Arte

Invitación a reconocernos

  • Cristina Martín Lara exhibe hasta el 14 de noviembre en la galería Isabel Hurley una serie de fotografías desconcertantes que permiten indagar en la condición humana

Con Landpartie, Cristina Martín Lara insiste en las claves e intenciones que vienen caracterizando su obra desde 1999, cuando inicia el proyecto Sueños despiertos. Éste es una suerte de marco conceptual que ha regido las sucesivas propuestas de la fotógrafa malagueña, redefiniéndose, a su vez, con cada una de ellas gracias a las nuevas soluciones y recursos que ha ido preconizando y sumando, de modo que se ha convertido, progresivamente, en un proyecto, por paradójico que parezca, más definido a la par que más complejo.

De ahí que podamos decir que Martín Lara construye sostenidamente, sin virajes sorpresivos y con desapego a las modas, un espacio de reencuentro del espectador consigo mismo; de afloramiento de vivencias, sensaciones, emociones y estados paroxísticos; así como de reflexión en torno a los procesos y estrategias artísticas, como las suyas, por las que, de un lado, el espectador no sólo acaba siendo agente o sujeto de ese proceso, sino objeto de su propia contemplación y dilucidación, como, por otro lado, sobre la capacidad de reconstruir y recontextualizar según las experiencias propias -por tanto de modo subjetivo e individual- las realidades-ficticias que le son ofrecidas.

No es poco lo que pone en juego la fotógrafa. Las más de las veces el espectador obtiene un retrato -si no autorretrato- del individuo y su relación con la sociedad, de la soledad, del aislamiento, la indefensión, del desamparo, la incomunicación y, en especial, de su fragilidad y finitud; cuestiones éstas que, junto a la continua referencia y confrontación con la Naturaleza infinita y con la manifestación de sus fuerzas -enunciación clara de lo sublime-, permite una vinculación con lo romántico, no tanto por sus referencias como por ese propósito de verse reflejado por oposición y con extrema melancolía en el mundo exterior: una rotunda indagación sobre nosotros mismos.

Para ello, Martín Lara, en sus fotografías y videoinstalaciones, nos ofrece una serie de imágenes desconcertantes y enigmáticas que en su conjunto se manifiestan a priori como inconexas, como si se tratasen de flashes, de instantes a medio camino entre lo real y lo ficcional (propio de la fotografía escenificada) que consiguen que lo familiar devenga extraño y que actúan como especie de detonantes en el observador. Indicios que harán que esas escenas que construye permitan que el espectador logre, merced a un proceso empático y de reconocimiento y convergencia, sentir y vivir como propias las emociones y estados que laten en sus fotografías.

No resulta difícil introducirnos en esos espacios que propone, ya que la fotógrafa opta por emular/suplantar lo que en lo fílmico sería el plano subjetivo, de modo que sus personajes, que suelen darnos la espalda, nos enfrentan a su propia visión que pasa a ser la nuestra. Al fin y al cabo no hace falta ponerles rostro a esos personajes. Están hechos del mismo material que nosotros y, seguramente, paralizados ante nuestra misma visión, lleguen a sentir igual. Hasta tal punto que esos sin-rostros que nos ofrecen su espalda, que nos regalan su visión, se transfiguran, gracias a un desplazamiento perceptivo, en nosotros o nosotros en ellos, de tal modo que acabamos por vernos representados en esas imágenes.

En esta ocasión, además, las fotografías han sido montadas a distintas alturas, intentando transportar al espectador al punto de vista que le correspondería en una lógica perceptiva que buscase situarlo en el espacio de lo fotografiado. Martín Lara, de ahí el carácter de instalación e incluso ambiental, ansía esa involucración del espectador. Ésta descansa también en otros resortes. Buena parte de la fotografía actual vacila entre la presentación y la narración y lo real y lo ficticio; en algunos casos, como en el de Martín Lara, el enigma y la ambigüedad de sus imágenes (la dificultad, cierto hermetismo y la dislocación de los márgenes lógicos) provocan que en su recepción se realice todo un ejercicio de connotación por nuestra parte, que acaba convirtiéndolas en símbolos y metáforas, aquí de la angustia existencial.

Con esta muestra, Martín Lara sigue ofreciéndonos espacios de reencuentro con nosotros mismos, invitaciones a ver y a vernos, descubrirnos convertidos en objetos de nuestra exploración y reconocimiento, mientras que la Galería Isabel Hurley sigue manifestado su interés por ejercicios en torno a lo vivencial, la indagación de la condición humana, los estados paroxísticos o las experiencias que rebasan los límites poniéndonos en juego. La de Martín Lara ha de unirse a otras como las de Navares, Rendeiro, Amavisca, Díaz Barbado o Martín&Muñoz, que configuran el sujeto contemporáneo.

Cristina Martín Lara. Galería Isabel Hurley. Paseo de Reding 39-bajo, Málaga. Hasta el 14 de noviembre.

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