Cultura

Eugenio Chicano reúne por primera vez sus carteles para una exposición

  • El Ateneo y la Peña Juan Breva exhiben 68 piezas realizadas entre 1956 y 2010

Si para Miguel Hernández un cartel era un grito en una esquina, de cualquier forma un cartel es un aviso para navegantes en la jauría urbana, casi un faro para guiar al despistado. La Revolución Industrial los hizo imprescindibles y Toulouse-Lautrec los ganó eternamente para el arte. En buena medida, un artista se sincera de manera mucho más evidente, sin el peso de la impostura, a través de sus carteles: en ellos puede el espectador revisar su compromiso, su ideario social, su generosidad. A lo largo de su fecunda carrera, Eugenio Chicano ha rematado unas 140 piezas de este género. Y ahora, por primera vez, el artista reúne una amplia muestra de los mismos, con un total de 68, realizados entre 1956 y 2010, para una exposición inaugurada ayer en dos sedes, el Ateneo de Málaga (C/ Compañía) y la Peña Juan Breva (C/ Ramón Franquelo), que da el pistoletazo de salida al Año Chicano (conmemorativo de su 75 aniversario) en lo que a actividad expositiva se refiere y que podrá verse hasta el 10 de febrero.

En la Peña Juan Breva se han colgado 24 carteles vinculados directamente con el flamenco, con sus festivales y sus artistas. La sección del Ateneo es más amplia, con 46 obras dedicadas a numerosos acontecimientos de la provincia, desde la Feria (con el celebradísimo cartel del quinto centenario, el de 1987) hasta los toros pasando por el carnaval, los verdiales, el primer Congreso Internacional dedicado a María Zambrano (celebrado en Vélez-Málaga en 1994), la fiesta de las malagueñas, la última edición del ciclo de música Ciudad del Paraíso en 2007, la manifestación histórica que pidió "La Aduana para Málaga", torneos de fútbol, campañas de la Cruz Roja, otras muchas convocatorias y efemérides populares y hasta exposiciones caninas. No podía faltar, claro, la Semana Santa, a la que se dedica una sala especial en la que lucen sus carteles para la Expiración, para Dolores del Puente, para el acto de hermanamiento de cofradías ("hay algo aquí de Hugo Pratt"), para Gitanos con encaje de bolillos y para otros agentes de la Pasión. No faltan algunas rarezas, como el cartel para el Congreso Internacional por la Paz en Europa celebrado en Vitoria y Guernica en 1996 y otro de evidente intención agitadora, encargado por el Partido Socialista de Verona en 1981, en el que reza el lema 90 anni di storia italiana.

Precisamente, no pocos carteles dedicados a tradiciones malagueñas fueron realizados por Chicano en la ciudad italiana, donde vivió algunos de sus años más importantes como artista. "La distancia, aunque pudiera parecer lo contrario, te da más claridad. No hay que confundirlo con la nostalgia. Es un aprendizaje en el que de alguna manera descubres lo que llevas viendo toda la vida", apuntó ayer el pintor. Pero, además, "está la técnica; en Italia podía disponer de medios con los que muy difícilmente habría llegado a contar en Málaga". Y al hablar de técnica, precisamente, es cuando Chicano se pone más en su sitio: "Yo me reivindico como cartelista. Estudié cartelería en la escuela de artes y oficios de Carretería y allí me familiaricé con la litografía más ortodoxa. Desde ahí hasta la reproducción digital, pasando por el offset, hay un mundo. Pero siempre, sea cual sea la técnica, he procurado darle a cada cartel su sentido, he buscado que tenga suficiente punch. Nunca me ha dado por coger un cuadro y ponerle un lema por debajo. Por eso, cada cartel ha sido para mí un aprendizaje. He puesto todo mi empeño en aprender las reglas para luego olvidarlas".

La exposición de carteles de Eugenio Chicano permite recordar de un vistazo la historia viva del último siglo en Málaga, sus anhelos, sus luchas y fracasos. Como un lienzo hecho para el hombre.

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