Cultura

Da lo que promete sin hacer trampas

Acción, EEUU, 2014, 165 min. Dirección: Michael Bay. Intérpretes: Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, T. J. Miller. Guión: Ehren Kruger. Fotografía: Amir M. Mokri. Música: Steve Jablonsky. Cines: Málaga Nostrum, Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, La Verónica, Alfil, Miramar, La Cañada, Gran Marbella, Rincón de la Victoria, Ronda, El ingenio

Esto de la crítica de cine es un follón en dos casos: cuando se trata de buenas o muy buenas películas de género que no se proponen trasgredir o ensanchar los límites y convenciones genéricos (el buen o muy buen cine artesanal); y cuando el crítico está de más e incluso es una presencia que importuna los abrazos entre esa pareja clave del cine comercial formada por el espectador y la película. En el primer caso hay que valorarlas de acuerdo con las normas del género al que pertenecen, admitiendo que pueden ser una cinco estrellas del cine comercial popular. En el segundo, si no hay de por medio trampa o engaño (que también se dan con frecuencia en el cine de autor, por cierto), el crítico debe retirarse de puntillas para no convertirse en el puritano Dr. Antonio de Fellini (Las tentaciones del doctor Antonio) que recorría los parques en los que las parejas se metían mano, iluminándolas con una linterna y gritándoles "¡pecadores!, "¡lascivos!".

Transformers 4: la era de la extinción pertenece al segundo grupo. Da lo que promete y lo que se espera de ella sin engañar a nadie: es como un terremoto en un desguace de coches. ¡Cuánta cacharrería de latas desplomándose, transformándose, peleándose! ¡Cuánto ruido! No es gran cine comercial de género, como la estupenda El amanecer del planeta de los simios, en la que los efectos se ordenan a una excelente narrativa muy bien interpretada. Pero tampoco es una de tantas trampas groseras y estúpidas. Es lo que es. Lo que se espera que sea. Da lo que se paga por ver. Y punto. No es cuestión de ponerse en plan Dr. Antonio. Escribir en serio sobre esta película, ya que en ella no hay trampa, es como vivir atormentado por las noticias sobre Chabelita y el señor Isla.

Lo más destacable es la personalidad de su director, Michael Bay, un hacedor de éxitos ruidosos que dio una sorpresa con la cínica y dura Dolor y dinero; pero que sobre todo ha influido profundamente en la historia del cine comercial con La roca -siempre eficaz, madre de mil soluciones horteras, realzada por la presencia de Connery autoparodiándose como un envejecido James Bond recluido durante décadas- y después ha seguido triunfando con máquinas como Armageddon y la saga Transformers.

Como no es tonto en el prólogo da pistas cinéfilas -que irían desde Wenders o Bogdanovich a Hawks- y después añade el toque nostálgico de los héroes de la América-de-toda-la-vida con el personaje de Mark Wahlberg, para que quien quiera exprimir este limón con poco jugo de cine y muchas pipas de efectos se haga su limonada interpretativa. Ya lo dijo El Gallo: hay gente pa to.

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