Cultura

Cacharrería multimillonaria

EEUU, 2009, Ciencia ficción, 147 min. Dirección: Michael Bay. Guión: Ehren Kruger, Roberto Orci, Alex Kurtzman. Intérpretes: Shia LaBeouf, Megan Fox, Josh Duhamel, Tyrese Gibson, Kevin Dunn, John Benjamin Hickey, Ramon Rodriguez, Isabel Lucas, John Turturro. Cines: Málaga Nostrum, Larios, Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, La Verónica, Al Andalus, Alfil, Miramar, Gran Marbella, Plaza del Mar, Rincón, Ronda, El Ingenio.

Hace más de una década Michael Bay cambió la historia del cine de acción con La roca (1996), que además de ruido y efectos ofrecía algunas virtudes ligadas al personaje de Connery. Había una promesa para el buen cine comercial en esta película. El futuro demostró que la promesa sólo afectaría a lo comercial y no al cine. Con Armageddon (1998) intentó inyectar algo de dramatismo en el cine de catástrofes y lo que logró fue una plasta capitaneada por un Bruce Willis tan grotesco que aún me pregunto si no sería una voluntaria parodia de los duros de corazón de oro que habitualmente interpreta. La posterior Pearl Harbor (2001) logró achicar la épica bélica a las dimensiones de una comedia de adolescentes. Salvo por una secuela de la que había sido su primera película (Dos policías rebeldes I y II, 1995 y 2003) parecía que Bay estaba empeñado en ennoblecer el espectáculo basado en los efectos especiales a tramas dramáticas o temas históricos. El estrepitoso fracaso de la siguiente La isla (2005) -reparto de lujo para tema de inicial ambición psico-futurista- debió decidirle a dejarse de pretextos temáticos o históricos y dedicarse a la cacharrería. Fue entonces cuando rodó Transformers (2007).

El asombroso éxito económico de esta película basada en un juguete japonés de los 70 que inspiró una serie de animación estadounidense-japo-canadiense de los 80 ha dado como resultado esta segunda parte, aún más ruidosa, aún más plagada de (hay que reconocerlo) asombrosos efectos especiales; y por ello aún más taquillera: de momento está reventando todos los récords. Y logra su objetivo sin engañar: da lo que promete y lo que quien a verla espera. Todos contentos. Por eso añadir que se le hubiera podido dar un poquito más de ancho al argumento o de largo a los personajes y recortarle algo de metraje sería absurdo. Eso sí: quienes le tenemos manía disfrutamos viendo a John Turturro haciendo el ganso por dinero.

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