Cultura

Genio y granuja

Nacido en Lausana, Fabian Avenarius Lloyd, más conocido como Arthur Cravan, tuvo una vida breve y agitada y extraordinariamente intensa. Cuando desapareció -nunca encontraron el cuerpo- en aguas del golfo de México, el precursor del dadaísmo, que había nacido en 1887, apenas contaba 31 años, pero tuvo tiempo de crearse una leyenda que ha conservado intacto su poder de fascinación. Sobrino de Oscar Wilde, Cravan era un gigante de casi dos metros de altura y más de cien kilos de peso -su pareja última, la poeta y pintora Mina Loy, lo llamaba Colossus-, pero a pesar de su volumen era también un hombre apuesto que sedujo a decenas de mujeres y paseó su corpulencia por ciudades de medio mundo. Boxeador, poeta y conferenciante -fogonero o leñador o asaltante de joyerías-, Cravan fue un agitador que gustaba de la provocación y el escándalo en todas sus formas posibles, un artista showman que predicó el irracionalismo, se adelantó a su época y consiguió hacer de su vida, como tal vez pretendiera, la más perdurable de sus obras.

Disponíamos de una bien documentada aproximación de Maria Lluïsa Borràs -Arthur Cravan. Una biografía (Quaderns Crema, 1993)- que es referencia obligada para los lectores en castellano, algunos de los cuales tal vez recuerden el estupendo dossier publicado por la benemérita revista Poesía a principios de los noventa. Más recientemente, el realizador Isaki Lacuesta filmó una curiosa película seudodocumental -Cravan versus Cravan, 2002- en la que se recrean las andanzas y extravíos del personaje. Ahora, El olivo azul ha reunido en un volumen -prologado por Jérôme Gauchet y muy apropiadamente incluido en la colección Errantes- los cinco números de la revista Maintenant ("Ahora"), editada y escrita por Cravan -él mismo la vendía, en un carrito ambulante, por las calles de París- entre 1912 y 1915. Íntegramente redactada por el autor, que firmaba con su nombre o bajo seudónimo, la revista fue a la vez el refugio de sus obsesiones personales y uno de los más tempranos exponentes de la literatura de vanguardia.

Las páginas de Maintenant dan rienda suelta a la fijación de Cravan con su tío Oscar, al que dedica varios artículos, entre ellos uno famosamente titulado ¡Oscar Wilde está vivo! donde cuenta un encuentro fantasmagórico que algunos tomaron por real. Contienen asimismo poemas, crónicas y reseñas de arte, donde el pugilista se muestra como un crítico irreverente -así en su retrato implacable de André Gide-, feroz y despiadado. La edición, que incluye en apéndice el extenso poema autobiográfico Notas, reproduce también los anuncios de la revista, muy probablemente redactados por el propio Cravan: "¿Qué necesita el poeta? Una buena comida. Chez Jourdan Restaurateur". Son prosas y versos desaforados, escritos en una lengua descarnada y visionaria, pero entre las procacidades y los exabruptos, Cravan interpola sentencias bastante lúcidas: "Los lerdos sólo ven lo bello en las cosas bellas". André Breton, que incluyó a Cravan en su célebre Antología del humor negro, habló, en relación con el poema citado, de "genio en estado puro". Menos complaciente, la señora Lloyd dejó escrito: "Por mi parte, siento vergüenza y asco de ser la madre de semejante granuja".

Arthur Cravan. Editorial El olivo azul. Córdoba, 2009. 120 páginas. 18 euros. Traducción de Jérôme Gauchet y Elena Fons

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