Coronavirus | Ciencia

Un niño grande

  • H. G. Wells imaginó alienígenas invasores afectados por un microorganismo: 122 años después, la historia es bien diferente

  • José J. Arenas es físico de Sistemas Complejos

Una ilustración de 'La Guerra de los Mundos', de H. G. Wells. Una ilustración de 'La Guerra de los Mundos', de H. G. Wells.

Una ilustración de 'La Guerra de los Mundos', de H. G. Wells. / M. H.

Siempre he creído en los números, en las ecuaciones y la lógica que llevan a la razón. Sin embargo, después de una vida de búsqueda me digo: ¿Qué es la lógica? ¿Quién decide la razón?” Esta cita, atribuida al popular matemático John Nash (Una mente maravillosa) cobra especialmente relevancia en estos tiempos. Cualquier modelo matemático podía predecir la alargada sombra oriental que se avecinaba. Cualquier científico que, con el software adecuado y algunos conocimientos específicos sobre tipos de curvas epidemiológicas, introdujera los datos de la evolución de contagiados en un programa, podía obtener allá por el lejano febrero (de forma aproximada) el número básico de reproducción. La undécima plaga era inevitable; si la comunidad científica lo sabía, los gobiernos lo conocían. ¿Por qué no se tomaron las medidas entonces? Al igual que el gran Nash, nos preguntamos, confundidos: ¿Qué es la lógica? ¿Quién decide la razón? El célebre equilibrio de Nash predecía que los mejores resultados para una comunidad se producirían con acciones coordinadas y estrategias combinadas no totalmente egoístas.

Si Girolamo Fracastoro levantara la cabeza, quizá pensaría, estupefacto: ¿Pero de qué han servido estos 500 años? Su colega de Universidad, Nicolás Copérnico, comenzó a derribar el geocentrismo (o egocentrismo), pero parece que no lo asumimos aún, por más que la realidad y los datos nos golpeen. La ecuación de Drake (1961) estima, con fracciones algo restringidas, la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia, y en ella aparece un parámetro clave (L): el lapso de tiempo durante el que una civilización puede existir. El científico asumió un valor de promedio de 10.000 años, y la historia de las civilizaciones humanas ya lleva varios miles de ellos sucediéndose.

El ‘Homo sapiens’ creyó que el mundo le pertenecía a cuenta de un concepto teológico

H.G. Wells, en La guerra de los Mundos (1898), describió un mundo apocalíptico y envuelto en pánico por ataques alienígenas, pero los verdaderos protagonistas fueron los minúsculos patógenos que fulminaron a los extraterrestres; la cruda selección natural. Wells, formado en biología por el conocido como Bulldog de Darwin (T. H. Huxley), culminó su novela con una ferviente defensa del darwinismo (en una época en que aún conllevaba riesgos reputacionales). Por otra parte, el escritor también divulgó en dicha novela el concepto de inmunidad (no adquirida por los marcianos pero sí por los terrícolas). 122 años después, somos nosotros los alienígenas a los que un microorganismo está aniquilando; la selección natural, ciega, democrática, irrumpe de nuevo.

Como un niño malcriado y egoísta, el Homo sapiens y sus predecesores tomaron todo lo que quisieron de la Naturaleza, y evolucionaron creyendo que el mundo le pertenecía por obra y gracia de un concepto teológico. Producto de esa arrogancia, y dopada esta por la ensoñación del autoatribuido derecho a conquistar la cima de la cadena trófica, hemos empujado a multitud de especies, y al propio planeta (cambio climático) al borde de la extinción.

El pequeño ha crecido y, como los wellsianos seres con bocas en forma de V, ha comprobado crudamente su enorme fragilidad, ha contrastado que no tiene más derechos ni privilegios que el resto de la biosfera. ¿Qué se siente, niño grande, cuándo la extinción llama ahora a tu puerta?

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios