Arte

El CAC de Vélez-Málaga reivindica la vigencia de Julio López Hernández

  • El museo reúne hasta el 26 de abril una exposición con 43 obras, en su mayoría esculturas, del gran artista fallecido en 2018

'El hombre del sur' (1972), escultura de Julio López Hernández incluida en la muestra. 'El hombre del sur' (1972), escultura de Julio López Hernández incluida en la muestra.

'El hombre del sur' (1972), escultura de Julio López Hernández incluida en la muestra. / Fundación Juan March

La muerte en mayo del año pasado del escultor madrileño Julio López Hernández a los 88 años pilló a más de uno con el pie cambiado. Desde hacía al menos dos décadas el artista había asumido una posición marginal en virtud de una historiografía del arte demasiado aficionada a los fuegos artificiales que no había dudado en tachar su obra de anticuada, de pasada de moda y excesivamente costumbrista. Eso sí, López Hernández percibió el dictamen, como casi todo lo demás, a base de humor y del discreto estoicismo mesetario del que solía hacer gala. Tal y como escribió tras su muerte Andrés Trapiello, con la desaparición de López Hernández España perdía al último grande de su tradición realista, en un momento en que casi nadie parecía darse cuenta de la estocada contemporánea que entrañaba esa misma tradición. Por eso resulta bien oportuna la exposición que el Centro de Arte Contemporáneo de Vélez-Málaga dedica a Julio López Hernández, la primera de carácter póstumo consagrada al artista en toda España, que, tras su inauguración el pasado día 1, podrá visitarse hasta el próximo 26 de abril.

La oportunidad se justifica en dos argumentos esenciales: la muestra reúne un total de 43 obras (29 esculturas y 14 dibujos) realizadas en un abanico cronológico que abarca la mayor parte de la producción del creador, desde 1962 hasta 2006, lo que permite comprobar de primera mano la evolución de López Hernández (especialmente la que le permitió desatar los lazos del expresionismo para abrazar el código realista, mucho más humano e inmediato) en su mayor amplitud; y, al mismo tiempo, la exposición se presenta como una reivindicación de la absoluta vigencia artística de este legado en el presente, capaz de germinar y dar fruto.

Hijo y nieto de orfebres, Julio López Hernández nació en Madrid en 1930 y se formó en la Escuela de Artes y Oficios. Con 19 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde entabló amistad con otros artistas como Antonio López y Lucio Muñoz. Poco después obtuvo una beca del Liceo Francés y la Pensión de Bellas Artes de la Fundación Juan March, lo que le permitió ampliar su formación en Francia e Italia. Esta experiencia resultó decisiva en la medida en que buena parte de la obra de López Hernández entabla un diálogo abierto con el arte clásico sin cejar un ápice en su intención moderna. En 1982 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas y en 1986 ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus obras se pueden encontrar en el Museo Arte Reina Sofía de Madrid, el Museo Nacional de la Moneda, el Museo de Figueira de Foz, el Museum Atheneum de Helsinki, el Muzeum Sztuki Medalierskiej de Varsovia, el British Museum,el Museo Vaticano, la Colección Fundación Juan March, el Museo al Aire Libre de Hakone (Japón), el Museo del Prado, el Palais de l'Europe (Estrasburgo) o el Chase Manhattan Bank (Nueva York).

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