Cultura

José Luis Cuerda vuelve al surrealismo con 'Tiempo después'

En 1989 José Luis Cuerda firmó una de sus obras más representativas, Amanece que no es poco y durante 30 años, los fans de este enorme director, productor y guionista de cine miraron una y otra vez hacia él clamando por una dosis más del mejor surrealismo patrio. Y ha llegado. Es Tiempo después. Pero responder al público que esperaba la secuela no era una de las preocupaciones de Cuerda, quien considera que si él "es capaz de escribir esto, el espectador es capaz de leerlo en igualdad de posibilidades". Ahí, afirmó ayer, "se establece un juego que puede ser divertido y que, de hecho, me consta que lo es, porque yo he visto cómo la gente se ríe viendo mis películas, y eso será por algo. No lo busco, pero lo encuentro".

Como no podía ser de otro modo, tratándose del maestro del surrealismo cómico que es Cuerda, la rueda de prensa en la que presentó la película, una proyección especial de la Sección Oficial del Zinemaldia fue un continuo ir y venir de bromas y chistes sin venir a cuento que enlazaban con filosóficas cargas de profundidad. Como que a España "no hay por dónde pillarla", dijo Cuerda, respondiendo a la evidente carga de crítica política y social de Tiempo después: "Hago lo que puedo y sale lo que sale, y luego, se ve como se ve", concedió Cuerda. "La perspectiva desde la que se miran las cosas no cambia, y debería de cambiar y tener en cuenta los datos que nos da la contemplación de nuestros compañeros humanos para deducir -consideró el director- que no lo estamos haciendo bien".

En Tiempo después, con Antonio de la Torre, César Sarachu, Manolo Solo y Gabino Diego en el reparto, corre el año 9177; el mundo ha quedado reducido a un único edificio que se alza en medio del desierto y a unas cuantas chabolas habitadas por los escasos humanos que han sobrevivido; pobres, desarrapados y parados que molestan, pero que (marca de la casa) siguen alimentándose de poesía y pensamientos filosóficos.

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