Cultura

Improvisación en los márgenes

De Carlos Aguilar conocíamos ya su inquebrantable vocación enciclopédica, resuelta en esa Guía del cine que ha circulado durante años, antes de la era Internet, como gran biblia de consulta rápida y primera impresión para el cinéfilo casero. También su interés por el cine de género (FantaEspaña, Yakuza cinema) o por algunos de sus autores de referencia (Romero Marchent, Franco, Leone, Eastwood).

No sabíamos tanto de su devoción por el jazz, una pasión genética que se materializa ahora en un nuevo y lujoso diccionario profusamente ilustrado que pretende sintetizar el largo idilio entre estas dos formas artísticas casi coetáneas, nacidas y desarrolladas en el siglo XX, a través de una serie de entradas que recogen los principales nombres (compositores, directores, instrumentistas), títulos (de ficción o documentales) o discos de referencia de un fértil trayecto cuyo arranque industrial podríamos situar en la mítica El cantor de jazz con Al Jolson y que se expande en el cine de la modernidad, de Hollywood y alrededores (Allen, Casavettes, Coppola, Eastwood) a la producción europea (Becker, Malle, Tavernier, Avati) o japonesa (Inoue, Wakamatsu).

Cine y Jazz inaugura en nuestra bibliografía un interés por esta relación que tiene ya ilustres y documentados precedentes en la bibliografía anglosajona (Jammin' at the margins: Jazz and the American cinema, Gabbard) o francófona (Jazz et cinéma, Mouëllic), y lo hace de una manera esencialmente divulgativa, con una breve introducción histórica, centrándose en los perfiles bio-filmográficos de aquellos cineastas, músicos y compositores (son todos los que están, pero no están todos los que son) que han introducido de algún modo el jazz (y sus distintos lenguajes, del swing al free) entre los modelos de acompañamiento músico-dramático en el cine, desafiando así el estándar sinfónico postromántico y apuntando nuevas relaciones estéticas y significativas. Aguilar se hace eco de esa idea esbozada por José Luis Guarner cuando hablaba de "la violencia expresiva del jazz como un estimulante eficaz contra el atematismo musical de muchos filmes; […] el jazz como música subjetiva, que no permite un sincronismo fácil y literal con la imagen, sino un paralelismo en una línea secundaria, interior, de posibilidades mucho más ricas e interesantes".

Carlos Aguilar. Cátedra / Signo e Imagen. Madrid, 2013. 384 páginas. 25 euros

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