Crítica de Cine cine

Dios, probablemente

La elección de Vincent Lindon es uno de los varios aciertos de 'La aparición'. La elección de Vincent Lindon es uno de los varios aciertos de 'La aparición'.

La elección de Vincent Lindon es uno de los varios aciertos de 'La aparición'. / m. h.

Las apariciones de carácter religioso suelen estar rodeadas de circunstancias dramáticas porque sobre ellas planea la sospecha del histerismo y el autoengaño o la aún peor del fraude. La Iglesia actúa con extrema cautela y las elegidas -porque casi siempre son mujeres- son sometidas a un doble tormento: los no creyentes las toman por locas o cómplices de engaños clericales, mientras que la Iglesia las somete a duros procesos de verificacación que los anticlericales, los no creyentes e incluso muchos creyentes se toman con rechifla o sospecha. Así sucedió en Lourdes y en Fátima. Filmar unas apariciones consideradas reales por la Iglesia es sumamente difícil. Recuerden La canción de Bernadette de Henry King. Filmar apariciones falsas es algo más fácil, pero hace falta el genio de Fellini para alcanzar la cumbre a la vez grotesca y trágica de las niñas videntes en La dolce vita.

Xavier Giannoli ha centrado la mayor parte de su filmografía en el relato intimista de revelaciones, encuentros o descubrimientos que redimen vidas. En Una aventura el encuentro entre un modesto empleado de videoclub y una acomodada mantenida cambia la vida de ambos; en Chanson d'amour un maduro cantante de salón recupera la ilusión de vivir gracias a su encuentro con una joven madre soltera; en Crónica de una mentira un especulador sin escrúpulos es redimido por la sencilla alcaldesa de un pueblecito al que intenta estafar; en Superstar las redes y la explotación mediática convierten en una estrella a un hombre sencillo cuya vida destrozan tras encumbrarlo haciéndole perder su tranquilo ser un don nadie.

En La aparición Giannoli es fiel a esta línea temática. O mejor podría decirse que se sumerge en la madre de todas las formas de aparición, encuentro y redención: un periodista debe investigar la realidad o falsedad de unas apariciones de la Virgen en un pueblo francés que están atrayendo miles de peregrinos. El Vaticano, siempre receloso de estos fenómenos, lo es aún más en la era de las redes sociales. Lo que el periodista ha visto a lo largo de su carrera periodística y un drama que le ha marcado no le hacen creer precisamente ni en la bondad natural del ser humano ni en la existencia de una piadosa y providente misericordia divina. Primer acierto de la película: Vincent Lindon es el intérprete ideal de este tipo derrotado pero no del todo vencido por las despiadadas verdades de la vida, un poco como los detectives de Chandler o Hammet cuyo dolorido y desencantado cinismo no podía evitarles luchar una vez más contra el mal. Pese al tumulto que rodea al lugar -histerismo, circo mediático, mercantilización grosera- el investigador siente una atracción por la atormentada vidente que le hace dudar de sus dudas. Segundo acierto de la película: la intensa interpretación de Galatea Bellugi.

Así lo que empieza como la investigación de lo que parece ser otro caso de autosugestión o fraude se va convirtiendo progresivamente para él en una revelación que le va descubriendo capas de la realidad cuya existencia anhelaba sin saberlo o querer creerlo.

Giannoli ni afirma ni niega: profundiza en la relación entre los dos personajes y -sobre todo- en las que establecen ellos mismos. Tercer y definitivo acierto de la película: permite diferentes lecturas con absoluto respeto a la inteligencia del espectador por la profundidad humana de su planteamiento y un muy sobrio y riguroso tratamiento de la imagen que no ignora las lecciones de los ascéticos maestros del cine de lo sagrado europeo. Bresson, Dreyer o Tarkovski sobre todo, a los que evoca sin alcanzarlos. El Diablo, probablemente se titulaba una película de Bresson. Dios, probablemente podría llamarse esta.

La suma de los tres aciertos da como resultado una insólitamente inteligente y severa película que no renuncia a la emoción y además resulta entretenida. No es poca cosa.

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