Crítica de teatro

Existencialista, homicida y celoso

'Ninfolepsia' en la Sala Maynake. 'Ninfolepsia' en la Sala Maynake.

'Ninfolepsia' en la Sala Maynake. / La Coracha Teatro

Imaginen el típico interrogatorio policiaco de serie americana. El típico policía que ha renunciado a su vida para pillar a los malos, un tipo malencarado pero con su corazoncito. Estos son los típicos compases de cualquier thriller al que estamos acostumbrados. Y precisamente por lo estereotípico del planteamiento, la ruptura en clave de absurdo dota a Ninfolepsia de un punto de partida poderoso: el interrogado es nada menos que un oso de peluche de carne y hueso.

De este modo, el texto de Gonzalo Campos se lanza a crear un enfrentamiento dialéctico entre dos personajes que se parecen más de lo que ellos piensan. Un viaje retórico plagado de sugestivas referencias literarias y filosóficas, de meta-relatos y fábulas que tratan de ahondar en la naturaleza del instinto urdido como trasunto del alma humana.

Con este trazado narrativo, nos espera en la puesta en escena un viaje plagado de inteligentes sarcasmos e ironías, en el que las dos caras de la misma moneda se retan de manera permanente. Sin embargo, el viaje da rodeos, deambula y se pierde en los mosaicos temporales y elonga unos conflictos que a veces quedan solo en la palabra. Se echa de menos una propuesta que lleve a las tablas más onirismo, o más metáfora, o más acción, o más absurdo, porque al final el recurso del oso se normaliza y se desviste de nuevo la apuesta al desnudo del estereotipo.

Juan Antonio Hidalgo firma una dirección que, aunque pobre en los medios, se centra de manera preponderante en el cara a cara interpretativo. Paco Pozo construye un investigador contenido desde un interesante realismo, controlando de manera atractiva su querencia expresiva. Y Víctor Castilla se viste con la piel del oso simbólico, con una tendencia psicopática que pide ­más riesgo y más juego como contrapunto al naturalismo imperante. Y es que, al fin y al cabo, un oso siempre es un oso. Aunque sea de peluche.

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