da cuenta de todo eso... pero por si acaso hay quien te lo hace saber. Yo creía que la gente vería esa buena voluntad, pero quienes la veían la alababan y ponían sus peros, y otros que no querían verla atacaban, normalmente desde los foros de internet, con toda la impunidad. A algunos les molestaba que lo que yo hacía lo podía hacer cualquiera.

-Welcome to Hollywood habla de los daños colaterales que tiene apostar por un sueño: puede fracasar la relación de pareja.

-En realidad, cuando uno está casado no da un salto así sin contar con el consentimiento o el apoyo de su pareja. Ella me respaldaba, pero pasaron unos meses, vino a verme y me dijo que ése era mi sueño, que yo me quedaba ahí. Marcharme de Sevilla era una decisión complicada, no sólo por la pareja, yo tenía una casa, un coche, una mascota... Ponía en riesgo todo lo que tenía... hasta el punto de que al volver sólo me quedaba la casa ya.

-El libro puede verse como una guía de supervivencia en Los Ángeles: explica cuáles son los supermercados baratos, avisa de que uno no debe colarse en el metro...

-Sí, sí. Da un poco de vergüenza contar algunas historias que comparto, como eso de comer a escondidas en el supermercado porque no tienes dinero o lo de colarse en las fiestas porque no cuentas con invitación. Una de las cosas que explico es que no debes llevar ropa llamativa, porque el guarda se fijará en ti. El primer día pagué la novatada. ¡Llevaba una chaqueta con la bandera inglesa! Aprendí de mis propios errores. Volviendo a mis problemas, eran más básicos que los de los directores consagrados, conseguir dinero o un trabajo... pero un día hablando con Guillermo del Toro me di cuenta de que cada uno tiene sus quebraderos de cabeza. Se le acababa de caer At the Mountains of Madness, una adaptación de Lovecraft que iba a producir James Cameron e iba a protagonizar Tom Cruise, y andaba preocupado con el tema.

-Pero no todo fueron dramas. También vivió su desmadre a la americana.

-Pasé momentos difíciles, con los estudios, los apuros económicos, los proyectos que no salen, pero había que aprovechar la parte positiva. Ir a Hollywood es como ir a la guerra, es una jungla. Es tan difícil... y estás en la otra parte del mundo, y Los Ángeles tiene una parte de diversión, con sus fiestas y sus mujeres... una parte que uno no debía perderse.

-Por lo general, los productores no salen demasiado bien parados en su relato.

-Hay gente indeseable en todos los ámbitos. Aunque los productores de 2012 no eran indeseables, simplemente no pudieron recaudar el presupuesto. Puede que los de 2013 tuvieran problemas, pero no fueron claros y no se portaron bien conmigo, prefirieron guardarse las espaldas. Si por lo que fuera no tenían la financiación adecuada tendrían que haberlo dicho. Cuando hablo de que un productor haga una película conmigo no me gusta verlo como una ayuda: no, no estamos hablando de una ayuda, no se trata de venga, vamos a ayudar a Julián, se trata de un negocio. Yo siempre he mirado el tema de la taquilla como algo importante.

-De hecho, dice en el libro: "El gran problema del cine español es que para muchos el cine es un arte y no un negocio".

-Es un tema muy complicado el de las subvenciones. Cumplen una función, pero hay mucho vividor que se aprovecha. ¿Cuántas películas se hacen en España? Pues se estrenan la mitad. Hay productores que prefieren no poner a circular sus películas porque eso les cuesta dinero. ¿Y entonces para qué las hacen? La actitud de algunos enturbia la honestidad de otros; no son todos los que actúan así, claro.

-Termina su libro diciendo: "Dadme unos años y os contaré cómo llegué a triunfar".

-Cuando llegue arriba, haré un libro con algún título borde, que dedicaré a los que no creyeron en mí. En el futuro me veo como Manoel de Oliveira, haciendo películas a los 100 años, pero serán películas entretenidas, tampoco como Russ Meyer, aunque habrá que meter teta, ¿no? Ni una cosa ni otra. Quiero variar, no quedarme en lo mismo. Ahora entiendo el giro que dio Peter Jackson: cuando haces algo tan extremo como Mal gusto o Braindead no puedes seguir en esa línea. La gente me sigue asociando con el gore, cuando en mis últimos trabajos hay muy poquita sangre, pero a mí me interesaría ahora hacer thrillers.

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