Cultura

Hermosa, inteligente y emocionante: una rareza, hoy

Drama policíaco, EE UU, 2012, 130 min. Dirección y guión: Jeff Nichols. Fotografía: Adam Stone. Intérpretes: Matthew McConaughey, Tye Sheridan, Jacob Lofland, Reese Witherspoon, Sam Sheppard. Cine: Vialia.

No es exagerado citar a Charles Dickens, como ha hecho un colega, a Mark Twain, como han hecho casi todos los colegas, y hasta a Joseph Conrad, como creo que hago solo yo, a propósito de esta sencilla -pero no simple-, inteligente -pero no pedante-, emocionante -pero no sensiblera- y optimista -pero no tonta- película. Del Dickens de Grandes esperanzas tiene la conmovedora relación entre el niño y el recluso fugado. Del Twain de Las aventuras de Tom Sawyer tiene la descripción de una infancia medio salvaje en las lagunas y bosques de Mississippi y la escapada de Tom, Huckleberry y Joe a la isla del río (y hasta un guiño al indio Joe y el pánico de los niños perseguidos). Y de Joseph Conrad tiene la pasión desesperada por una mujer que arrastra a la tragedia la existencia de un héroe romántico y sin suerte, como el Peter Willems de Un vagabundo de las islas o el Axel Heist de Victoria.

Porque esta película trata de dos niños en transición a la adolescencia que viven en las riberas del Mississippi unas vidas modestas y tristes -uno es huérfano, otro sufre el divorcio de sus padres- de las que huyen soñando aventuras en su refugio de una isla del río. Y de su amistad y complicidad con Mud, un joven enamorado que se ha escondido en la isla para huir de la policía y de los cazadores de recompensas tras cometer un asesinato para defender a su amada.

La ha dirigido Jeff Nichols, a sus 35 años uno de los más personales y creativos realizadores del último cine americano, tan a contracorriente en los temas que escoge como en su pausado, sereno y a la vez vigoroso estilo. Debutó con un gran drama rural arraigado en los campos de algodón de Arkansas (Shotgun Stories, 2007). Se consagró con una rigurosa, a la vez que poética, indagación sobre la obsesión y la locura arraigada en las extensas llanuras de Ohio (Take Shelter, 2011). La unión entre drama y paisaje -por eso he preferido definir este vínculo como arraigo en vez de como ambientación- es esencial en el cine de Nichols. Una unión de tal fuerza y autenticidad que podría recordar a Vidor, Ford o Rossellini entre los clásicos o a Malick entre los modernos. En Mud baja de Arkansas y Ohio al Mississippi para crear esta (casi) obra maestra de iniciación, aventura y romance. Con unas notas severas de cine negro.

Un prodigio de serenidad estilística, de firmeza narrativa, de reinterpretación del clasicismo cinematográfico, de captación casi documental de tipos y paisajes, de creación de personajes llenos de fuerza, verdad y vida -a la vez que adornados por una cierta y emocionante idealización novelesca- y de dirección de actores. Las interpretaciones de los niños Tye Sheridan y Jacob Lofland son un prodigio de intensidad y naturalidad. Matthew McConaughey demuestra inteligencia y coraje tanto en su interpretación como en la decisión de participar en esta película tan a contracorriente del ruido, la estupidez o la grosería del último cine americano. Reese Witherspoon compone con ternura una triste heroína conradiana en versión de neones y moteles. Y Sam Sheppard crea el tipo fordiano que marca la película -y las vidas de los protagonistas- con unas pocas pero espléndidas intervenciones. Añade emoción sin facilonerías el compositor y cantante folk-rock David Wingo, cómplice, amigo y paisano de Nichols: ambos son de Little Rock (Arkansas) y se han mantenido fieles a su cultura y a su tierra. No se la pierdan.

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